Llamémosla IA para abreviar, no por moda. No es color de rosa, pero tampoco tan negra como anuncian los heraldos de catástrofes, que tampoco se abstienen de usarla. La IA también puede escribir una diatriba en contra de la IA, por supuesto. Sobre ella hay bastantes prejuicios y juicios preocupantes, desde el temor de la pérdida de trabajo hasta la perspectiva de volvernos cada vez más idiotas, pasando por un bestial consumo de energía. Y lo peor: una aparente –y equivocada– renuncia a pensar, entender, hacer modelos. Es un espejo molesto, porque, como se nutre de la información que creamos, tiene todos nuestros prejuicios. Ciertamente, hay de que preocuparse, pero también hay de que ocuparse y mucho que desmitificar. Lo cierto es que la mayoría serán buenas o malas noticias según qué hagam...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate

