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El primer nivel de atención, nuevamente expuesto

Atado con alambre

Las médicas de familia siguen reclamando teléfonos para hacer el seguimiento de sus pacientes, exactamente como hace un año. La diferencia ahora es que los casos se multiplicaron. Esa es sólo una parte del déficit que sufre el primer nivel de atención en el peor momento de la pandemia.

Sala de espera en el sanatorio Casmu Mauricio Zina

«El rey está desnudo.» Ese fue el título de un editorial publicado por la doctora Jacqueline Ponzo en la Revista Mexicana de Medicina Familiar en diciembre de 2020.1 Allí argumentaba que el transcurso de casi un año de pandemia había dado paso a una conclusión básica: repentinamente, las carencias de los sistemas de salud habían quedado expuestas. Según Ponzo, las decisiones apremiantes que tuvieron que tomarse en el contexto de la pandemia se dieron entre la precariedad y la inercia. Se refería, en especial, al primer nivel de atención. En el caso de Uruguay, desde la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, hay un primer nivel definido y jerarquizado, por lo menos en la letra de la ley: en los hechos, esa consistencia tiende a desvanecerse. Aun así, la estructura del primer niv...

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