Con tuco

En cuanto escuchamos tres o cuatro canciones en este disco “Copetín”, una sensación muy fuerte y clara es que el “tuco” vive y lucha. Lucas Lessa construye su mundo aprovechando el legado de sus mayores.

Copetín

En cuanto escuchamos tres o cuatro canciones en este disco,1 una sensación muy fuerte y clara es que el “tuco” vive y lucha. “Tuco”, término usado en cierto círculo de músicos, en un sentido más angosto es sinónimo de candombe-beat. En un sentido más amplio, se refiere a un atributo musical de goce y vitalidad rítmica que va de la mano con vuelo y garra, uno que sin omitir la posibilidad de hondura, introspección o tristeza, está atento a la función benéfica de la música en tanto propiciadora de placer y elevación. El tuco excluye todo rasgo de kitsch e implica una familiaridad desde adentro, sin demasiado “acento”, con los géneros musicales que se recorre. Decir que algo “tiene tuco” siempre es un elogio.

Este trabajo de Lucas Lessa no es propiamente “innovador”. Pero me produce una sensación alternativa que anula lo de la innovación: no da la impresión de que él esté rindiendo tributo a la veta tuquera, sino simplemente que ése es su idioma natural, con el que se desempeña con competencia excepcional y con la libertad inherente a esa naturalidad, que es intrínseca al tuco mismo. Entonces, en ningún momento se siente que él esté imitando específicamente a Roos, o a Mateo, o a Rada, o a Urbano, o a Galemire, o al Príncipe, o a Wolf. Nadie va a confundir ni medio minuto de música con la de esos referentes. Y Lucas Lessa es una nueva voz, fresca, en ese linaje.

Las músicas son candombes, marchas-camión, distintos tipos de funk, y algunos inventos con compases cambiantes (“Cosas por aparecer”) o en compás de cinco (“Panadería”). Las armonías no son nada banales, y en ellas se traduce la familiaridad de Lucas con el jazz (además de cantar y tocar la guitarra, es también un muy buen trompetista). Dentro de un tratamiento sonoro y arreglístico relativamente estándar, hay detalles tímbricos interesantes (véase en “Cosas por aparecer” el conjunto de chelos superpuestos con un extraño cántico).

Las letras hablan sobre todo de pequeñas magias del cotidiano: la comunicación, la gozadera, las sorpresas, sensaciones, encuentros, recuerdos. Descrito así puede sonar empalagoso, pero no lo es, en parte debido a la sencillez de la expresión, a su combinación perfecta con la música, y al canto desafectado de Lucas, que interpreta en forma muy sencilla, con una leve ronquerita en la voz, aunque oportunamente sacando mayor volumen y agudos, con un swing natural. A veces el texto gana concreción y nos ubica en un ámbito juvenil y al mismo tiempo popular: la pasión futbolera (incluido el prosaísmo de la concordancia informal: “vamo a salir campeón del mundo”, que acopla el plural con el colectivo singular) o las juntadas de amigos que dan el título del disco y de la canción final (“Copetín”). Entre las palabras, esa cosa tan tuquera de detenerse en ciertos fragmentos fonéticos no verbales (“standaun-diduvidaun” o un “chqrndara” que puede parecer asustante en el papel pero que cobra todo el sentido puesto en música).

El sonido más reciente, de tipo jazzy o pop, convive en el disco con elementos del pasado –aunque a veces un pasado vivo y activo–: el coro murguero, un recitado de Raúl Castro, una letra escrita por el veterano poeta carnavalero Carlos Soto (único elemento de autoría que no es del propio Lessa), acordeón, una bandita buarqueana, los aullidos soul al final de “Algo que soñábamos de niños” y que evocan al Rada de Totem. Todo ello se vincula con el asunto explicitado en “Viejo lobo”: “Veteranos abrazados/ jóvenes de la mano”: como buen tuquero, a Lessa no se le ocurre la ruptura generacional, sino que construye su mundo aprovechando el legado de sus mayores, y la canción lo simboliza con la irrupción de la voz infantil de Lucas Bueno, encarnación si las hay del “futuro murguista” que Roos homenajeaba en su clásica canción.

Durante los jueves de julio Lucas Lessa hizo a dúo con Felipe Castro (su colega en la murga Falta y Resto y en la banda de música tropical Pa’ntrar en Calor) el espectáculo Montevideando, en que, justamente, hacen canciones de grandes antecesores, como Mateo, Rada y Lazaroff. El próximo jueves 30 es la última función, en Puerto Bachata (Luis Alberto de Herrera 1172) a las 21.30, con entrada libre. Reservas por el 2624-5880.
1. Copetín. Independiente, 5360-2, 2014.

https://youtu.be/zTRz4TCGq9E?list=PLquSj9CSBhpZOFmZlU3IXoCBb_LHbmD3i

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