Cultura 2019: balance y balanceo

Libros

El Premio Nacional de Literatura de 2018 es, sin lugar a dudas, la novela que proporciona más satisfacciones por minuto de lectura y la que está más llena de ideas por centímetro cuadrado que se haya publicado este año. Se titula La mediana edad y es una comedia de enredos que, de paso, reflexiona sobre la vida y la muerte con humor, lucidez e inteligencia. Es, además, un libro generoso, pródigo en guiños y giros verbales, que dan fe del inmenso don que posee Pablo Casacuberta para la escritura.

Luego, el hermosísimo libro-álbum que recoge materiales dispersos de y sobre Marosa di Giorgio es una invitación a zambullirse en el lado B de una escritora que es, por su singularidad y rareza, ya de por sí suficientemente “lado B” en la literatura uruguaya. El trabajo de Ana Inés Larre Borges y Alicia Torres alienta a acompañarlas en la gozosa tarea de buscar la información en el hueco y disfrutar de cada nuevo fragmento de esa Marosa perdida y recuperada, incluida una valiosa iconografía.

Finalmente, dos libros en primerísima primera persona, de delicada factura, nos trajeron las cosas cotidianas –las curiosas, las lindas, las feas y hasta las más dolorosas–, miradas con inteligencia y escritas bellamente y con humor. Cuántas aventuras nos aguardan, de Inés Bortagaray, y Yo soy el que no está, de Fidel Sclavo, son libros intensos escritos con levedad. Literatura del yo de dos escritores que renunciaron a imponer su yo y, en el camino, lo transformaron en literatura. >

María José Santacreu


Desde la espléndida construcción ficcional de una enfermedad intangible como la hipocondría y desde el goce que provoca el dominio del lenguaje en Pablo Casacuberta, La mediana edad construye una parábola del desasosiego de atmósfera onírica, que alcanza dimensiones existenciales.

Después de diez años de silencio, Alicia Migdal publicó El mar desde la orilla. A través de una tersa economía expresiva, plena de resonancias, los espejismos de su escritura reconocen una genealogía en los que se piensa como mujer, intelectual y escritora, y, a partir de las emociones, del cuerpo y la escritura, funda un lugar para la memoria, la reflexión y el goce estético.

En el panorama internacional, La muerte del comendador, de Haruki Murakami, publicada en dos volúmenes, trajo a escena las obsesiones de un autor que, a través de una atrapante ficción especulativa, reivindica la extrañeza existencial, la necesidad de creer en algo y la construcción de caminos que permitan abordar las grandes interrogantes de la humanidad. >

Alicia Torres


Educación, de Fernández de Palleja, es un conjunto de cuentos potente, divertido, bien escrito. El Premio Lussich 2018, en su segunda entrega, advierte que este es un libro más que atendible.

Locas pasiones, de Diego Recoba, es una novela entretenida y gozosa. Nos impulsa con vértigo a un entramado de historias encadenadas en el que el absurdo, como en César Aira, es llevado a límites extremos.

Ducasse. Maldoror. Lautréamont. Mayo del 68. Erotismo. Sexualidad. Y contra el hombre que los hace esclavos, coordinado por Alma Bolón, es otro de los libros destacados de 2019. Los textos que componen el volumen fueron ponencias leídas durante tres días en un congreso celebrado en Montevideo en junio de 2018. Un esfuerzo conjunto por traer a escena al conde, vinculado con temáticas afines.  >

 Fabián Muniz


En Qué ganas de no verte nunca más, Mercedes Rosende volvió al ruedo con Úrsula López, uno de los personajes más interesantes de la narrativa uruguaya contemporánea. Si bien esta novela policial se puede leer de modo autónomo, recomendamos que se lo haga en compañía de los otros dos títulos que conforman la trilogía: Mujer equivocada, de 2011, y El miserere de los cocodrilos, de 2016.

Con una escritura que apuesta al aforismo, a la anécdota breve, a un conjunto de reflexiones que hacen de cada página una suerte de aleph borgiano, en Yo soy el que no está Fidel Sclavo despliega una mirada lúcida y melancólica, aunque para nada exenta de ironía, sobre el costado más evanescente del mundo: los mecanismos del recuerdo, el amor, las lecturas, la amistad.

Por último, Los paños de mi frente, el segundo libro de Magdalena Portillo, muestra un manejo firme de la escritura poética y, por momentos, parece ejercer con maestría una invocación chamánica. Portillo redime a la sacerdotisa en cuanto imagen arquetípica, esa que le permite descubrir “en la poesía a mis hermanas/ aquellas que esperan al final/ de los caminos de tierra”. >

Martín Palacio Gamboa


Cuentos completos, de Mario Levrero, editado por Random House, es uno de los libros imprescindibles del año, una inmersión por etapas en uno de los universos literarios más personales de la literatura uruguaya. Levrero ofrece todo el repertorio de sus obsesiones estructuradas por una intuición risueña y delicada. Para salir de su laberinto hay que llegar a su punto más profundo, el sótano de la razón, y abrir una puerta que, como en todo sueño, nos lleva a nosotros mismos.

Prohibido morir aquí, de la escritora inglesa Elizabeth Taylor, es la sencilla historia de la señora Palfrey, una anciana que se muda a un hotelucho londinense luego de enviudar. La novela es tan compasiva como punzante, capaz de ahondar en cada personaje secundario. En una escena, a la señora Palfrey le llega una melodía de los Beatles. Se trata de “She’s Leaving Home”. Ella piensa, entonces: “Lastimero pero hermoso”. Un juicio que la novela misma podría aceptar sin problemas.

Ciencias ocultas, de Mike Wilson, es un libro claustrofóbico, pesadillesco, lovecraftiano, que parte de una premisa policial clásica, pero lo que busca no es resolver un enigma, sino aceptar que todos los problemas fundamentales son irresolubles. Con la apariencia de un intrincado ejercicio de estilo, la novela se convierte en un lugar en el que deja de tener sentido buscar un sentido. El resultado es una de las lecturas más peculiares del año. >

Leonardo Cabrera


Mis recomendaciones de este año son todas poéticas y uruguayas: en primer lugar, la bellísima obra completa editada por Yaugurú de Orfila Bardesio, trabajo que trajo de vuelta a una poeta periférica de la generación del 45. La poética de Orfila, una especie de alucinación erótica de las cosas eternas, refiere en su constante a lo surrealista y a lo “místico”, palabra que por mucho tiempo rebasó el alcance de la crítica de su época.

En segundo lugar, vale destacar también el trabajo de Francisco Álvez Francese en su antología comentada de literatura uruguaya, Los restos del naufragio, publicada por la editorial independiente Pez en el Hielo. Con una selección muy cuidada, que denota una gran atención al detalle y un gusto muy delicado e inteligente, Álvez Francese ayuda a atravesar un delicado velo hacia la parte noctámbula y fantasmagórica de nuestra poética nacional.

La tercera recomendación es para otra obra completa: la de Humberto Megget, recopilada por el profesor Pablo Rocca. Esta versión surge como resultado de un gran trabajo de investigación y reconstruye, de a poco, los grandes baches de la vida y obra del poeta.  >

Isabel Retamoso


Siempre es una alegría percibir que dentro de nuestro campo hay lugar para distintas manifestaciones literarias. Las canteras uruguayas son enormes y cualquier selección será simplemente eso, una pequeña pieza del gran puzle.

De este año, me gustaría resaltar el género narrativo, y, de él, específicamente dos textos escritos por mujeres, completamente distintos, pero que logran atrapar al lector desde sus primeras páginas. El primero, Contrato familiar, de Virginia Anderson, trabaja, en forma de novela, la plasticidad de la imagen para expresar diferentes episodios de la memoria, que se entretejen con el presente de la narración. El segundo, Raras, es una colección de relatos de María Gueçaimburu y explora distintas maneras de contar, con algunas tramas inolvidables y un buen manejo de las distintas expresiones de lo verosímil. Sus narradoras expresan una búsqueda por la identidad que permite mostrar los lugares más recónditos de la subjetividad. >

 Florencia Rodríguez Fava


Arte y política. Mujeres artistas y artes de acción en los sesenta y setenta, de Elisa Pérez Buchelli, es una investigación histórica, cultural y política, a partir de las trayectorias de Teresa Vila, Graciela Figueroa y Teresa Trujillo, y sus trabajos relacionados a las “artes de acción”. Según analiza la autora, el cuerpo ocupó un lugar central en las prácticas artísticas, derivó en la toma de espacios públicos y desarrolló politicidades específicas, con un sentido latinoamericanista pero de proyección global.

Preso político durante la dictadura, Guillermo Reiman coordinó una comisión de cine en la cárcel, desde la que se impulsaron 400 proyecciones anotadas en una bitácora que, más de 35 años después y con comentarios de ayer y hoy, se transformó en el libro Cine de planchada. 10 años de cine en el Penal de Libertad.

Y finalmente, aunque no sea un libro, destacar la película documental Ausencia de mí, de Melina Terribili. A 30 años de la muerte de Alfredo Zitarrosa y con base en su meticuloso archivo, con el aval y presencia de las hijas del cantautor, se fue decantando este conmovedor trabajo de la realizadora argentina. >

 Mateo Magnone


Entre los acontecimientos líricos de este año estuvo la vuelta de Cristina Carneiro. Ella es de las poetas que establece una esgrima con las palabras, como aquel texto de Ida Vitale que hacía del acto creativo una batalla, una “diaria, contrincante muerte”. Suspendido entre la tierra y el cielo, Para simplificar (Yaugurú) libra las batallas inútiles pero necesarias contra la nostalgia y, como un pájaro que da un salto a la tormenta, perdura en ese gesto de evocar toda la intensidad de la belleza al borde mismo del olvido. “En el aire tu salto queda”, expresa la poeta. Y así su obra es breve, pero de una contundencia pocas veces vista.

Dani Umpi acaba de editar el álbum Lechiguanxs Box 1, primera de tres entregas que, además de funcionar como el lado b de Lechiguanas (2017), es una caja de Pandora llena de rarezas. Sin abandonar la pista de baile, en este nuevo material se descubren gemas de ese costado más introspectivo que Umpi ha dejado ver en trabajos anteriores. Con su voz y el piano de Esteban García, la conmovedora interpretación de “Nada para mí” esboza sobre fondo negro las idas y venidas de un amor psicótico. Y casi como un guiño a lo anterior, 2019 también trajo la reedición de su mejor novela: Sólo te quiero como amigo. >

Mathías Iguiniz


Cine

El Nuevo Complejo Cinemateca se ha convertido en un refugio insustituible, y tres de los mejores filmes del año no habrían tenido su espacio de proyección si no existiera este nuevo templo: nunca hubiéramos conocido Un elefante sentado y quieto, la maravillosa película china de cuatro horas, ni la italiana La Ciambra, ni la animación española Un día más con vida. Tampoco Midsommar, que ofreció el terror más original y alucinante del año, pero que estaba condenada a desaparecer luego de haber pasado sólo una semana por el cine comercial. Cinemateca la reestrenó, dándole a sus espectadores la posibilidad de disfrutarla a pleno en una gran pantalla.

Para el cine uruguayo, 2019 fue un año excepcional. Hace poco más de un mes teníamos en cartelera, simultáneamente, dos de las mejores películas que ha habido en mucho tiempo: Así habló el cambista y el documental El campeón del mundo. Por fuera de esos grandes puntales, una veintena de producciones nacionales (varias de ellas en coproducción) es una cifra en absoluto desdeñable para un país de tres millones y medio de personas. >

Diego Faraone


Es innegable que 2019 ofreció mucho cine nacional y latinoamericano de calidad, y que la cartelera montevideana ha mejorado gracias al nuevo complejo de Cinemateca y al trabajo realizado en la Sala B del Sodre. Asimismo, importa destacar la realización comprometida de varios festivales –algunos estatales, algunos privados– que, con un carácter más o menos humilde, se esfuerzan para ampliar la cantidad y calidad de lo que se proyecta en la ciudad, programando con creatividad y riesgo. Sin dudas, es muy necesario seguir trabajando en la descentralización de estos espacios y en la formación de nuevos públicos.

Con respecto a las películas, se destacan diferentes enfoques políticos de la tarea cinematográfica: Los tiburones, por su delicado pero potente abordaje de la temática de género; El campeón del mundo, por abrirnos con enorme honestidad y belleza una ventana hacia la construcción de la masculinidad; Conversaciones con Turiansky, por el rescate de un personaje tan entrañable de nuestra historia; Presentes, por lograr, con pocos recursos, dejar un legado fundamental para nuestra memoria colectiva. Brindo porque en 2020 haya mucho más cine uruguayo escrito y dirigido por mujeres y disidencias. >

Soledad Castro Lazaroff


Música

El otro que despierta, de Jorge Portillo, es uno de los trabajos más creativos y extraños de los últimos años en la música uruguaya. Y tiene “Licencia”, una composición que no recomiendo escuchar el último domingo de las vacaciones en una playa atestada de gente y cianobacterias.

Volvieron los de Dante Inferno, después de casi diez años. Más viejos, más barbudos y más ruidosos. Tocaron varias veces en Montevideo (la fecha de junio junto con Sr. Faraón en el Tundra fue extraordinaria), y se fueron de gira por Chile. Editaron Celeste lado A, un disco que trae uno de mis temas preferidos del año: “Calitrón”.

Música para viajes interdepartamentales. Volumen III, de Mena, fue la tercera entrega de la serie temática del sello Feel de Agua. Mena en guitarra o cuatro venezolanos cantando sus dulces, tristes, rotas y lúcidas canciones. Si nos ponemos estrictos, este disco apareció el 30 de diciembre de 2018. Pero está más allá del tiempo. Igual que ella. >

 Gonzalo Leitón


En su segundo disco, El otro que despierta, Portillo confirma la fuerte personalidad de su música inclasificable, mutante, visceral, cruda, extraña, inventiva, que desacomoda e interpela constantemente la sensibilidad y las expectativas del oyente.

Quince años después de la muerte del gran Gustavo Pena, siguen surgiendo maravillas. Fuselaje púrpura, del Príncipe y Herman, deriva de una serie de grabaciones que hicieron juntos en los años noventa (coautorías y canciones de uno y de otro). Herman tuvo a bien restaurarlas y sustituir algunas programaciones de aquellos demos por bases profesionales tocadas por grandes músicos. Un goce indescriptible.

Cine mudo es un disco de piano solo, cuya música deriva de composiciones que hizo Leo Maslíah para acompañar películas mudas. Es un prodigio en varios sentidos. Aparte de su consabido virtuosismo (mental y de dedos), Maslíah logra salpicar la música de pequeños comentarios distanciadores y, al mismo tiempo, preservar una deliciosa y compenetrada inocencia, que uno pensaría irrecuperable luego de la muerte de Chaplin. >

Guilherme de Alencar Pinto


Santiago Bogacz e Ismael Varela sacaron un curioso disco de una sola y larga pieza, llamado Cábala. ¿Qué destaco de él? En primer lugar, el coraje de hacerlo. Pero también hay cosas muy buenas ahí adentro, y a pesar de ser una sola “canción” tiene muchísima variedad.

Los Extranjeros, trío integrado por Bruno y Marco Tortarolo e Ignacio Irigaray, sacaron Ternero de dos cabezas, un disco en el que la poesía alcanza puntos altísimos y la música también va por un lado experimental, aunque diferente. Por lo pronto, es un disco de canciones, algunas bellísimas, otras locas, nomás. Otro acto de valentía.

Quería incluir al segundo disco de Patricia Turnes, que va por el mismo lado, pero salió en diciembre del año pasado. En todos estos músicos hay una tendencia a escribir letras de nivel bueno para arriba y al riesgo musical, a veces en desmedro de cosas tan sacralizadas como la idea de el “sonido”.

Termino hablando de uno que no tiene nada que ver: el de Estela Magnone cantando sus coautorías con Mateo. ¿Por qué? Porque está bueno, y porque no podía no estarlo. >

Guillermo Lamolle


Media platea de Sala Verdi fue abandonando las butacas, agradecida por sumarse a un trencito transgresor y rumbero. La locomotora del trencito eran los integrantes del Cuarteto del Amor, que siempre fueron más de cuatro y nunca menos de los indispensables para devolvernos, de corazón, a la música romántica. Concebido por el músico Andrés Lazaroff la mañana posterior a soñarlo, este cuartetazo organizó, en octubre y en la Verdi, tres recitales a beneficio de personas que necesitaban mejorar su salud, con apoyo de La Ovidio Titers Band y el colectivo de tap De las Chapas. Mi destaque va para ese trío de espectáculos a favor del prójimo en su doble faz, de receptor y de receptivo. Receptor de una mano en las malas, receptivo a las canciones que vendrán. Porque Andrés construyó El Cuarteto del Amor con serenatas, y ese que acaba de asomarse a oírlas es el año nuevo. >

Fabio Guerra Correa


Artes visuales

Imposible no comenzar por destacar la exposición Picasso en Uruguay en el Museo Nacional de Artes Visuales. Significó un antes y un después en el relacionamiento del público con las artes visuales en lo que va del siglo –se habló, con razón, de una picassomanía–, que luego se derramó en otras actividades de la cultura. Además, abrió las puertas a nuevas propuestas internacionales que, a partir del necesario reacondicionamiento de la principal pinacoteca del país, ahora podrán ser correctamente recibidas. Y como en una especie de contrapartida, los maestros uruguayos se hicieron ver en el exterior y a lo grande: Pedro Figari, a principios de año en el Masp de San Pablo –Nostalgias africanas– y a mediados de año en el Mnba de Buenos Aires con otra exposición, Figari: mito y creación; mientras que Joaquín Torres García conquistaba al público chileno en el Centro Cultural de la Moneda, Santiago, con la exposición Obra viva. También este será el año recordado por la polémica compra por parte del Estado del Museo Gurvich, por la lamentable pérdida de los murales de Norberto Berdía junto con el hotel San Rafael en Punta del Este y por la encomiable restauración del mural de Julio Alpuy “Oficios”, a quien se homenajeó también, en su centenario, con una gran exposición en el Mnav. >

Pablo Thiago Rocca


Artes escénicas

En 2019 la cartelera ofreció diversidad de propuestas que exploran las diferentes posibilidades expresivas del lenguaje teatral. Aquí, algunas de las más destacadas.

Bakunin sauna. Una obra anarquista. En su última creación, Santiago Sanguinetti potencia su pluma absurda desarrollando un humor agudo e inteligente que cuestiona los discursos en una época en la que las ideologías se resquebrajan.

Casi sin pedir permiso. A partir de información de su propia biografía, Leonor Courtoisie desarrolló un trabajo vinculado a la idea de teatro documental. En cada función, seis espectadores recorrieron su hogar mientras escuchaban relatos de su historia entre cartas, fotos, audios y registros audiovisuales. Luego exploró la fuerza que habían tenido esos encuentros en una segunda instancia.

Ayer pensé en decirte adiós. Esta puesta escrita, dirigida y actuada por Domingo Milesi demuestra que en pequeño formato y con grandes ideas el teatro puede ser una expresión tan sencilla como bella. El autor nos transporta a un universo intimista en el que todos los rubros se conjugan para crear un cuadro sensible y único. >

Ana Laura Barrios


Sin lugar a dudas la performance de Las Tesis, “Un violador en tu camino”, es el acontecimiento escénico más importante del año. De Chile al universo, logró romper con la territorialidad, replicándose en cuerpos y calles, interviniendo la protesta y convirtiéndose en el registro de una época en la que las luchas feministas son y seguirán siendo protagonistas.

En el plano local la presencia de las artes vivas fue inminente. El Festival de Artes Nido, en Campo Abierto, se realizó por tercer año consecutivo en la ciudad de Rivera; en Montevideo, se creó la Red de Artes Vivas que concretó su primer festival, y el Instituto Nacional de Artes Escénicas llamó “Expandir” a su convocatoria anual. Tanto desde lo institucional como en la frontera o la centralidad, llama la atención la inclinación a la hibridación de disciplinas y la reflexión sobre cómo generar espacios de encuentro, haciendo de las artes vivas un camino posible, y bienvenido, a transitar. >

Leonor Courtoisie

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