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Derecho de unos pocos

Con un maestro –con suerte dos, a veces ninguno–, se enseña a leer y escribir en las cárceles. Para Petit, la escena “es surrealista: el Estado incumple las propias normas que aprobó”. En ese marco, los estudiantes presos han comenzado a agremiarse y a reivindicar sus derechos.

Mural pintado por los reclusos en el ex Comcar

No es sencillo conseguir permiso para entrar al Compen. A la infinidad de trámites previos se le suma un único ritual de ingreso: cédula en mano, escáner y Guardia Republicana. Ya de pique se empieza a dilatar el arranque del Primer Encuentro Educativo Interdisciplinario e Interpenitenciario de Expresión Cultural, mientras los profesores e invitados esperan afuera. Cuando la orden baja y se habilita la entrada, la radiografía los dibuja uno a uno: “¿Usted tiene un celular?”, repara automáticamente una de las guardias, que observa los contornos de la figura humana en su pantalla.

Las calles de esa cárcel-ciudad están vacías, apenas se divisa alguna gente a lo lejos. La Comunidad Educativa, donde tienen sede las clases de Primaria, Secundaria y los talleres de educación no formal, está a ...

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