Cuerpos humanos, cuerpos celestes

Lo más destacado en el mundo de la divulgación científica 2014: la votación online organizada por la revista Science (de la prestigiosa Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia) para que sus lectores elijan el hito científico del año entre cinco candidatos.

La cadena de Adn ahora podrá incluír componentes artificiales

Ya se escucha el galopar de los resúmenes del año, con sus personajes y hechos más destacados del año 2014 en la política, el deporte, la cultura y cualquier cosa que pueda resumirse en una lista. El mundo de la divulgación científica no ha querido ser menos. Lo más destacado: la votación online organizada por la revista Science (de la prestigiosa Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia) para que sus lectores elijan el hito científico del año entre cinco candidatos.

¿Quién ganó? Al final de la columna será revelado, si se me permite usar esta estrategia para impedir la huida de lectores de concentración volátil. La votación en sí misma tiene su atractivo, aunque está claro que no puede haber un hito científico del año en el mismo sentido en que puede establecerse quién corrió más rápido en 2014. No sólo porque la votación sea abierta y los legos que hacemos clic en uno de los cinco candidatos no tengamos elementos para definir cuál de ellos es un parteaguas real en la acumulación científica. También porque la propia ciencia está compuesta de disciplinas muy distintas, cuyos parámetros de evaluación son hasta cierto punto inconmensurables, por lo que no hay un criterio único para identificar qué avances se elevan sobre el enorme corpus de conocimiento sistematizado producido cada año.

Así, cualquier hito que se destaque en estos resúmenes del año lo hará por una combinación de factores, dentro de los cuales tendrán lugar aspectos que alguien tachará de “extracientíficos”, como su espectacularidad o impacto inmediato sobre la vida cotidiana. Si en el año han existido otros avances de importancia, pero más abstractos, menos llamativos o poco aplicables en el corto plazo, es posible que no nos enteremos en este tipo de celebraciones. Así que pongámonos el esmoquin de Billy Cristal o Jorge Piñeyrúa para conocer los nominados:

Generar células que segreguen insulina, para curar la diabetes de tipo 1. Una realidad a partir de 2014, en el contexto de avances increíbles en terapia celular, el área más impactante de la llamada “biotecnología roja” (la aplicable a la medicina).

Confirmar que la transfusión de sangre de personas jóvenes a personas con Alzheimer podría mejorar su actividad cerebral. Este año se ha comprobado que la sangre de un ratón joven rejuvenece el cerebro y los músculos de un ratón viejo. Hoy los investigadores están dando el paso siguiente: transferir plasma sanguíneo de personas jóvenes a personas con la enfermedad de Alzheimer, para mejorar el funcionamiento de su cerebro.

Curar la hepatitis C en ocho semanas en vez de 48 semanas, con menos efectos secundarios. Aunque las píldoras salen aún mil dólares cada una y queda terreno por recorrer hacia la disponibilidad masiva de los nuevos fármacos, el nuevo tratamiento es un gran salto adelante.

Ampliar el alfabeto genético. Desde el surgimiento de la vida en la Tierra, hace más de 3.500 millones de años, la evolución ha transformado todos los organismos vivientes. Pero ninguno ha dejado de almacenar su información en un Adn escrito con un alfabeto de cuatro letras (los pares A-T y C-G). En 2014 se hizo real la posibilidad de incorporar X-Y al alfabeto genético, un nuevo par que no existe en la naturaleza sino que fue creado sintéticamente en condiciones de laboratorio y que podría producir mayor diversidad biológica. Es decir, propiciar organismos vivos con células semisintéticas y que por eso contienen más información en el Adn (cuentan con la información escrita en el nuevo par X-Y). Por ahora el par fue introducido con éxito en una bacteria viva, pero podría modificar organismos más complejos. Los beneficios a mediano plazo incluyen la mejora de vacunas, fármacos y tratamientos médicos. A largo plazo, son mucho más amplios.
Posarse sobre un cometa. El 12 de noviembre la sonda espacial Rosetta, lanzada al espacio por la Agencia Espacial Europea para orbitar en torno al cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko, envió a Philae, un módulo del tamaño de una heladera, a aterrizar (¿acometizar?) sobre ese cuerpo celeste. La misión tuvo éxito. Por primera vez pudimos apoyar un artefacto sobre la superficie de un cometa. El logro es impactante, aunque la cobertura mediática haya estado centrada en que el director del proyecto usa una camisa con dibujos de mujeres desnudas y en que Philae tiene Twitter y escribe “zzzzz” cuando se va a dormir.

Dado que los humanos solemos estar interesados en no enfermarnos ni morir y que la medicina moderna ha mejorado nuestras vidas de forma exponencial, no es extraño que tres de los cinco hitos estén vinculados directamente al tratamiento de enfermedades. Las enfermedades en cuestión tampoco son casuales. A medida que la población mundial envejece y gana años de esperanza de vida, las dolencias crónicas se convierten en un importante enemigo a vencer (la llamada “transición epidemiológica”). Entre ellas están la enfermedad de Alzheimer y la diabetes. El cuarto hito, la ampliación del alfabeto genético, sirve al combate de enfermedades pero sus aplicaciones biotecnológicas tienen un potencial que excede esa función y se proyecta a varios ámbitos, lo que explica la fascinación que ha despertado. Y hablando de fascinación, el último hito es un clásico del entusiasmo popular: la ciencia a la conquista del espacio exterior, esta vez un cometa.

Entre cuerpos humanos y celestes, la espectacularización mediática de la investigación científica parece contribuir con una mirada superficial o banalizante, pero si no se exageran sus aristas más discutibles (como la búsqueda de superhéroes e inspiraciones geniales allí donde hay equipos y acumulaciones pacientes) juega un rol importante en la educación científica de la población. Si la tarea de divulgación necesita algo de espectáculo para generar narraciones atractivas y hacernos ignorar menos sobre una actividad que nos modifica la vida de forma permanente y decisiva, que organice todas las votaciones online que sean necesarias.

A propósito, la victoria fue para la ampliación del alfabeto genético, con el 34 por ciento de los votos, pero como se dice en las declaraciones posteriores a un partido de fútbol parejo: estaba para cualquiera.

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