
Estimado profesor Yamandú Orsi:
Soy uno de sus votantes. Además, dado que integro el Frente Amplio desde los comienzos, soy un coproponente de su candidatura.
Leí en La Diaria (2-V-2026) algunas declaraciones suyas sobre el acto del PIT-CNT del 1 de Mayo que me sorprendieron, dado que usted, durante cierto tiempo, fue profesor de Historia en actividad.
Rememorando la época de la dictadura militar, que expurgó del sistema educativo a todos los docentes sospechosos de no ser fieles al régimen, deduje: los efectos de la dictadura son de larga duración. Comenté este asunto con una hija que estaba en París durante nuestro exilio y recordó que una compatriota docente de Historia en Montevideo que nos visitó dijo que no podía, en sus clases, hablar de «revolución» y que yo le pregunté: «¿Cómo hacés con la revolución francesa?», a lo que respondió: «No la doy». Al salir de la dictadura, no hubo ningún cambio entre los docentes heredados. Tampoco en el IPA. Con esto quiero señalar que muchos dirigentes actuales es muy probable que hayan tenido docentes «prudentes» o poco competentes, tanto en Secundaria como en el IPA, porque nadie fue removido.
Según La Diaria, al terminar el acto y en diálogo con la prensa, usted dijo que «hay cosas en las que uno coincide, otras no», y reivindicó que «es la tónica del 1 de Mayo que tiene el movimiento sindical uruguayo: no siempre son caricias y no siempre son palos, es una mezcla de cosas y tiene que ver con que la independencia de clase se mantiene». Tal vez haya sido un lapsus y la idea fuera la de destacar la independencia del movimiento sindical respecto del gobierno, pero lo dicho no fue nada didáctico: las clases sociales y sus acciones existen independientemente de las direcciones sindicales.
Los oradores mencionaron que el gobierno no cumplió todas las expectativas creadas, y usted consideró que eso es «esperable porque mueve la lucha de las clases trabajadoras, de los trabajadores, pero también de otras organizaciones, es seguir caminando para obtener lo que se piensa». Estas afirmaciones parecen ser una improvisación poco feliz y no reconocen la justeza de muchas de esas reivindicaciones; tampoco explican las dificultades que el gobierno tendría para cumplirlas.
En suma, señor presidente: aunque no es seguro que usted lea esta carta, puede ocurrir que alguno de sus asesores le transmita estas sugerencias que le hago. Recuerde que el poder suele atraer consejeros no siempre acordes con los valores éticos que yo imagino que usted comparte. Y prefiera escuchar más al PIT-CNT que a esos asesores.







