Cruces de poesía (74)

DE ADENTRO

DI LEONE. Veinte años después de su anterior libro, el poeta esteño Gabriel di Leone publica La edad de la indecencia (Civiles Iletrados). Nacido en Minas en 1951 y residente en Maldonado desde hace varias décadas, este docente que alguna vez fue albañil y que padeció la prisión política, transita en este poemario por varios registros. La poesía erótica y de temática posmoderna con la que comienza la obra se abre pronto a una mayor intensidad cuando recupera el paisaje de la infancia (“Siempre pensé en las liebres”) o enuncia su club de los poetas muertos (“Cayó Lerena”).

La segunda parte del libro (“Amores sin embargo”) es la más corta y a la vez la que contiene sus mejores logros. La sobriedad de “Dos por once” pudo haber iluminado el jugueteo por momentos intrascendente del segmento inicial. Hay pasajes de “Analía” que deberían estar en las mejores antologías del amor paternal; y “Duerme” es de una belleza que casi invita a memorizarlo. La tercera sección (“Poemas gubernamentales”) tañe la cuerda del compromiso, completando así el amplio espectro de los intereses del poeta.

CAPURRO. También de Maldonado procede el autor de Creatividad, así te nombran (La Coqueta), Ricardo Capurro. El prologuista, Roberto Appratto, llama la atención sobre el “movimiento continuo” del libro. Un bogar entre el mar y la mujer –que identifica como dos de sus temas principales– que bien podría “hacerse tal vez demasiado abstracto, demasiado errático, de no ser por el sentido del ritmo que aprovecha distintas maneras de lo narrativo para insistir en ese tono”. Las palabras de Appratto resultan una brújula útil para un poemario por momentos desconcertante.

FRESSIA. Presentó la edición argentina de sus Cuarenta poemas (Lisboa) el viernes 20 en Kalima. Leyó con Ida Vitale el martes 23 en el Palacio Taranco. Fue declarado ciudadano ilustre de Montevideo el miércoles 24. Lo homenajearon sus colegas en la Casa de la Cultura del Prado el jueves 25. La penúltima de octubre fue la merecida semana de Alfredo Fressia, una de nuestras voces mayores.

DE AFUERA

RILKE. “Adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida.” Este es el consejo principal que brinda Reiner María Rilke en la ya celebérrima “Carta a un joven poeta”. Fechada en París en 1903, abre el pequeño tomo que la colección Poesía Portátil (Random House) dedica al autor austrohúngaro nacido en Praga.

Versos de un joven poeta quizás sea un título inexacto para esta selección realizada por Ignacio Echevarría, ya que los dos núcleos principales que incluye, selecciones de El libro de horas y de La leyenda de amor y muerte del alférez Christoph Rilke, son obras que están al borde de la madurez. Sin embargo, al ser textos que transitan –en especial los de El libro de horas– por el camino de la reflexión sobre la tarea poética, conectan con la carta del inicio, y hasta podrían ser su nota al pie. Las traducciones son de José María Valverde y de Alberto Assa (ese raro y longevo espíritu renacentista que tuvo tiempo de nacer en una ciudad aún llamada Constantinopla para luego ser parte de las Brigadas Internacionales en España y vivir sus últimos 40 años en la calurosa Barranquilla).

AJMÁTOVA. Si bien la poeta rusa seducida por Rilke fue Marina Tsvietáieva (como lo prueban las Cartas del verano del 26), es otra integrante de la Generación de Plata la que lo acompaña en la colección Poesía Portátil. He leído que no mueren las almas es una recopilación de textos de Anna Ajmátova realizada por María Paz Ortuño.

Están algunos de sus poemas dedicados a Mandelstam (“Me inclinaré como sobre una fuente…”) y otros sobre el oficio de poeta que bien podrían dialogar con los contenidos en el librillo de Rilke (“…y escucharle al bosque alguna cosa”). Quizás lo mejor del libro esté en su final, donde se incluye una selección de Réquiem, una de las obras más representativas de la autora. Las traducciones de José Luis Reina Palazón se arriesgan a transitar la rima y en general salen sin grandes magulladuras del intento.

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