Automatismo y estructura – Brecha digital

Automatismo y estructura

Jorge Portillo es mejor conocido como integrante de Genuflexos, una banda que tiene su fama en el contexto under del rock uruguayo. En este disco jugado, visceral, no-pulido y creativo, participan casi todos sus colegas del grupo: Guillermo y Juan Stoll, y sobre todo, con destaque, Manuel Rilla.

Jorge Portillo es mejor conocido como integrante de Genuflexos, una banda que tiene su fama en el contexto under del rock uruguayo. En este disco1participan casi todos sus colegas del grupo: Guillermo y Juan Stoll, y sobre todo, con destaque, Manuel Rilla.

El disco tiene poco que ver con Genuflexos, salvo, en términos muy generales, en un menosprecio por los criterios pop de prolijidad y “calidad” (afinación, tempo preciso, sonido con mucha presencia y contundencia) y el gusto por las guitarras eléctricas más colorísticas, tímbricas y ruidistas que armónicas o “rifferas”. Con la excepción de “El enemigo” (el tema más “genuflexo”), de las muchas cosas que podemos evocar a partir de la palabra “rock” sólo encontramos aquí la noción de libertad y aventura creativa sin límites (premisas de la encarnación original del rock y en buena medida también del revival pospunk que Genuflexos también representa, aunque en forma más tímida que acá).

El disco está todo basado en la guitarra española. Casi siempre hay además guitarras eléctricas, pero batería sólo en un par de temas, y bajo en uno solo. Hay canciones, pero la voz está mezclada relativamente baja y cuesta entender lo que dicen las letras. No parecen importar mucho, sino que son más bien pretextos para que la parte vocal tenga de qué agarrarse para su importante papel expresivo y de empatía humana.

Sé muy poco sobre Portillo, aparte de que es alumno de Fredy Pérez. Este dato no confirma, pero sí apoya mi impresión de que hay cierta influencia de Jorge Lazaroff en su música (Pérez fue discípulo de Lazaroff). Uno de los arpegios ostinatos de “Azotes” recuerda momentos de “Ciertas canciones” o de “El ojo”, del Choncho, y pueden vincularse con él también (o con Luis Trochón, su colega en Los que Iban Cantando) algunas melodías armadas sobre pocas alturas, las estructuras y texturas que se yuxtaponen por corte, los climas tensos, el gusto por las disonancias, los acentos o interrupciones abruptos. De ser realmente una influencia, Portillo parece tomar de Lazaroff más bien el lado dramático y tenso, y no tanto lo hondo, lo explícitamente político ni el humor. No es que todo sea oscuro en su disco, pero cuando incursiona en climas más luminosos estilísticamente se va por otros lados.

Nada se da por sentado en esas composiciones que casi nunca llegan a ser canciones, y a veces son directamente instrumentales. Cuando empiezan uno nunca sabe cómo van a seguir ni cómo van a terminar. Todo puede cambiar: el ámbito armónico, el clima, el ritmo. Antes de pasar dos minutos y medio en un mismo ostinato obsesivo de seis pulsos circundado de ruidos varios (más bien angustiosos o pesadillescos), “El otro que despierta” transita por varios otros patrones y afectos, el primero de ellos bastante sonriente (en mayor), aunque rítmicamente tramposo con sus 11 micropulsos. Cada tanto asoman situaciones musicales familiares: un milongueo, un asomo de folk, un pasaje más beat o alguna alusión vaga a la música renacentista o barroca, pero nada perdura: o se corta hacia otro ámbito o queda inestabilizado por las notas de altura indefinida del canto de Portillo o de la guitarra eléctrica.

Algunas de esas piezas parecen concebidas por automatismo psíquico. Sea como fuere, uno distingue algunas estructuras precisas. La melodía de “Por tu barrio” transcurre virtualmente toda en las dos notas de un tritono (el más tenso, inestable y polivalente de los intervalos). Las demás alturas importantes de la pieza están cada una a una cuarta de una de las notas del tritono, configurando una estructura armónica simétrica (cuarta-tritono-cuarta). Pero además, siendo la cuarta el intervalo más básico del sistema tonal, esas notas circundan todo el tiempo la ambigüedad de la melodía-tritono con atisbos de “solución” o de avance, que no se llegan a producir pero de todos modos son traídos a colación.

Este disco jugado, visceral, no-pulido y creativo está grabado, coproducido y editado por Fabrizio Rossi, gestor principal del proyecto Feel de Agua. Está disponible para compra en formato físico pero, como todos los discos de Feel de Agua, se puede descargar gratuitamente en http://feeldeagua.net/ (donde se puede encontrar una cantidad sorprendente de música uruguaya valiente, inspirada y poco convencional).

  1. Feel de Agua, sin número, sin año (2015).

 

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