Desde abajo - Semanario Brecha
El regreso de las Panteras Negras

Desde abajo

Cuarenta años después de su disolución y 60 después de su aparición, grupos que se reclaman de las Panteras Negras volvieron a tomar las calles en Estados Unidos. Con una intención anticolonialista y basista similar a la del movimiento original.

Manifestación de miembros del partido Panteras Negras en el Capitolio de Washington, en 1969. Wikimedia, Washington State Archives.

Se los vio semanas atrás en las calles de Filadelfia defendiendo a inmigrantes que estaban siendo cazados por los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por su sigla en inglés). Dicen que son la recreación del Black Panther Party for Self-Defense –Partido Panteras Negras por la Autodefensa– y casi todos sus militantes usan la icónica boina y las camperas negras de cuero con el logo de la pantera que lucían los militantes del movimiento nacido hace ahora seis décadas en movilizaciones contra el racismo y la violencia policial.

Ahora, en Filadelfia, Pensilvania, los nuevos panteras rescataron a inmigrantes somalíes que estaban a punto de ser detenidos por los agentes enmascarados del ICE. Algunos videos los muestran fuertemente armados, rodeando a policías y lanzándoles: «Fuera de aquí», «siempre al servicio de los poderosos, ustedes». Las armas, dicen, son legales, en virtud de una enmienda de la Constitución que autoriza su porte para asegurar la autodefensa, el mismo argumento que utilizaban los panteras originales. «Volvimos para enfrentar la violencia del gobierno federal contra los pobres y los inmigrantes», dijo al diario The Philadelphia Inquirer el líder del capítulo local del movimiento, Paul Birdsong. «Si hubiéramos estado presentes en Mineápolis, no habría muerto nadie», afirmó también, en alusión al asesinato a balazos, el 7 de enero, de Renee Nicole Good, por un agente del ICE, un crimen que desató un nuevo movimiento de protestas contra la violencia policial en todo el país (véase «El enemigo interior», Brecha, 16-I-26). Good era poeta, tenía 37 años, y era blanca y estadounidense.

En un concierto en Nueva Jersey el legendario roquero Bruce Springsteen le dedicó a Good su canción «Promise Land» («Tierra prometida») y dijo del ICE: «Son como la Gestapo».

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Unos días después, el sábado 24, otro asesinato en Mineápolis a manos del ICE. Alex Pretti, un enfermero de 37 años, estadounidense sin antecedentes penales –igualito que Good–, fue literalmente asesinado a balazos por media docena de agentes mientras trataba de proteger a una inmigrante durante las protestas. Desde Filadelfia Paul Birdsong insistió: «Hay que defenderse. No pueden seguir pasando cosas así. Las víctimas son negras, hispanas, blancas, inmigrantes y no. Es una guerra contra los pobres y contra quienes los defienden».

El día anterior, precediendo a la movilización, una huelga general había paralizado la ciudad. Convocada por sindicatos y movimientos sociales, fue la primera en muchísimo tiempo y desbordó ampliamente a las estructuras políticas, en especial del Partido Demócrata, gobernante en la ciudad.

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Birdsong comenzó a reorganizar a los Panteras Negras en su ciudad poco después que en mayo de 2020 un policía asesinara en un procedimiento al afroestadounidense George Floyd. «Vimos que se estaba recreando el mismo clima de violencia social que predominaba en décadas anteriores y salimos a responder intentando reformular las mismas estructuras de respuesta», contó en otra entrevista. «El inicio de la segunda presidencia de Donald Trump ha sido muy violento en todos los sentidos. A nivel interno, los inmigrantes lo han sentido muy especialmente.»

En 2025 el ICE detuvo a un 75 por ciento más de personas que el año anterior, gran parte de ellas sin antecedentes penales. El gobierno se encargó de modificar las leyes para que la agencia pudiera actuar sin restricciones en las inmediaciones de hospitales, escuelas, lugares de trabajo, juzgados, oficinas de inmigración a las cuales los inmigrantes habían sido convocados. Se han denunciado también desapariciones, y los muertos en dependencias de la agencia fueron más en 2025 que en los cuatro años anteriores. La imagen de un nene de 5 años, Liam Conejo Ramos, detenido el viernes 23 en la puerta de su casa en una localidad de Minnesota cuando volvía de la escuela junto con su padre y trasladado por agentes enmascarados del ICE se ha vuelto ya un símbolo de la política migratoria de Donald Trump.1 Liam y su padre acabaron en un centro de detención en Texas, a más de 1.000 quilómetros de donde vivían, en espera de ser deportados.

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En Filadelfia, los panteras se refundaron en el mismo lugar, dice Birdsong, donde funcionó la sede local del movimiento en los setenta. Asegura igualmente haber estado en contacto con sobrevivientes de la organización original, que lo instruyeron y formaron. Otros grupos que se presentan como herederos, como el Nuevo Partido Pantera Negra o el Partido Pantera Negra Revolucionario, son «expresiones de un nacionalismo negro que no va con las intenciones de siempre del movimiento», apunta. «El Partido Pantera Negra por la Autodefensa, el que fundaron Huey Newton y Bobby Seale, era una organización internacionalista que se proclamaba aliada de los pueblos oprimidos, sin importar su origen étnico o cultural. Nosotros seguimos esa tradición.»

En Filadelfia, el movimiento está también en el origen, desde hace cinco años, de experiencias comunitarias que apuntan a «organizar a los de abajo», como merenderos o policlínicas, lo mismo que habían comenzado a hacer en Oakland, California, en 1966, Seale y Newton. Aquella iniciativa de los Panteras Negras llegó a extenderse luego de manera capilar por más de un centenar de ciudades en todo Estados Unidos, empoderando (el concepto todavía no existía o se usaba menos) a los más pobres. A fines de los sesenta el movimiento montó una red para dar desayunos gratis a miles y miles de niños (Free Breakfast for Children Program). Tan poderosa fue la movida que obligó a un Estado que no aseguraba lo mínimo a los sectores más pobres a crear programas de desayuno escolar.

Los panteras primigenios tenían un programa de reivindicaciones de diez puntos que abarcaba temas como vivienda, trabajo, salud o educación. «Hay nuevamente necesidad de algo así», dice Birdsong. Seale, Newton y Fred Hampton –otro de los referentes del partido, en Chicago– se decían socialistas, y no era raro que a los panteras se los viera distribuyendo el Libro rojo de Mao Tse-Tung o armando discusiones públicas sobre la guerra de Vietnam, Cuba o el pensamiento del anticolonialista martiniqués Frantz Fanon, el autor de Los condenados de la tierra o Piel negra, máscaras blancas, en boga por aquellos años (véanse «La memoria redescubierta de Frantz Fanon», 25-IV-25, o «La rebelión, y más allá», 5-X-24, entre otras notas sobre Fanon publicadas en Brecha). Bobby Seale contó en su momento que vendía el Libro rojo entre estudiantes universitarios de izquierda muy por encima de su precio en librerías para recaudar fondos, en especial para comprar armas.

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Cuando se le preguntó por la «política de género» en el grupo, Birdsong respondió que no era un tema que estuviera planteado. Es natural que haya mujeres y que tengan un espacio igual que los hombres, dijo. No era tan así en los panteras originales, a pesar de que más de la mitad de sus militantes eran mujeres y que eran ellas las que animaban principalmente los programas comunitarios. «Debimos casi que imponernos para ser respetadas en un movimiento en el que los principales referentes públicos eran varones, pero lo logramos», dijo años atrás Elaine Brown, una escritora y cantante que llegó a ser presidenta del partido entre 1974 y 1977. Angela Davis, Ericka Huggins, Kathleen Cleaver y Afeni Shakur (madre del rapero asesinado Tupac Shakur) fueron también símbolos de un «feminismo radical» y militante entonces en expansión.

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A Birdsong le preocupa que las agencias de seguridad intenten hacer con las panteras refundadas, que recién se están reestructurando y buscando implantarse en distintos estados, un trabajo de zapa –mezcla de infiltración, provocación, fomento de divisiones y represión sistemática– similar al que llevó a cabo el FBI en décadas pasadas. El director de la policía federal de la época, Edgar Hoover, consideraba a las Panteras Negras como «la mayor amenaza para la seguridad interna de Estados Unidos» y actuó en consecuencia. A fines de 1969 agentes del FBI asesinaron en su casa a Fred Hampton. El joven, que no pasaba de los 21 años, era un objetivo especialmente preciado porque había conseguido forjar una alianza –se llamó Coalición Arcoíris– entre los panteras, muy mayoritariamente negros, con un grupo de blancos pobres, los Young Patriots, y otro de jóvenes portorriqueños, los Young Lords, recordó en una nota reciente (21-I-26) el sitio Afroféminas. «Dispararon entre 90 y 99 balas contra el apartamento [en el que estaba Hampton]. Los panteras respondieron con una sola. Mark Clark, de 22 años, también fue asesinado. Documentos desclasificados posteriormente revelaron que el FBI había proporcionado un plano del apartamento a través de un informante infiltrado, William O’Neal, quien además había drogado a Hampton la noche anterior. Tras la redada, el FBI pagó a O’Neal una bonificación especial por sus servicios.» Muchos otros panteras fueron asesinados, algunos en circunstancias «muy oscuras», según rememoró la revista The Nation, y el movimiento acabó disolviéndose, entre divisiones y acoso del Estado, en 1982. «Hay que evitar que se repita algo así. Nosotros somos más agresivos», dice Birdsong, mientras recrea una de las consignas históricas del movimiento: «Todo el poder para el pueblo, ningún poder para los cerdos».

  1. El martes 27 Trump dijo que agentes del ICE serán enviados a Milán a los Juegos Olímpicos de Invierno, que comienzan el 6 de febrero, para «examinar y mitigar los riesgos que plantean las organizaciones delictivas transnacionales». «No son bienvenidos», dijo el alcalde progresista de la ciudad italiana. Igual irán. ↩︎

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