Cuántos pizarrones cuesta ser padre – Brecha digital

Cuántos pizarrones cuesta ser padre

Los hijos escuchan mejor a un padre que terminó el liceo, pensó el murguista famoso. Afinó la voluntad de concluirlo y, ya que estaba, siguió. Esta noche, el músico y estudiante de tercer año de la licenciatura en fonoaudiología de la Universidad de la República Pablo “Pinocho” Routin presenta su cuarto disco solista.

Foto Difusión

Por qué fonoaudiología y no perfeccionamiento vocal, o clases de guitarra.

—Todo empezó hará cinco años, cuando mis hijos estaban terminando secundaria. Sentí que no tenía autoridad moral para hablarles de lo bueno que es estudiar si yo no había terminado el liceo, así que fui al mío, a ver en qué situación estaba, y verifiqué que el último examen lo había dado en 1980. Decidí inscribirme en el curso libre asistido del Dámaso, y terminé tres materias de quinto y todas las de sexto en un año y medio; fue un impacto retornar todas las noches a un banco liceal.
Con compañeros jóvenes.
—Algún adulto había, pero de mi edad casi nadie. Cuando lo terminé, dije: ¿por qué no dar otro paso? Dudé entre musicoterapia y fonoaudiología y al final me inscribí para la prueba de admisión a la licenciatura en fonoaudiología de la Universidad de la República, para la cual me preparé tres meses, con profesores particulares.
Prueba brava.
—Mucho, tuve que empezar de cero porque no sabía un pomo de biología, bioquímica, fisiología. No sé cuánto pasó hasta el momento en que dije “creo que agarré” (risas). El año de mi ingreso se presentaron unos 120 aspirantes, ponele, y entramos 36. Es una carrera hermosa, con docentes espectaculares; descubrí teóricamente bastante de lo que vengo haciendo en la práctica, el trabajo de la voz.
Anatomía.
—Claro, la posibilidad de ver una laringe, saber qué músculos funcionan a qué altura de qué nota, qué pasa ahí dentro.
¿Pensás egresar?
—Por lo pronto llegué a tercero; a los 50 años es muy difícil mantener un compromiso universitario, pero tengo la decisión de terminar, sí.
Escuché cuatro temas del disco y todos deslizaban cierta inclinación a lavar las heridas en el bajo.
—Está bueno lo que decís, “Mal de amores”, que abre la placa, es una murga canción que en su ideología y esencia melódica es un tango. Me di cuenta después de grabarla.
No es frecuente que un carnavalero con 30 años de ejercicio vaya por su cuarto disco solista.
—Los cuatro con perfiles diferentes, éste es el que siento más propio, no sólo porque viajo del rock a la cumbia sino porque todas las canciones son mías, salvo dos, compuestas por Nico Ibarburu y “Pitufo” Lombardo, con mi letra. Este disco está inspirado en fotografías reales y de la vida, como la que me regaló, en un ómnibus, una pareja de adolescentes sordos. Iban en una cápsula de Cupido, besándose como si fuera el último día; me recordaron cuánta palabra derrochamos en los vínculos de pareja. Todo hay que hablarlo, explicarlo, confesarlo, analizarlo, lo que sentís, lo que siente el otro, ponerlo en palabras para que “se haga la luz” con más palabras, uf, suficiente. Qué difícil es practicar la máxima de que cuando no hay nada importante que decir, es mejor callar. Bueno, el tema “Silenciosa lección” fue provocado por esa pareja.
¿Qué papel juega el silencio en un músico que ha vivido de su voz?
—Le doy un valor extraordinario, por lo que venía diciendo. En los primeros ensayos de la obra teatral que hicimos con Pitufo, Murga madre, no podíamos sostener 15 segundos de silencio; Tojita (Fernando Toja) nos pedía: “Aguanten, no se apuren”. Queríamos sacarnos al toque el texto de arriba.
Reflejo condicionado por el tablado.
—Obvio, en el tablado el peso de lo que ocurre no te deja hacer ni cinco segundos de silencio, es tirar y tirar.
Escribiste dos textos teatrales, Murga madre y Montevideo amor. ¿La dramaturgia cesó con ellos?
—Siempre aclaro que no soy actor aunque actúe, y mucho menos dramaturgo, aunque haya escrito textos para representar. Porque nunca fui a una escuela de teatro y porque Uruguay tiene estupendos dramaturgos. Hay gente que sabe mucho, de todo, a la que procuro arrimarme, vivo aprendiendo.
Y en un recreo escribís un libro sobre la canción uruguaya.2
—Lo hicimos en sociedad con la cantante y actriz Valentina Dufort, movidos por el interés en la identidad vocal de 31 músicos uruguayos de distintas generaciones y géneros. Intentamos que ubicaran el momento en que, libres de inevitables influencias, adquirieron voz propia, y lo describieran. Fue un trabajo placentero y revelador para ambos.
¿Cuándo adquiriste voz propia?
—Me tocó ser niño en una época en que la canción estaba muy ideologizada, Zitarrosa, Viglietti, Olimareños, Quilapayún; músicos tan estupendos como cargados de dolor, rebeldía, coraje.
Poco digeribles por una sensibilidad infantil.
—Me salvó María Elena Walsh. Y las murgas y tangos que cantábamos en familia en las sobremesas, meta cucharita contra el vaso.

1. Corazón. Montevideo Music Group, junto a la banda Los Cuerpos (Pablo y Hernán Peyrou, Sebastián Delgado, Coby Acosta, Mateo Otonello) y los invitados Salandrú y Ronald Arismendi. Sala Zitarrosa, 21 horas.
2. Cantan. Estuario Editora, Montevideo, 2013.

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