En 2019, la dramaturga y directora Fernanda Muslera estrenaba su primera obra, Luz negra, en una sala que terminaría por resultar ineludible para el circuito teatral independiente: La Cretina. Si bien Muslera se mantuvo investigando sin tregua los vínculos de su generación –y, en especial, buscando desmitificar el ideal del amor romántico propio de su tiempo (Rescate a la dama con tutú,El amigo fantasma, Para siempre la nada)–, es en Contraluz1 que la autora redobla la apuesta. La obra retoma la historia de los cuatro personajes de Luz negra –que entablaban un vínculo en una fiesta de casamiento– y relata lo que sucede en su reencuentro diez años más tarde, a partir de la audiencia de divorcio de la no tan afortunada pareja. La pieza trabaja sobre la gente que hoy transita los poscuarenta ...
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