De novedad, nada – Brecha digital

De novedad, nada

¿Qué tiene de novedoso “Deadpool”? Prácticamente nada. Como viene siendo la tendencia últimamente, ahora el superhéroe es más antihéroe que otra cosa, un delincuente con todas las letras, que se codea con otros de su misma estirpe en antros de mala muerte.

Uno tiende a confundirse porque superhéroes hay muchos y de diferentes camadas, pero a veces viene bien una recapitulación: por un lado están Batman y Superman (y ahora también la Mujer Maravilla) de DC Comics y distribuidos por Warner Bros. Por otro, está el universo Marvel del tronco de Los Vengadores (Iron Man, Capitán América, Thor, Ant-Man) y distribuidos por Disney (aquí también entran los Guardianes de la Galaxia, pero como viven en el espacio sideral, no se cruzan con estos últimos). Y además está el universo de los X-Men y Wolverine, al que ahora también se integra esta Deadpool y, si bien también son superhéroes de Marvel, en este caso la distribución la hace 20th Century Fox y, por supuesto, no conviven con los otros Marvel. Finalmente, están los de Marv Films (Kickass, Kingsman), que originalmente también pertenecían a la Marvel (bajo la editorial Icon Comics) y ahora son distribuidos por Lionsgate y los Universal Studios. Todo este enredo de editoriales, estudios y distribuidoras puede parecer un encasillamiento estéril, y en parte lo es (en definitiva en Hollywood las diferencias no suelen ser importantes), pero permite comprender la coexistencia de personajes en cada franquicia y hasta diferenciar ciertas características de estilo.

Esta película1 se presentaba como algo diferente por haber sido una película de superhéroes calificada como R, lo que significa que los menores solo pueden asistir a las salas acompañados de un mayor y que hay niveles elevados de violencia gráfica y sexualidad. En primer lugar esto no es nada novedoso, porque ya Kickass y Watchmen se habían ganado la calificación. En cuanto al contenido, si bien es cierto que hay bastante violencia, la diferencia fundamental de esta película con el resto de las superproducciones se encuentra en el lenguaje, una imparable catarata de chistes escatológicos de corte grueso.

¿Qué tiene de novedoso Deadpool? Prácticamente nada. Como viene siendo la tendencia últimamente, ahora el superhéroe es más antihéroe que otra cosa, un delincuente con todas las letras, que se codea con otros de su misma estirpe en antros de mala muerte; en este sentido, esta película agudiza un poco más los perfiles iniciales de los protagónicos de Iron-Man, Los Guardianes… y Ant-Man. Ahora la propuesta está totalmente sobregirada, el protagonista es de esos personajes irritables que no paran nunca de hablar y de hacer comentarios irónicos y, en fiel sintonía, todo es muy loco y posmoderno: las tomas cliperas y giratorias en cámara lenta, la narración en forma fragmentada que salta en el tiempo, la ruptura de la “cuarta pared”, por la que el protagonista habla directamente a la audiencia, las autorreferencias, los guiños y el diálogo con otras películas, los chistes sexuales que se acumulan y se montan unos sobre otros, e ídem las citas pop: todo el tiempo se echa mano al denominador cultural común de los amantes de superhéroes de entre 35 y 50 años.

Todos estos elementos se vienen viendo hasta el hartazgo en el cine mainstream reciente, y de hecho la propuesta sería bastante insufrible si no aparecieran de vez en cuando ciertos brotes de genialidad. Uno de cada cinco de los chistes proferidos puede causar verdadera gracia, hay algunos gags que realmente son muy ocurrentes –sobre todo los que tienen que ver con el atributo regenerativo del personaje–, una secuencia inicial de créditos en la que no se dice nombre alguno es lo máximo y, además, el carácter trágico del antihéroe lo redime en parte, ya que el hecho de que siempre le ponga buena cara a un continuum ininterrumpido de desgracias le aporta cierta aciaga dignidad.

En definitiva, como divertimento puede funcionar, pero de novedad, nada .

  1. Deadpool, Estados Unidos, Canadá, 2016.

 

 

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