Luego de la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos volvió a arremeter contra la soberanía cubana. El escenario fue recrudeciendo gradualmente hasta configurar un cuadro de asfixia económica. La solidaridad latinoamericana ha mostrado señales dispares. México, aun a riesgo de tensar su vínculo con la administración estadounidense, envió una brigada de apoyo humanitario para ofrecer alivio al pueblo cubano. El gobierno chileno, en vísperas del cambio de mando, remitió una carta al papa León XIV en la que solicita su mediación para alcanzar una salida sostenible a la crisis.
En nuestro país, pese al silencio de la cancillería, la Coordinadora de Apoyo a la Revolución Cubana envió una brigada para respaldar el sistema de salud de la isla. Junto con los voluntarios viajaron insumos médicos, medicamentos y un aporte económico destinado a paliar la situación, que es crítica.
La indignación por lo que se está padeciendo y la solidaridad con el pueblo cubano –así como el reclamo de medidas concretas por parte de la clase gobernante– comenzaron también a abrirse espacio en las noches del carnaval montevideano.
Uno de los conjuntos que tomó la posta fue la murga Diablos Verdes. En la etapa cinco de la segunda rueda del concurso oficial, el conjunto hizo explícito su posicionamiento en medio de su actuación. La murga de La Teja, históricamente vinculada al movimiento obrero y a la militancia de izquierda, presentó su espectáculo Revoluciones, una propuesta que construye un tablado propio donde dialogan los grandes levantamientos históricos con las revoluciones cotidianas en la vida de las personas. La dupla de cupleteros, Denise Casaux y Charly Álvarez, leyó un comunicado ante un Ramón Collazo casi colmado: «Acaba de llegar un comunicado aquí, al tablado de las revoluciones. La murga Diablos Verdes quiere expresar su solidaridad con el pueblo cubano ante la intensificación del bloqueo económico que está proponiendo la administración de Donald Trump. No dejar ingresar alimentos, insumos y medicamentos a un país es condenar a un pueblo. Es por eso que los Diablos decimos: ¡No al imperialismo!». El mensaje fue ovacionado por el público, que sostuvo sus aplausos de pie.
Otras murgas también sintieron necesidad de expresar solidaridad en su recorrida por los tablados. Cayó la Cabra, una de las murgas jóvenes que ha tenido mayor repercusión en la presente edición del concurso oficial, comienza cada actuación pronunciándose sobre el tema. También lo hacen las murgas Jorge y Curtidores de Hongos, lo que confirma que no se trata de un hecho aislado, sino de un malestar y una preocupación genuina en el mundo carnavalero.
La Red de Escenarios Populares también optó por manifestar su postura, difundiendo una proclama que fue leída en diversos escenarios barriales. El inicio del comunicado dice: «Hoy nos convoca el arte, pero no podemos mirar para otro lado cuando a un pueblo hermano le están apagando la vida. […] En las casas, las familias están a oscuras y sus sueños, pausados». Más adelante, firme, el texto sentencia: «Ninguna diferencia ideológica justifica el castigo a la gente común», y concluye: «El acceso a la energía es un derecho humano y asfixiar a un pueblo entero es una crueldad que no podemos callar. Que nuestro encuentro hoy sea también un puente de solidaridad. Basta de muros, basta de bloqueos; que la luz de nuestra voz llegue a quienes hoy resisten en la oscuridad».
En tiempos de vértigo geopolítico, cuando hablar de más puede acarrear consecuencias para naciones enteras y las potencias asesinan a ciudadanos de a pie, la murga vuelve a asumir su dimensión política, denunciante y contestataria. Como ya ocurrió frente al genocidio en territorio palestino o ante la necesidad del debate del 1 por ciento para los más ricos, el carnaval vuelve a pronunciarse con claridad, haciendo eco de lo que reclama una parte significativa de la militancia de izquierda.
Ya sea desde la «poesía de mostrador», al decir de Raúl Castro, o mediante mensajes explícitos, la murga muestra adhesión a la causa del pueblo cubano apelando a lo más elemental: el espíritu humanitario y la solidaridad latinoamericana. Pese a ser tildadas por tantos de «zurdas» –y los tablados reducidos, despectivamente, a «asambleas de los comités de base»–, la murga regresa a lo que la constituye. A través de ellas emergen las voces de quienes contemplan cómo un país entero sucumbe bajo decisiones impuestas por gobernantes lejanos. Sin pelos en la lengua ni incurrir en medias tintas, las y los murguistas hacen del tablado un espacio político y ponen en palabras lo que algunos sectores de la izquierda prefieren no enunciar públicamente, reabriendo un debate que provoca escozor en filas oficialistas.
Ese murmullo colectivo no es menor: interpela hacia afuera, pero también hacia adentro. Obliga a revisar silencios, prioridades y cautelas, recordando que la coherencia política se mide tanto en los discursos como en los gestos concretos de solidaridad. Las palabras de la murga –cantadas o dichas– arrullan en tiempos de asfixia.




