Chamarrita del asfalto – Brecha digital

Chamarrita del asfalto

Son cuatro montevideanos menores de 30 años que cantan folclore hace nueve y grabaron dos discos. Mercedes y Marcos Arocena, Sofía García y Francisco Mera crearon, en 2006, el grupo Duro’e Boca, nacido de mezclar ecos chalchaleros con desahogado cemento capitalino.

¿Por qué surgen?

S G —Casualidad; con ella queríamos cantar en los fogones espontáneos del festival de La Patria Gaucha y compusimos una canción a Tacua-rembó, para llevar.
¿Son de allá?
M A —No, pero queríamos regresar a esa fiesta que ya conocíamos y nos encanta. Tiempo después estábamos en El Cimarrón, un boliche de Pocitos donde actúa mucha gente del Interior, durante un intermedio pedimos una guitarra prestada, cantamos esa misma canción y al dueño le gustó tanto que nos dijo: “Vuelvan la semana que viene, pero con banda”. Ahí invitamos a Marcos y a “Paco”, que tocan bien la guitarra, a acompañarnos.
¿Ustedes no tocan?
S G —Muy básico, complementamos, más bien. Para el boliche armamos un repertorio mitad folclore mitad popular, Fito Páez incluido; creo que somos la única banda que tocó antes de formarse (risas).
Eso fue en 2006.
S G —Sí, a fines de ese año nos enteramos de que había un concurso de canto en la Expo Prado, nos presentamos y ganamos, eso motivó que fuéramos a un festival en Andresito, donde nos conoció Juan Carlos López, “Lopecito”, que comenzó a apadrinarnos y nos obsequió la fantástica oportunidad de actuar antes de Soledad en La Patria Gaucha, ante 20 mil personas. Fue todo muy rápido, creo que no estábamos preparados para una experiencia así.
M A —Aunque nacimos de forma circunstancial, con Marcos y con ella venimos cantando y tocando la guitarra desde chicos, y eso creo que explica que sonemos, según dicen, bien ensamblados.
¿Nacieron en Montevideo?
—Sí, los cuatro.
¿Qué los llevó al folclore?
M A —La canción con la que surgió el grupo es una chamarrita y eso marcó el rumbo, me parece. Y crecimos en el campo, nuestros padres son productores rurales.
S G —No pensamos mucho, fue algo natural. Y no hacemos un folclore clásico, sino fusionado.
Pero cantan zambas y chacareras.
S G —Claro, porque la fusión no implica renegar de ritmos tradicionales, los incluimos como parte de una propuesta amplia. Creo que una raíz folclórica fuerte está en nuestra opción por el sonido.
Y ambas han lucido bombachas y alpargatas.
M A —Si ves nuestra indumentaria en el último CD, es urbana y casual.
Pero supongo que cuando deciden vestirse así están diseñando un concepto, no jugando al paisano.
S G —Por supuesto, nos identificamos con el folclore, lo cual no significa que seamos fundamentalistas.
M A —Y en función de acercarlo a gente que nunca lo escuchó, sobre todo de edades cercanas a las nuestras, a veces recurrimos a signos exteriores como esos, reflejo de sentimientos interiores. En el otro extremo está el look roquero de bandas como Los Nocheros, con el que discrepamos.
¿Qué grupos los inspiran?
S G —Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Santiago Chalar, Zitarrosa.
Famosos hace cinco décadas, ¿cómo lograron influirlos?
M A —Pero también los Beatles, Elvis Presley; si prestás atención a nuestras melodías y letras, que en general escribe Marcos, notarás guiños a inspiraciones diversas. De hecho, hace poco Alejandro Balbis tuvo la generosidad de acercarse a cantar con nosotros. En cuanto a Los Chalchaleros, mi padre y mi hermano son devotos de ellos desde siempre, igual que la familia de ella.
S G —Sí, en las juntadas “de audición” en casa un primo ponía el disco de los “Chalcha”, mi madre uno de Elvis, mi padre uno de Los Fronterizos, y los escuchábamos todos, por turno.
¿Cómo los recibe el público y el ambiente artístico?
M A —Con el público joven tuvimos gratas sorpresas, porque, en las primeras actuaciones, gente que iba por compromiso, novios o acompañantes de amigas, por ejemplo, terminaban enganchados. En el otro ámbito las críticas no se hicieron esperar, porque qué hacemos cuatro montevideanos haciendo folclore, cuestionamiento que nos parece tonto.
S G —Lo que desde el principio tuvimos claro es que nunca llegaremos a muchas personas, somos un grupo “temático” y dueño de humildes aptitudes, como el cultivo de un folclore acústico y aggiornado a la vez, y un decoroso ajuste entre voces y melodía.
Con letras que hablan de un campo sin conflictos, sin sudor, pura naturaleza.
M A —Preferimos tocar temas que unan a las personas, no que las dividan; en ese sentido nuestra creación es apolítica.
S G —Nuestra expectativa es que quien nos escucha pueda sentirse identificado con lo que proponemos, más allá de la situación que vive.
En Montevideo no tienen donde actuar.
M A —Salvo El Cimarrón, los lugares exclusivos son los festivales folclóricos del Interior, a los que siempre van los mismos grupos, y a los jóvenes los programan a las seis de la tarde.
S G —Merecen renovarse, esos espacios, y Montevideo, tener una peña folclórica.

1. Le canto al campo (Orión, 2010) y Qué más lindo (edición independiente grabada y masterizada en los estudios Vivace y Orión, 2015), a la venta en tiendas Kinko (www.facebook.com/duroeboca).

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