Depredador nocturno – Brecha digital

Depredador nocturno

El filme “Primicia mortal” se dedica a satirizar ácidamente los propósitos y medios de que se vale el periodismo televisivo con el objetivo supremo de aumentar el rating.

Nigthcrawler

Esta película1 es un gran consuelo para la baja autoestima que nos atormenta a los uruguayos cada vez que miramos los noticieros en televisión y comprobamos el inescrupuloso derrame de morbo que nos propinan mediante la exhibición de los hechos de violencia. En Primicia mortal se verá que no estamos solos. Con ecos de aquella Primera plana (Billy Wilder, 1974) y Poder que mata (Sydney Lumet, 1976), pero con una formulación visual y dramática totalmente contemporánea, este filme se dedica a satirizar ácidamente los propósitos y medios de que se vale el periodismo televisivo con el objetivo supremo de aumentar el rating.

El director Dan Gilroy –coguionista de la cuarta entrega de la saga Bourne con su hermano Tony, que la dirigió– debuta en la realización haciéndose también cargo del libreto. Arma su película en torno a dos ejes esenciales: la sustancia vampiresca de la búsqueda del impacto en la información, y el carácter del tipo que aquí se hace cargo de ella. Louis Bloom (Jake Gyllenhaal) es presentado como un charlatán empedernido con pocos escrúpulos, un merodeador que se revuelve con robos menores hasta que es literalmente flechado por el oficio –que descubre accidentalmente– al que resolverá dedicarse: capturar imágenes lo más impactantes posible para vendérselas, como reportero free lance, a algún canal de televisión. Bloom muestra una fervorosa convicción en el poder de la entrega personal y en el ir siempre más allá en lo que hace; sus predicamentos perfectamente articulados hacen pensar en esos cursos de autoayuda para managers de todo tipo, paradigmas del capitalismo individualista y liberal donde hay que triunfar pese a quien pese y a costa de lo que sea. Guiado por ese instinto el hombre consigue venderle sus primeras imágenes a la responsable de un noticiero televisivo de bajo rating (Rene Russo), volverse poco a poco su imprescindible proveedor, hacerse de un ayudante al que usa y literalmente asfixia (Riz Ahmed), y convertirse de a poco en un auténtico cazador nocturno de tomas de situaciones impactantes. No vacila en cambiar de lugar un cadáver para que pueda ser filmado mejor, o en demorar su aviso a la policía cuando es testigo de un copamiento especialmente violento para tener así la oportunidad de registrar, sin competencia ni interferencias, todos los detalles de la escena criminal; y hasta llega a provocar, mediante un astuto manejo de la información, situaciones horripilantes que nutrirán sus primicias. Sin ninguna objeción de conciencia que le impida saltearse toda regla legal o moral, Bloom es a la vez un depredador y un perfecto empresario, y el meticuloso trabajo de Jake Gyllenhaal al construir este personaje hace pensar en un psicópata convencido que, además, no hace sino llevar al extremo la esencia de la libre competencia. En este sentido, Primicia mortal, con su universo nocturno, su ausencia absoluta de cotidianidad más o menos corriente, su concentración en un mundo violento y el cinismo sin fisuras de sus protagonistas, es también una suerte de alegato moral. Cuyos límites, sin embargo, residen justamente en el extremo al que es llevado todo el cuadro. Después de todo, los informativos realmente existentes, no tan distintos a los mostrados en la película, son realizados por seres humanos bastante más comunes que este paradigma absoluto, esta especie de monstruo fanático. Y ya se sabe que pensar que el mal sólo puede provenir de los “monstruos”, tranquiliza.

1. Nigthcrawler. Estados Unidos, 2014.

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