Cruzás la plaza y te lleva ella – Brecha digital

Cruzás la plaza y te lleva ella

En las mismas barbas de Montevideo un puñado de valientes uruguayos resiste, a lo Astérix, la abducción cultural. La Casa de la Cultura de Libertad, abierta en 1997, reúne a 500 socios, elenco teatral, calificados espectáculos, talleres y un pasado dadivoso.

Foto LA SEMANA

—¿Qué impulsó la apertura, el 16 de diciembre de 1997, de este espacio?

José González (J G) —Esta casa y su sala teatral pertenecieron al Club de Teatro María Búa Arnábal de Viera, fundado el 8 de agosto de 1957.

—¿Qué hacía María?

J G —Era maestra de la escuela 49 y promotora de actividades corales y teatrales. Los teatreros se reu-nían en el Club Social y Recreativo El Asador o en el salón parroquial, hasta que el Ministerio de Cultura les dio dinero para comprar esta esquina (25 de Agosto y Morquio), pleno centro de Libertad, y su entonces propietario, Óscar Triay, accedió a rebajar el precio. Club de Teatro tenía, por estatutos, el cometido de hacer teatro, y por ahí alguien agregó al nombre las palabras “casa de cultura”, como al pasar. Tenía muchos socios pero las decisiones las tomaban pocos, que fueron transformando a este lugar en una especie de club privado que en los años sesenta y setenta impedía, tácitamente, el ingreso de personas de piel negra y solteras embarazadas. El elitismo provocó el distanciamiento de la gente y el vaciamiento de la comisión directiva.

—¿En dictadura funcionó?

J G —Sí, con responsables afines a ella, llegaron a quemar libros ahí en el fondo. Ante ese estado de cosas un puñado de “libertenses” entre los que figuraban miembros del Cine Club G67 (Generación 67), que tuve el honor de integrar junto con el historiador Arturo Bentancur y el plástico Carlos Reyes, y que también funcionaba en El Asador y el salón eclesiástico porque algunos no podían entrar a Casa de la Cultura, planteamos a los dos directivos que sobrevivían la realización de una muestra homenaje al pintor local Víctor “Caco” Banchero, que había formado, entre otros, al propio Reyes. Los directivos reunieron a la asamblea de socios de Club de Teatro y decidieron por unanimidad, tengo el acta guardada, ceder este espacio a la naciente Casa de la Cultura; fue de no creer. Ah, y con ese mismo grupo de coterráneos, llamado Comunicación, planteamos y logramos ponerle el nombre de “Caco” a una de nuestras principales calles y colocar una placa conmemorativa en su casa-taller.

—¿En qué estado recibieron la Casa de la Cultura?

J G —En ruinas, pero la comunidad nos ayudó a restaurarla y durante la administración del intendente Jorge Cerdeña conseguimos un importante apoyo. La solidaridad artística no faltó; Carlos Barceló, director de los humoristas Sociedad Anónima, vino con el conjunto el año anterior al que ganaron por primera vez en el Teatro de Verano, y atiborramos la sala. Le dijimos que si quería romper el escenario tenía permiso, porque ya estaba para cambiar, y el loco obedeció (risas); luego Carlos Reyes, que además de plástico es carpintero, hizo el escenario que ves hoy.

—¿Cómo adquirieron el equipamiento restante?

Martín Schwager (M S) —Ganamos fondos concursables del Ministerio de Educación y Cultura, como el de Desarrollo de Infraestructuras Culturales en el Interior, con los cuales adquirimos luces, equipo de audio y completamos las 112 butacas que tiene la sala. Un convenio con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Mtop), a su vez, nos permitió acondicionar esta parte de la casa, y quedó pendiente la continuación mediante un segundo convenio. Ahí vino el recambio generacional en la comisión directiva, yo arranqué en 2012, y el grupo teatral Querubín afirmó su presencia en nuestra programación. Los nuevos directivos planteamos a la asamblea de socios la imposibilidad de gestionar en simultáneo la actividad cultural de la casa y una segunda fase de obras, por lo que propusimos cancelar un nuevo convenio con el Mtop y llevarlas a cabo con recursos propios, a largo plazo. Los socios aprobaron esta moción y así, con menos estrés y redoble de solidaridad, fuimos avanzando.

—¿Cuántos socios tienen y qué cuota pagan?

M S —Unos quinientos, que abonan 40 pesos mensuales y acceden a descuentos en espectáculos y talleres, más préstamo de libros sin costo. Podés ser socio anual por 400 pesos. En la Casa de la Cultura funciona, además, un centro Mec que brinda cursos gratuitos de alfabetización digital y manejo de tablets.

—La mayoría de los espectáculos son teatrales.

M S —Y musicales, y de humor. El grupo de teatro Querubín hace temporadas en la Casa de la Cultura e integramos, hace tres años, Teatro en Red, un circuito de intercambio teatral con sedes en Paysandú, Fray Bentos, Carmelo, Las Piedras y Libertad, apoyado por el Instituto Nacional de Artes Escénicas (Inae). Por aquí pasaron, entre otros, Fernando Cabrera, Alejandro Balbis, Eduardo Larbanois, “Pinocho” Routin, Rossana Taddei, en breve el Gran Gustaf volverá a estrenar aquí un monólogo de humor, y en este escenario cantó el Sabalero, por última vez, antes de irse.

 

  1. Casa de la Cultura de Libertad/facebook

 

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