De los síntomas a las causas – Brecha digital
El apartheid y su denuncia

De los síntomas a las causas

Israel calificó de «antisemita» y «proterrorista» el último informe de Amnistía Internacional. En esta entrevista, el director regional adjunto para Oriente Medio y África del Norte del organismo responde a la acusación.

Una soldado israelí patrulla la frontera, agosto de 2021 Afp, Menahem Kahana

Ya antes de que se publicara el nuevo informe de Amnistía Internacional (AI) sobre Israel-Palestina, el gobierno israelí y algunas de las organizaciones proisraelíes más prominentes del mundo se habían lanzado a la ofensiva. El documento titulado «El apartheid israelí contra la población palestina: cruel sistema de dominación y crimen de lesa humanidad» se había filtrado al gobierno israelí, así como a la Junta de Diputados de los Judíos Británicos y a la Liga Antidifamación estadounidense, que rápida y rotundamente acusaron a AI de antisemitismo.

No es difícil ver el porqué. El informe de 280 páginas de la principal organización mundial de derechos humanos es una dura condena de lo que AI llama el «sistema de opresión y dominación que Israel ejerce contra el pueblo palestino dondequiera que tenga control sobre sus derechos», incluyendo ambos lados de la Línea Verde y allí donde viven los refugiados palestinos. La investigación incluye detalles sobre la ocupación militar, la segregación, las torturas, las confiscaciones de tierras, las restricciones de movimiento y la denegación de los derechos de ciudadanía y de nacionalidad, entre otras violaciones a los derechos humanos cometidas por Israel.

Pero el informe no es meramente descriptivo. Al igual que las recientes investigaciones llevadas adelante por organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch (HRW) y la israelí B’Tselem, AI exige que se desmantele el régimen de apartheid de Israel y que la Corte Penal Internacional (CPI) tenga en cuenta el crimen de apartheid en su investigación en curso de los posibles crímenes de guerra cometidos en los territorios ocupados. Esta es, precisamente, la razón por la que el informe es tan aterrador para Israel y sus partidarios.

La siguiente conversación con Saleh Hijazi, director regional adjunto de AI para Oriente Medio y África del Norte, tuvo lugar apenas terminada la conferencia de prensa celebrada en Jerusalén con motivo de la publicación del informe, el martes 1. Hablamos, entre otras cosas, sobre la ofensiva del gobierno israelí contra la organización y por qué AI señala deliberadamente el año 1948 como punto de partida del apartheid.

—Acaba de presentarse el informe de AI, que recibió una respuesta extremadamente severa de Israel y varias organizaciones afines de todo el mundo, que afirman que el informe es «antisemita» y «difunde mentiras elaboradas por organizaciones terroristas». ¿Le sorprendieron esas reacciones?

—Lamentablemente, no. La instrumentalización del antisemitismo como arma arrojadiza para atacar a quienes critican las políticas de Israel, especialmente cuando las críticas se relacionan con el tratamiento infligido a los palestinos, es una táctica que ya lleva muchos años y que AI ya ha padecido. Este tipo de ataques, falsos e infundados, es lo esperable de gobiernos y Estados que sistemáticamente violan los derechos humanos o que, como en este caso, imponen un sistema de represión y dominación que implica un crimen de apartheid. Es natural que cuando se proporciona un análisis sólido de que se está cometiendo un crimen contra la humanidad el gobierno que comete ese crimen se inquiete.

—¿Experimentaron alguna presión del gobierno israelí mientras trabajaban en el informe?

—No. El gobierno ha decidido no colaborar con nosotros de manera constructiva, a pesar de que durante muchos años y repetidamente le hemos solicitado reuniones e información. Desde que comencé a trabajar para AI en 2011, solo hemos tenido una reunión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, en 2012. Desde entonces, ninguna de las cartas que hemos enviado solicitando reuniones o pidiendo información al gobierno o al Ejército ha tenido respuesta.

Es importante mencionar que Israel sigue ignorando nuestras solicitudes de acceso a la Franja de Gaza. Queremos entrar en Gaza para examinar la situación de los derechos humanos resultante del bloqueo ilegal que está impuesto sobre ese territorio y que equivale a un castigo colectivo, así como los efectos de las ofensivas militares israelíes y las violaciones a los derechos humanos cometidas allí por las autoridades palestinas, en particular por el gobierno de Hamás y por varios grupos armados.

—HRW publicó un informe en el que se denuncia el apartheid israelí en abril de 2021. ¿Cómo influyó esa investigación en el trabajo de AI?

—El informe de HRW fue absolutamente influyente. HRW es una organización de derechos humanos que proporciona documentación y análisis legal de primer nivel. Nosotros examinamos su informe y reflexionamos cómo se comparan con él nuestras propias investigaciones y análisis. Con el lanzamiento del resultado de nuestro trabajo esperamos formar una coalición contra el apartheid junto con HRW y otras organizaciones de derechos humanos palestinas e israelíes.

Sí tengo la sensación de que la reacción al informe de AI es mucho más dura y ruidosa que la reacción al informe de HRW. Con AI, estás frente a un movimiento. El lanzamiento de nuestro informe no es solo el documento en sí y la campaña de divulgación, sino que también contempla un elemento de educación. Hemos puesto a disposición un curso online de derechos humanos sobre el apartheid israelí, que estará disponible para cualquier persona con acceso a Internet en varios idiomas, incluido el hebreo. Hay mucho trabajo y energía invertidos en este curso porque queremos aprovechar nuestra amplia membresía a nivel internacional, el hecho de que nuestros miembros puedan tomar medidas y ser efectivos. Es necesario que la gente entienda cómo funciona el apartheid en Israel-Palestina y pueda hablar de este tema con sus funcionarios electos en cada país.

—El informe ubica las raíces del apartheid israelí en 1948, algo que muchas organizaciones de derechos humanos a menudo evitan señalar. ¿Cuál fue el razonamiento al elegir 1948 como el punto de partida?

—Este informe tardó cuatro años en escribirse, pero la historia es mucho más larga. Después de que la CPI anunciara que tiene jurisdicción sobre los territorios ocupados, comenzamos a analizar la forma en que podemos hacer de la justicia internacional una parte central del trabajo de derechos humanos que AI lleva adelante en Israel-Palestina. Una vez que comenzamos a examinar los patrones de violaciones de derechos humanos desde esa perspectiva, tuvimos claro que el crimen de apartheid es algo que nuestra organización está capacitada para examinar. El siguiente paso fue formular una política global sobre cómo entiende AI el crimen de apartheid, tal como está incorporado en el derecho internacional, y los criterios a emplear. El proceso de formulación de dichos criterios se completó en 2017.

Lo que hace el informe es analizar los últimos 20 años, pero, para comprender realmente la situación actual, es necesario rastrear las raíces de algunos de los componentes principales del sistema: la fragmentación territorial, la segregación y el control, el despojo de tierras y propiedades, y la privación de derechos económicos y sociales. Estos son los elementos que componen el sistema de apartheid israelí hoy, pero no empezaron ayer.

En 1948, tras el establecimiento del Estado, Israel aprobó leyes relativas a la nacionalidad y el estatus de sus habitantes. A los palestinos que permanecieron en Israel después de la Nakba se les otorgó la ciudadanía, pero no la nacionalidad, a diferencia de lo que ocurrió con los judíos israelíes. La Ley de Retorno, aprobada en 1950, solo permite regresar a Israel a los judíos, a quienes se les concede la ciudadanía automática, mientras que a los palestinos que quedaron fragmentados como resultado de la limpieza étnica de 1948 se les niega ese derecho de retorno. En lo que respecta a la propiedad, la Ley de Propiedad de Ausentes y las diversas leyes que conforman el actual régimen de tierras de Israel se aprobaron en los años cincuenta. El régimen de gobierno militar aplicado hoy en los territorios ocupados es el mismo régimen que fue utilizado contra los ciudadanos palestinos de Israel entre 1949 y 1966.

Los elementos que componen el sistema actual comenzaron apenas establecido el Estado de Israel. Por eso el análisis debe partir de ahí y no de la ocupación de 1967.

—El informe pide que se permita el regreso de los refugiados palestinos, algo que las principales organizaciones de derechos humanos tampoco suelen hacer.

—El acto inicial de fragmentación palestina tuvo lugar durante la campaña de limpieza étnica, la Nakba de 1948, que provocó el desplazamiento de cientos de miles de palestinos de sus hogares y no les permitió regresar, lo que les está garantizado por el derecho internacional de los refugiados, así como por la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU [Organización de las Naciones Unidas]. La negación del derecho al retorno es crucial para un sistema cuya intención y objetivo es mantener la hegemonía demográfica judía y el máximo control sobre la tierra. El deseo de mantener esa hegemonía es lo que no permite que regresen los millones de refugiados palestinos que viven en campamentos desperdigados en Oriente Medio. Por eso es una parte crucial de nuestro análisis sobre el apartheid.

—Hacía años que activistas palestinos venían usando términos como apartheid y colonialismo de asentamiento para describir al régimen imperante entre el Jordán y el Mediterráneo. ¿Cómo ha influido en el informe el trabajo de esos activistas?

—Una organización internacional de derechos humanos tiene la responsabilidad de reaccionar cuando las organizaciones locales hacen un reclamo. Reconocemos que llegamos tarde a esto y que deberíamos haberlo examinado antes. Pero hay dos razones por las que lo hacemos ahora: en primer lugar, y esto no está directamente relacionado con Israel-Palestina, hemos llegado a ver que, desafortunadamente, los sistemas de discriminación institucionalizada y violencia racista –con el apartheid como la manifestación más extrema de esos sistemas– prevalecen alrededor del mundo y es hora de encararlos de frente.

Hubo también solicitudes de organizaciones palestinas, así como de nuestros propios miembros, para investigar si aquí se estaba perpetrando el crimen de apartheid. Cuando comenzamos a hacerlo, revisamos el trabajo de investigación producido durante años por activistas, académicos e intelectuales palestinos, incluida la convocatoria de 2005 realizada por las organizaciones de la sociedad civil palestina conocida como Boicot, Desinversión y Sanciones, que tiene como marco la caracterización de apartheid. El conocimiento y el análisis legal producidos por palestinos fueron tomados como un gran aporte en nuestra investigación.

—Como miembro palestino de AI, ¿fue difícil tratar de incluir en la agenda un tema que a menudo se considera tan «tóxico»? ¿Le costó mucho persuadir a sus superiores?

—Me sorprendió gratamente que este proceso, en realidad, no fuera liderado por los miembros palestinos de la organización. Fueron miembros del Secretariado Internacional [el organismo responsable de la mayor parte de las investigaciones de AI y que dirige sus campañas] y de varias secciones quienes lideraron este proceso y con quienes trabajamos codo a codo. En 2011, AI Grecia envió al Secretariado Internacional una solicitud para investigar la situación en Israel-Palestina. Como movimiento democrático, hay que darles respuesta a este tipo de pedidos. Después de eso, llegó otra solicitud, en el mismo sentido, de AI España, y hubo varias solicitudes informales de secciones de diferentes partes del mundo.

—¿Qué tiene para decirles a los palestinos que son escépticos de lo que pueda lograr este informe?

—Es difícil responder esa pregunta. ¿Este informe va a traer de inmediato el cambio necesario? Claro que no. Se necesita crear estrategias, trabajar en conjunto y formar alianzas. Vemos como esto ya está sucediendo, incluso entre organizaciones palestinas e israelíes, algo que no habíamos visto antes. Eso es prometedor.

Lamentablemente, los desalojos y las demoliciones de viviendas continúan y la situación, en general, no hace más que empeorar. Pero siento que el análisis en el marco de la caracterización de apartheid nos permite atar los cabos, para no estar siempre saltando de las detenciones administrativas a los asesinatos ilegales y de ahí a las demoliciones en el Néguev. Ahora podemos conectar los puntos. Al hacerlo, se puede ver el sistema del apartheid en funcionamiento. Este análisis allana el camino para abordar estas violaciones a los derechos humanos de una manera más estratégica. Ya no estamos lidiando con los síntomas, sino con las causas.

(Publicado originalmente en inglés en +972 Magazine y en hebreo en Sikha Mekomit. Traducción de Brecha.)

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