Carnaval es de quien lo quiera vivir

No hay vuelta atrás.

Mujeres murguistas en el Teatro de Verano / Foto: Juan Manuel Ramos

Los pasados 15, 16 y 17 de marzo se llevó a cabo el Encuentro de Murgas de Mujeres y Mujeres Murguistas, que en esta segunda edición fue internacional. Con la consigna “Sin nosotras no hay Carnaval” y con puños y cuellos que llevaban pañuelos rojos, las murguistas coparon el Teatro de Verano.

El evento fue organizado por el colectivo Encuentro de Murgas de Mujeres y Mujeres Murguistas (Emmymm), que, a partir de la necesidad de encontrarse, conocerse y compartir, viene trabajando desde fines de 2017 en pos de reivindicar, visibilizar y problematizar el lugar que ocupan las mujeres en el Carnaval, y más específicamente en la murga. A partir de entonces, las integrantes del colectivo generaron diversas acciones en pos de esta lucha. En febrero de 2018 se llevó a cabo el primer encuentro nacional. En el correr de ese año se hicieron talleres de diversas disciplinas murgueras dictados por mujeres idóneas y con precios accesibles, se plantearon espacios de debate e intercambio, y comenzó a planificarse lo que sucedería en 2019. Como preámbulo del evento del fin de semana, en el desfile inaugural se realizó un pañuelazo, en el que aparecieron por primera vez los pañuelos rojos con la consigna “Sin nosotras no hay Carnaval”. Luego de ese primer paso, la venta de pañuelos entre las carnavaleras y el público siguió creciendo y tomó cada vez más relevancia.

El 8 de marzo, las murguistas marcharon juntas por primera vez, y siguieron planificando y gestionando para que el encuentro internacional de 2019 se hiciera realidad. La gestación de este acontecimiento cultural y político fue un proceso largo y de mucho trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que fue llevado adelante por un grupo reducido de mujeres que no tenían experiencia en la organización de un evento tan grande. Proceso que, según ellas mismas, las unió, las interpeló y las dejó noches sin dormir, pero que las llenó de amor, sororidad y feminismo. Eso estuvo muy reflejado en el resultado final.

El Emmymm contó con una gran variedad de talleres, que tuvieron como fin abarcar las diferentes aristas que componen un espectáculo de murga (textos, arreglos, canto, vestuario, maquillaje, batería, puesta en escena, etcétera). La idea fue abordar las disciplinas desde diferentes ópticas e improntas, según las talleristas que estuvieran a cargo. Los talleres fueron realizados en el Ramón Collazo, en el Inju, en Aute y en “la casita” de Minervas: se calcula que participaron alrededor de quinientas murguistas. Por otra parte, se realizó una mesa de apertura, en la que se presentó a las encargadas de la organización y, con ella, se inició la grilla de murgas de mujeres que pasaron por el Teatro de Verano.

El viernes mostraron su espectáculo las murgas Baila la Chola (Argentina), La Gorda Nelly (Argentina), La Corre y Vuela (Chile), Enganchate Can Can (Argentina), Pelala que val Pan (Uruguay) y Cero Bola (Uruguay). El sábado les tocó a Herederas del Pomo (Argentina), Flor de Juanas (Chile), La Mascarada (Argentina), Sophie Jones (Uruguay) y Nuez Changa (Uruguay). Se calcula que el flujo de público que se acercó al Collazo fue de aproximadamente 1.500 personas por día.

Durante los tres días de actividades, se realizaron dos charlas debate. La primera, llamada “Arte, murga y feminismo”,buscó problematizar el significado de ser mujer en un ámbito machista, capitalista y patriarcal, y constó de diversos enfoques de aproximación al tema. La segunda, “Roles técnicos y artísticos ejercidos por mujeres en las murgas”, tuvo como fin mostrar la experiencia de compañeras que ocupan diferentes roles en el Carnaval oficial y las dificultades vinculadas con el género que cada una ha tenido que superar (y sigue superando) para estar donde está y poder hacer su trabajo.

La organización del encuentro proporcionó alojamiento y comida a alrededor de 350 murguistas que vinieron del exterior, propuso un espacio de feria para que pequeñas emprendedoras pudieran exponer y vender sus productos, y habilitó un espacio de exposición en el que pudieron mostrar su trabajo artistas de diferentes disciplinas que reflejan la murga desde una óptica particular. En lo referente a la alimentación, el domingo, que era el día de cierre, se buscó generar un espacio de intercambio que tuviera otra intimidad, y por ello se llevó a cabo un guiso colectivo, que tuvo lugar en el Rincón del Reducto, sede de ensayo habitual de la murga de mujeres Cero Bola.

El evento finalizó con un conversatorio en el que la mayoría de las mujeres participantes se encontró para escucharse, intercambiar opiniones y experiencias, y delinear estrategias comunes. La nutrida concurrencia fue el fiel reflejo de todo lo conquistado por las mujeres murguistas, que, aunque a veces no logre visibilidad, es mucho si lo comparamos con el casi nulo tratamiento del tema que existía en la sociedad uruguaya tan sólo unos años atrás. El encuentro tuvo la maravillosa capacidad de generar un espacio en el que, por primera vez en la historia, el máximo escenario del Carnaval contó con espectáculos de murga estilo uruguayo provenientes del exterior, en un intercambio completamente exento de competencia, que se ubicó por fuera de la lógica capitalista y mercantil que caracteriza, desde hace tanto tiempo, al Carnaval oficial de Montevideo e incluso al Encuentro de Murga Joven, donde las murgas compiten para ver cuáles pasan al Teatro de Verano.

En esas dos noches únicas, el escenario del Collazo albergó solamente discursos de mujeres. La sola existencia de este tipo de actividades nos demuestra que el Carnaval no es necesariamente un concurso y que recuperar las raíces de esta fiesta popular depende de nosotras. Los pañuelos en las manos, los cuellos y las mochilas de tantas mujeres que declaran que su pertenencia al Carnaval no es algo que pueda negarse o negociarse nos obliga a darnos cuenta de que los espacios hay que generarlos, que nuestro derecho y responsabilidad como artistas y ciudadanas es que el Carnaval realmente sea de quien quiera vivirlo. Nada más y nada menos.

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