Con o sin chimeneas

De cómo en poco más de diez años un paisaje rural se transformó en “parque industrial lineal” en el eje de la ruta 1, las ciudades dormitorio comenzaron a demandar trabajadores, y un albergue transitorio de Ciudad del Plata se convirtió en residencia de funcionarios extranjeros.

Lifan / Fotos: Juanjo Castel

Quienes tengan algunos años de mirar el paisaje desde la ventana de un ómnibus entenderán por qué causa sorpresa. También lo entenderán quienes hayan dejado de pasar por un tiempo y lo hagan ahora. En poco más de una década el llamado “eje de la ruta 1”, un tramo de la Manuel Oribe entre Ciudad del Plata hasta la pequeña localidad de Puntas de Valdez (en el quilómetro 61), pasó de ser una zona fundamentalmente agrícola a constituirse en una especie de polo industrial en pleno desarrollo y en el que cada poco tiempo surge un nuevo emprendimiento.

Si hacemos un repaso podemos decir que hasta fines de los años noventa del siglo pasado, en el tramo mencionado estaban presentes algunas empresas como las químicas Isusa, Efice, Italcolor y la curtiembre Toryal. También estaba Cerámicas del Sur (hoy Cerámicas San José), la vinagrera Gamberoni, el lavadero Blengio, la láctea Sylvana (hoy Lactosan), la Zona Franca Libertad y algunas otras agroindustrias de menor porte. Si bien era un número nada desdeñable de fábricas, nadie osaba hablar de polo industrial ni mucho menos, pero la realidad fue cambiando con el tiempo, y en estos últimos diez o quince años el número de emprendimientos industriales aumentó considerablemente. La Intendencia de San José (Isj) tiene registrados en el tramo mencionado un total de 42 emprendimientos, y parece que seguirán llegando, o por lo menos es lo que se espera.

Aumento sostenido. Veamos cómo fue cambiando el paisaje. La pionera de la nueva ola industrial fue la nunca querida empresa química Dirox, que apareció para instalarse en el centro del eje al que nos referimos (quilómetro 48), allá por 1997-1998, y que ha sido el centro de un conflicto ambiental que continúa sin resolverse (en los últimos meses surgió otro movimiento de vecinos pidiendo su cierre).1 Por la misma época se afianza la presencia de la curtiembre Bader (en plena Ciudad del Plata), y en las afueras de Libertad se instala la industria láctea Bonprole (asociación de Bongrain de Francia y Conaprole). Ya entrado el siglo XXI se instala Leb, productora de preformas de botellas de plástico, en la periferia de Libertad. Más adelante lo hizo una recicladora de plástico en Ciudad del Plata (Aberol), y el auge de las aguas gasificadas dio nacimiento a por lo menos cuatro empresas (dos de ellas diversificaron el negocio y producen bebidas saborizadas), en plena ciudad de Libertad y en sus inmediaciones.

Más acá en el tiempo surgen las cuatro empresas que le darían forma definitiva al “parque”, que son la automotriz china Lifan (quilómetro 38), la fabricante de cubreasientos Faurecia (comparte el predio con la curtiembre Toryal en el quilómetro 33), la fabricante de caños plásticos Tigre (quilómetro 45), y la frutilla de la torta, la japonesa Takata (quilómetro 46), fabricante de airbags para vehículos, que hoy está a punto de superar los 700 funcionarios.

Si a esto le sumamos el packing de la citrícola Milagro (quilómetro 40), la granja Los Nietitos (quilómetro 30), el Molino Río Uruguay (quilómetro 60), la Granja Tres Arroyos (heredera de Moro en el quilómetro 61), la instalación de un empresario local con una planta de elaboración de comida para dos de las fábricas de las inmediaciones (pegado a Tigre), y el nuevo edificio del Instituto de Producción Animal de la Facultad de Veterinaria (quilómetro 42), el cambio en el paisaje y la dinámica de estos 37 quilómetros de la ruta 1 que van desde la barra del Santa Lucía al quilómetro 61 es más que evidente.

Algunas razones. Más allá de todas las acciones “propositivas” que los gobiernos locales o nacionales hayan podido desarrollar para que este diverso grupo de empresas se instalara en este tramo de la ruta 1, hay dos elementos que son esgrimidos reiteradamente por los empresarios cuando se los consulta sobre las razones para radicarse en la zona: ubicación geográfica (cercanía del puerto, buenas carreteras), y disponibilidad de agua en abundancia (el acuífero Raigón abarca una superficie de 2 mil quilómetros cuadrados y la ruta 1 pasa por el medio de él).

Pero desde la Intendencia de San José se entiende que no son esas las únicas razones por las que se instalan en esta zona del departamento josefino. Según el enólogo Francisco Zunino, quien está al frente de la Asesoría en Grandes Inversiones de la comuna josefina (cargo creado en la actual administración de José Luis Falero), los beneficios que le otorga la administración departamental son otro elemento importante a la hora de definir su ubicación.

El jerarca de la Isj explicó a Brecha que a las empresas que se quieren instalar en San José se les ofrecen terrenos propiedad de la Intendencia para hacerlo; y si la empresa compra un lugar que le resulta más conveniente, de acuerdo a la inversión y a los puestos de trabajo que vaya a generar se le otorgan una cantidad de horas en maquinaria o eventualmente en materiales, para la nivelación del suelo o la caminería interna del emprendimiento.

Dependiendo de la categoría del proyecto, la empresa a instalarse puede tener también una exoneración de tributos departamentales de hasta diez años. Otros elementos que Zunino entiende distintivos del trabajo que se hace en San José es el allanamiento de las gestiones ante los organismos y empresas del Estado en el proceso de instalación, y el seguimiento de los proyectos que practica la comuna.

El jerarca de la Isj aclaró que todas estas medidas son complementarias de los beneficios que les otorga a las empresas la ley de inversiones. Además, para acceder a las ayudas de la comuna, la empresa tiene que presentar un proyecto que debe que ser declarado de interés departamental por la Junta Departamental josefina.

El dirigente colorado y jerarca de la administración blanca explicó que para que las empresas puedan acceder a los beneficios también tienen obligaciones, entre ellas que el 90 por ciento del personal que vaya a trabajar en los emprendimientos resida en el departamento de San José, a excepción de aquellos especialistas que no estén presentes en el departamento.

Los directos. Más allá de la discusión sobre el modelo de desarrollo, la captación de inversiones extranjeras o la promoción de los emprendimientos nacionales, el parque industrial lineal no sólo ha cambiado el paisaje del eje de la ruta 1 sino que además ha generado trabajo para miles de vecinos de San José y también de otros departamentos que, o terminan radicándose en él, o viajan, como en forma inversa han hecho miles de josefinos durante años (Ciudad del Plata y Libertad tienen fama de ser ciudades dormitorio).

El último relevamiento realizado por la Isj establece que actualmente en las 42 empresas mencionadas trabajan 4.562 personas, por lo cual, si hablamos de familias tipo (cuatro personas), podríamos decir que 18 mil personas se ven directamente afectadas por el buen o mal destino de estas empresas que han encontrado en el eje de la ruta 1 su lugar.

La necesidad de mano de obra parece no tener fin y por eso se suelen ver las paradas se ómnibus abarrotadas de gente que va al este y al oeste luego de haber cumplido sus jornadas laborales –o de dejar sus currículos con la esperanza de ser llamada–. El tránsito es constante, de Libertad a Ciudad del Plata, de San José de Mayo a Libertad o a Ciudad del Plata, de Montevideo a Ciudad del Plata o Libertad, en Puntas de Valdez, Rafael Peraza y más al oeste se ve gente que va y viene del trabajo o en busca de él.

Molino de viento, generador de energía eólica ubicado en Ciudad del Plata, sobre ruta nacional N°1, departamento de San José. Foto: Juanjo Castel
Molino de viento, generador de energía eólica ubicado en Ciudad del Plata, sobre ruta nacional N°1, departamento de San José. Foto: Juanjo Castel

Hay vacantes. Pero todo tiene su límite, y desde la Intendencia se cree que ahora la apuesta debe ser a tener una estrategia de capacitación de los trabajadores, para así poder generar oportunidades de empleo de calidad.
La demanda de mano de obra ha afectado incluso los trabajos del campo, ya que la gente dejó las quintas, se puso el uniforme y enfiló hacia la fábrica a ganar más por un esfuerzo que considera menor.

Hace por lo menos cinco años que varios productores rurales comunican su preocupación por la escasez de trabajadores para las distintas zafras de las granjas y quintas de las productivas colonias que hay en el sur de San José, y que hasta hace un tiempo eran el sostén de familias enteras que iban de un lugar a otro siguiendo las cosechas.

Esa gente ya no está, pero para el asesor en Grandes Inversiones de la Isj Francisco Zunino esa escasez puede ser paliada en parte permitiendo el trabajo de los jubilados en las zafras. “En la vendimia, por ejemplo, siempre trabajó gente jubilada, que toma ese tipo de trabajo como una fuente de ingreso alternativo. Esto se ha complicado porque se ha buscado que esa gente no trabaje en las zafras, pero hay quienes pueden desarrollar esa tarea y pueden hacerlo sin que ello afecte su situación”, opina Zunino.

La formación de la “reserva” de trabajadores que pueda quedar en la zona es una preocupación que comparte Zunino con las organizaciones sindicales, que han tenido un crecimiento exponencial en este tiempo de boom industrial y de respaldo gubernamental ante su mera existencia.

Giovanni Vega es trabajador de la empresa Leb, vive en San José de Mayo y divide su tiempo militante entre la capital departamental, Libertad y Ciudad del Plata. Como referente de la Unión Nacional de Trabajadores Metalúrgicos y Ramas Afines (el plástico es afín), Vega dice estar convencido de que hay posibilidades de recibir nuevas empresas en el parque industrial lineal, pero aclaró que es necesario formar a los empleados de los futuros emprendimientos.

“A partir de la Utu, del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), hay que formar a los trabajadores para las nuevas industrias y para nuevos modelos industriales que hoy ni existen en el país. Hay que formar trabajadores en algunas líneas de producción, ese puede ser un factor importante para que nuevas fábricas lleguen al país”, comentó el dirigente sindical, que además opinó que la alternativa es formarse o que las empresas lleguen y encuentren “trabajadores con mucha voluntad, con mucha experiencia artesanal, pero sin técnica”.

Vega puso como ejemplo el boom de los parques eólicos, otro factor que ha alterado el paisaje de la vieja ruta 1. “Hay que formar trabajadores para hacerles el mantenimiento, no puede ser sólo plantar generadores, eso no sirve; por eso creo que es fundamental el papel que pueda jugar la Utu”, dice.

Los indirectos. ¿Pero quiénes son, además, los que ganan con el parque industrial lineal? Es difícil de calcular exactamente cuántos son, pero los llamados “puestos de trabajo indirecto” también aportan al crecimiento que el sur de San José está teniendo. Cada una de esas empresas necesita insumos, desde lo más básico –un sifón de agua para una oficina– hasta lo necesario para ampliar sus instalaciones.

Casas de comida al paso, restaurantes, vendedores que llegan a las puertas de las fábricas a ofrecer su mercadería a los trabajadores durante los descansos, ferreterías, almacencitos ubicados al borde de la ruta que languidecían ante un cierre seguro hoy florecen. Pequeños moteles destinados a las “artes amatorias” fueron acondicionados para albergar a personal extranjero de las nuevas fábricas (en Ciudad del Plata hay uno ocupado casi en su totalidad por ciudadanos chinos funcionarios de la empresa Lifan que permanecen por un tiempo en el país), y así podríamos seguir registrando el impacto de la transformación en cada uno de los rubros de actividad.
Todos coinciden en la importancia que tiene para la economía de San José –de Uruguay, deberíamos decir– este parque industrial lineal de la ruta 1, de cuya actividad a la corta o a la larga se beneficia por lo menos una población de 50 mil personas –la que vive en el tramo donde hemos hecho foco–, y que en un proceso de 20 años (sobre todo en los últimos siete u ocho) transformó la ruta 1 de un paisaje rural a uno industrializado, al tiempo que sus habitantes se hacían cada vez más metropolitanos en su comportamiento, incluido lo electoral. Y si para muestra basta un botón alcanza ver el resultado del 26 de octubre. Si tomamos las circunscripciones de Ciudad del Plata y Libertad en conjunto, la izquierda aventaja en más de 4 mil votos a los dos partidos tradicionales unidos.

1. Vease Brecha, 5-VI-14.

El transporte y sus crecientes dificultades
Caro y malo

 

El transporte colectivo es un problema creciente en el parque industrial lineal que arranca en la híbrida Ciudad del Plata, pasa por Libertad y alcanza Puntas de Valdez. Tres empresas lo recorren a diario, Cita, Cotmi y la departamental Cotar (otras como Come-Solfy y Cutcsa cumplen servicios hasta Playa Pascual, y Coetc llega hasta el quilómetro 26 de ruta 1), pero las quejas de los usuarios son diarias, al punto que comienza a ser preocupación oficial la existencia de transportes irregulares que llevan al trabajador de la fábrica a la puerta de su casa.

 

“Caro” y “malo” son las palabras más usadas por los usuarios del transporte colectivo para describirlo, y cada zona tiene sus problemas particulares.
Por ejemplo, quien viaja a Montevideo y vive más hacia el oeste del quilómetro 26 paga un boleto de 45 pesos, y si vive al este del 26 le cuesta 23, como a cualquier montevideano. Moverse dentro de Ciudad del Plata cuesta dos pesos más que movilizarse en ómnibus en Montevideo.

 

Pero además, ir de Ciudad del Plata a las fábricas ubicadas en el tramo que lleva a Libertad también es caro, lento y está mal atendido, al decir de muchos trabajadores, que junto a los estudiantes son los que más uso hacen del servicio de transporte público (el trayecto de Libertad a Montevideo cuesta 79 pesos).

 

Hay quienes estiman que lo mejor sería habilitar a más compañías de transporte como forma de promover la competencia, la mejora en el servicio y el abaratamiento del precio del boleto, pero hasta el momento parece lejano el acuerdo entre el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, la Intendencia de San José y las empresas que hoy cumplen el servicio.
Cada vez que se consulta sobre este tema al director de Transporte, Felipe Martín, dice que el asunto está a estudio de un grupo intersectorial que también incluye a las intendencias de Montevideo y Canelones, como integrantes del área metropolitana.

 

Mientras sigue sin aparecer el acuerdo a nivel oficial, la gente sí lo hace y toma sus propias iniciativas. Algunos trabajadores que tienen un vehículo hacen “vaquitas” mensuales con otros compañeros para viajar a la fábrica. Otros ofrecen el traslado de la fábrica a los domicilios, lo cual genera quejas constantes de las empresas autorizadas y formales, esas mismas que estarían impidiendo la rebaja del boleto.

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