Cuéntame, pasado – Brecha digital

Cuéntame, pasado

Suscitar respuestas de los monumentos es una actividad sugerida para poetas y actores del turismo. Porque sin cultura el turismo es impensable, confirma la profesora de historia y guía turística Ana Salom, coordinadora y docente del área Turismo en la Universidad del Trabajo de Uruguay.

¿Definición, en términos uruguayos, de turismo cultural?

—Sin patrimonio no hay turismo, aclaremos. Separemos, luego, el viaje o desplazamiento, de la actividad denominada turismo. El ser humano viaja desde que nació y fue diseminándose, desde África, por el planeta. En las civilizaciones antiguas, Grecia, Roma, aparece el ocio, reservado a contados sectores sociales y vinculado, en el caso de Grecia, a la creación artística, y en el de Roma a la polarización entre el goce de los patricios y el pan y circo destinado a las multitudes. En la Edad Media lo reencontramos como espacio libre entre las siembras, también dedicado a Dios; y a fines del siglo XVIII surge lo que para algunos autores es el nacimiento del turismo contemporáneo: el grand tour. Era el viaje que hacían los nobles ingleses con incipientes carreras políticas o diplomáticas a los centros culturales europeos, París, Roma, Venecia, para conocer esas culturas, sí, pero mucho más para “adiestrarse” en vida y costumbres de eventuales aliados, socios o contrincantes.
Qué tan apetecible es nuestro patrimonio.
—El arquitectónico es de alto valor. No poseemos, evidentemente, un Machu Picchu, pero sí una Colonia del Sacramento, declarada patrimonio cultural de la humanidad y anfitriona de argentinos y uruguayos que la visitan todo el año. El desarrollo tecnológico ha extinguido al turista desinformado, hoy ya nadie llega a un lugar desconociendo todo sobre él; por eso es fundamental la cultura del residente, que sea consciente de quién es, a qué comunidad pertenece, qué tradición y sensibilidad la caracterizan. Un arquitecto argentino, Guitelman, que fue director de Turismo de la provincia de Buenos Aires, tiene un libro titulado Los artesanos del trato,1 en el que postula que lo que más recuerda una persona, al regreso de un viaje recreativo, es cómo la trataron. Las ciencias sociales que han estudiado el turismo sostienen lo mismo, entonces volvemos al punto: un turismo sin cultura es mera frivolidad. Nuestro país desarrolló mucho el turismo de sol y playa que, como decía un profesor italiano, tiene todo el mundo; hay que transformar los balnearios en enclaves culturales.
¿Cómo estamos en la tarea de culturizar la oferta?
—Lo primero a reconocer es el Plan Nacional de Turismo Sustentable 2009-2020, elaborado por el Ministerio de Turismo y Deporte con la participación de más de 800 personas y presentado en 2009. Esta estrategia logró el anhelado objetivo de romper la estacionalidad turística, es decir, el anclaje en la temporada estival, trabajando junto a las intendencias de todo el país para conformar destinos turísticos en el Interior, que funcionan el año entero.
¿Ejemplos?
—Conchillas fue declarado pueblo turístico, entre otros; el turismo rural, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas, que sigue incorporando sitios que pocos uruguayos conocen. Algunas iniciativas han prolongado sus beneficios en el tiempo, como el Museo de Artes Visuales al aire libre de San Gregorio de Polanco, con sus murales, casas y equipamiento urbano pintado por grandes artistas nacionales como Clever Lara, “Tola” Invernizzi y otros, junto al Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes. En Rocha crearon el itinerario del arroz, que tiene su poesía y su literatura, y en Florida tenemos una de las dos estancias jesuíticas que hubo en Uruguay. La otra está en la zona de la Calera de las Huérfanas, próxima a Carmelo, que es otro sitio de alto valor patrimonial. Los liceales de Carmelo, apoyados por la comunidad, hacen una representación titulada Un día en la Calera de las Huérfanas; la investigación es un aspecto clave en todo esto, hay mucho por indagar y rescatar.
El joven guía al que parás en la explanada del teatro Solís y nunca consumió buen teatro, o le interesa más su celular que el cuadro del Greco que tiene ante los ojos, plantea un obstáculo pedagógico importante, ¿cómo lo resolvés?
—Con el programa de la carrera de tecnólogo en Itinerarios Turísticos Naturales y Culturales que diseñamos en la Utu, y la concurrencia, gracias a invitaciones, a espectáculos del teatro Solís, el Sodre y también a Cinemateca, donde vimos por ejemplo el estupendo documental El padre de Gardel. También Viramundo, de Gilberto Gil. En la currícula tenemos literatura y música uruguayas, también danzas tradicionales, y como todo lo “bajamos” al territorio, cuando visitamos Minas y las serranías aparecen Morosoli, Santos Inzaurralde, Santiago Chalar, los paisajes identitarios y creativos. Eso hermoso que dice Morosoli, que aprendió geografía con el viejo Félix, el yuyero.

1. Los artesanos del trato: nuevos trabajadores del turismo, Jorge Guitelman. Cic, Buenos Aires, 1997.

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