Clásica hasta las tapas

Montevideo cuenta con 500 melómanos que compran su evangelio una vez por mes, hace 20 años. La revista Sinfónica nació en 1995 de la hidalguía del ex diseñador gráfico Diego Barreiro, que salió a presentarla cuando sólo existía en su mente y hoy la contempla aterrizar en embajadas uruguayas y ciudades del Interior.

Foto: IGNACIO DAVIES

¿En el Interior llega a los centros Mec?

—Sí, que la distribuyen gratuitamente. Y tenemos corresponsales en Buenos Aires, Santiago de Chile, San Pablo y Nueva York, también honorarios. E incluimos, junto a entrevistas e información sobre música clásica, ópera y danza, la programación de Radio Clásica, 6.50 AM, Sodre.
¿Tiraje?
—Entre 500 y 600 ejemplares, pocos pero sostenidos por una clientela de extrema fidelidad, que los compra hace dos décadas.
¿A qué precio?
—90 pesos.
¿Por qué creaste esta revista?
—Viajaba mucho a Buenos Aires por temas laborales, y siempre veía y compraba en los quioscos la revista argentina Clásica, lamentablemente desaparecida. Un día pensé lo bueno que sería contar con un medio parecido en Uruguay, y puse manos a la obra. Salí a buscar espónsores mostrando la revista Clásica, porque a Sinfónica no la tenía ni en borrador, y la primera institución que me apoyó fue el Sodre. El primer número salió en febrero de 1995 y unos meses después el entonces director del Sodre, Ruben Loza Aguerrebere, comentó: “Si llegaste a tres números, seguís”.
¿Tu afición por el género dónde abreva?
—Mi padre era amante de la ópera y cuando vivió en Italia iba a disfrutarla en el Scala de Milán, así que este género estuvo en mi ambiente sonoro desde muy joven y me predispuso a consumir música clásica y de cámara. El proyecto de revista surgió, entonces, como una continuidad de esos precedentes, y me “atacó” con una vehemencia tal que salí a colocarla mostrando otra, consciente de que sólo podría sostenerla con colaboraciones honorarias y de que nunca llegaría a los quioscos. Toda una utopía.
¿Cómo funcionó el primer número?
—Lo saqué prácticamente sin apoyos luego de visitar, en Buenos Aires, las oficinas de la revista Clásica e informarle a sus responsables que planeaba publicar, en Montevideo, una revista casi idéntica a la suya. “Hágalo tranquilo y que le vaya lo mejor posible”, dijeron.
En 20 años, los consumidores de la revista habrán inducido cambios en sus contenidos.
—Sabés que no, es un público conformado por adultos y adultos mayores, de clase media. Que intuyo tan tradicionalistas como yo, aunque me guste La Vela Puerca (risas). Dedicamos una sección permanente a músicos uruguayos, emergentes y reconocidos, que son prácticamente invisibles fuera de su ámbito de pertenencia. En cuanto a lo identitario creo que es aceptable “aggiornar” una ópera, por ejemplo, pero sin distorsionar su fuente porque, si no, terminás escuchando La Traviata del director escénico famoso, no la de Verdi. Y esto tiene mucha importancia a la hora de pensar estrategias para acercar a los jóvenes; el único camino, a mi entender, pasa por el contacto con la buena música sinfónica universal, no por la exposición a adaptaciones más o menos “locas”.
La Orquesta Juvenil del Sodre forma músicos de solvencia clásica y al mismo tiempo con frescura contemporánea.
—Claro, ¿ves?, ahí sí que hay un trabajo muy valioso de integración no sólo de los jóvenes, sino de sus entornos familiares y sociales. Que esa orquesta lleva a cabo sin adulterar los basamentos musicales de las piezas que interpreta.
¿Tenés algún diagnóstico sobre el estado de la música sinfónica en Uruguay?
—Qué buena pregunta, con la apertura del Auditorio Nacional Adela Reta obtuvo un espacio de resonancia fenomenal y abierto a todo tipo de géneros. El teatro Solís aporta lo suyo y los directores y gestores artísticos están trabajando; la gestión de las instituciones culturales, hoy día, es clave en el desarrollo de las artes. Y tenemos a los elencos sinfónicos montevideanos muy activos.
Me interesa la visión del periodista, ¿el género ha fisurado, al menos, el cerco de la música de culto?
—Para responderte necesitaría contar con investigaciones que no poseo. De todos modos, percibo que el estereotipo que asocia música clásica y altas clases sociales que asisten a conciertos sólo por sacarse fotos, caducó. Tengo suscriptores de Sinfónica en la Unión, cuando al principio pensaba que no saldría de Carrasco y Pocitos, y cuesta menos ir al ballet, o a un concierto del Sodre, que a un recital de rock. Y lo que han hecho el Ballet Nacional del Sodre, de la mano de Julio Bocca, y el teatro Solís con su programa “Un pueblo al Solís” por la creación de nuevos públicos, es digno de aplausos.

1. Disponible en la sede del Sodre, Sarandí y Misiones, Auditorio Nacional Adela Reta, locales del Palacio de la Música de 18 y Paraguay, Shopping Tres Cruces y 18 frente a la Intendencia, tienda del teatro Solís, librería Más Puro Verso de Peatonal Sarandí y Bacacay, y en La Spezia de Libertad casi bulevar España.

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