Con la música uruguaya Elena Ciavaglia

Decidir cada vez más

El 25 de marzo, en La Trastienda, la compositora e intérprete presenta su disco Ruta del aire. En ese marco, conversó con Brecha acerca de sus procesos creativos, su vida en Francia, la educación musical y las dificultades de salirse de los estereotipos clásicos sobre los lugares que debe ocupar una mujer en el mundo de la música.

Héctor Piastri

—¿Dónde empezó el proceso de composición?

—En 2014 fui a Rio y empecé lo que sería parte del disco. En un momento me di cuenta de que hacía tiempo que no grababa y tenía suficiente material para hacerlo. Hice una lista de temas que me gustaban y me presenté al FONAM [Fondo Nacional de Música]. Al recibir el apoyo, me dije: «Ta, tengo que hacerlo», y me metí a componer. Incluso la idea de hacer ciertas versiones de otros surgieron ahí.

—¿Hubo alguna diferencia entre el proceso compositivo que hiciste antes del disco y el que hiciste después de tenerlo como un objetivo claro?

—Siempre fui muy desorganizada para componer y organizar el material. Cuando me planteé hacer el disco, empecé a tomarme más en serio escribir las cosas, prestarle más atención a la melodía, a la armonía, a los arreglos. Antes del disco no prestaba mucha atención: componía, tocaba las canciones y listo. Con el disco empecé a delimitar más las cosas, a tomar más decisiones y a cerrar cada proceso.

—Desde 2017 residís en Francia, donde estás haciendo un máster en música y tocando. ¿Cómo incidió eso en el devenir creativo?

Estudiar allá me dio pila de herramientas para empezar a pensar en mi proyecto personal. En el máster puedo escribir –algo que nunca había hecho– y presentar, por ejemplo, un conjunto de canciones a fin de año. Entonces empecé a organizarme para poder explicarles a otros lo que hago. Aprendí un poco de grabación también. Algunas cosas las grabé yo misma en casa. Eso fue algo muy diferente a trabajos anteriores, en los que no sabía la diferencia entre un micrófono y otro, no tenía nada que decir acerca de los aspectos técnicos. Empecé a decidir más. Por otro lado, apenas llegué, empecé a trabajar algunas cosas con el Pájaro Canzani. Ese fue un primer paso para pensar en el disco. Muchos temas hablan de Montevideo, de estar lejos, de la nostalgia. Creo que ese es un hilo conductor, porque el disco fue pensado en otro lugar.

—Algo no menor es que casi todos los músicos que te acompañan son de la línea del jazz. ¿Esta elección tiene algo que ver con tu experiencia allá?

—Sí, porque lo primero que empecé a estudiar allá fue un poco de jazz. Antes no tenía mucho vínculo con el género y allá se empezó a fusionar con lo que estaba haciendo. No lo pensé como: «Ah, quiero jazzeros», pero sí busqué cierta sonoridad que va por ese lado. Me metí mucho en el mundo del jazz, en sus armonías, en sus solos, y eso se refleja mucho en el disco.

Netuy marzo21

—¿Por qué grabarlo acá? ¿El proyecto tenía que ser uruguayo en su totalidad?

—Me pasó que con la gente de allá con la que empecé a formar un proyecto de banda llegaba a cosas que no estaban muy buenas, que no sonaban como me imaginaba. Entre medio estuve viniendo a Uruguay de visita y vi a varios de estos músicos que me acompañan en el disco. Ahí me di cuenta de que quería grabarlo acá. Tal vez más adelante pueda armar un grupo allá, desde otro lugar. De verdad, lo intenté. Tocamos en varios lados, pero no me cuadró, no cerraba. Con algunos de los músicos del disco ya había tocado varias veces. Decidí hacer el viaje con gente a la que le pudiera decir: «Quiero que suene a esto. Va por acá».

—¿Y cómo trabajaste esta música a la distancia?

—Les escribí a los músicos, envié grabaciones, envié algún cifrado, pero nada de arreglos. Ya estando acá nos juntamos a tocar y ahí fui viendo qué me gustaba y qué no. Muchas cosas que proponían luego no las hago sola en vivo, pero todo fue sucediendo en el momento, en la grabación. Eso es algo muy del jazz. Les decía: «Vos tocá más por este lado o de tal manera». Algunas cosas estaban pautadas como melodías características, pero luego también surgían pequeñas cosas espontáneas que después elegía al escuchar las tomas junto con Fabrizio Rossi, con quien trabajé en el disco.

—¿Cuál es tu experiencia en la escena musical francesa?

—Al llegar, me pareció radical el nivel de los músicos allá: muchísima gente muy despegada, muy comprometida. Estando allá me di cuenta de que no le prestaba atención a un montón de cosas y, por el contexto, no tenía otra que ponerme a estudiar en serio, porque no podía ir a rasguear así nomás. Incluso tenía que poder explicar qué hacía. Tuve que concientizarme realmente sobre qué estaba haciendo. Mi profesor sabía mucho: de milonga, de candombe, de todo. La gente tiene un panorama muy profundo de la música, incluso el público que se me acerca para charlar.

—¿Qué reflexión te despierta vivir estas cosas como mujer?

—Hace tiempo que vengo pensando en el rol de la mujer en la música en general. Me pasó en París de ser la única mujer en la clase. ¿Y qué tocan las mujeres? ¡Son las coristas! Eso me despertó aún más la necesidad de estudiar. Me di cuenta de lo mal que tocaba. ¿Por qué siempre me puse a cantar y nunca a estudiar seriamente un instrumento? ¿Por qué no hay mujeres improvisando? ¿Cuántas hay? ¿Dos? ¿Ninguna? Es verdad que en la música académica, al menos allá, hay más mujeres, sobre todo en ciertos instrumentos. Quiero buscar otro rol: yo soy la compositora, soy quien toma las decisiones. Me ha costado, porque me junto con estos músicos que tocan tremendo. Pero, incluso, a partir de la experiencia de este disco, quiero empezar a tomar más decisiones. Me di cuenta de que no es fácil para una mujer decir: «Voy a tomar la posta de mi proyecto y voy a hacer los arreglos». Muchas veces se dice: «Hay tal porcentaje de mujeres en el escenario». Pero hay que preguntarse por qué las mujeres no tenemos la posibilidad de estudiar armonía o contrapunto, por qué no se nos ocurre y por qué nos educan para eso. ¿Por qué siempre tenemos que tocar canciones? Atrás hay algo más: la posibilidad de verse en un rol, de entender que se puede ser la directora.

—Lo interesante es que, por la vía de los hechos, las mujeres tienen que estudiar más que los hombres para poder llegar a los mismos lugares.

—Y también es un tema de roles, porque las mujeres no siempre podemos situarnos en eso de resaltar en el mundo intelectual, en el análisis, en la profundización de algo.

—¿Notás algunas problemáticas en cuanto a hacer música en Uruguay?

—El mundo de la canción es, tal vez, al que más atención se le presta. Pero, aún así, ¿por qué no hay estudios terciarios para eso? No hay manera de formarse. Tenés que ir a clases particulares, al curso de tal persona, y no hay mucho más. Después uno tiene que pagar muchísimo para estudiar afuera. En mi caso, siempre fui becada. El de la canción es un mundo en el que se puede estudiar muchísimo: la poesía, la forma, la relación con la historia. Estaría buenísimo que todo eso formara parte de la educación. Acá la gente estudia como puede, y eso me parece un bache grande.

—Retomando lo anterior, ¿qué problemas notás siendo mujer en la música de Uruguay?

—Sin duda, en Uruguay hay un mayor respeto por los hombres que por las mujeres que quieren ser compositoras o intérpretes. Pero, sobre todo, noto que no hay mujeres en ciertos lugares –algo de lo que antes no me daba cuenta, algo que tenía naturalizado–, mientras que en otras partes sí las hay. ¿Dónde están las mujeres en Uruguay? Tiene que ver con un rol social, porque las mujeres tienen que ocuparse de otras cosas también. Yo ahora soy madre y es difícil conjugar las dos cosas. Muchas tareas terminan recayendo sobre nosotras. Estaría bueno poder salir de ese lugar en el que estamos metidas y empezar a buscar en otros lugares. Yo estoy para cagarme en todo. No toco tan bien, pero voy a tocar. Hay cierto arrojo de los hombres que los hace ser mejores técnicamente. Desde chicos van y se tiran, porque se les fomenta eso para el éxito. Y las mujeres siempre quedamos en un lugar más atrás. Nuestro lugar de destaque es siempre el mismo: el de hacer canciones y cantar. Me gustaría que acá hubiera lugar para nosotras en otros ambientes también: en la improvisación, en el jazz, en lo que de verdad queramos.

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