El mundo en el que nos despertamos el 3 de enero es diferente y más peligroso. Donald Trump se quitó la máscara de hipocresía con que actuaban sus antecesores en la Casa Blanca y, sin una declaración de guerra previa contra Venezuela, con una escalada militar vertiginosa, contundente y exitosa inauguró 2026. La agresión criminal y el secuestro del presidente en ejercicio Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores −ahora convertidos en rehenes−, fueron una acción imperialista pura y dura que enterró de facto al derecho internacional. Las normas establecidas desde los tratados de Westfalia en 1648 hasta la paz de Yalta, el sistema de Naciones Unidas, los Convenios de Ginebra de 1949, la multilateralidad, la idea misma de la globalización y la propia Constitución de Estados Unidos salt...
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