Desmantelar la hegemonía – Brecha digital
Abdulrazak Gurnah, premio nobel de literatura

Desmantelar la hegemonía

El escritor de Tanzania es el primer autor africano negro de ese país que recibe el Nobel de Literatura. Nació en 1948 en el archipiélago de Zanzíbar, emigró a Inglaterra  a los 18 años y se convirtió, con el tiempo, en profesor de literatura y escritor.  Y, aunque de joven no tenía expectativas ni ambiciones en torno a la escritura,  ha logrado incorporar al idioma inglés imágenes y saberes de otras culturas,  así como elementos lingüísticos del swahili, el árabe y el hindi.

La poeta Jila Mossaed, quien nació en Irán, pero emigró a Suecia hace muchos años, es la primera miembro de la Academia Sueca no nacida en el país y que no tiene el sueco como lengua materna. Ha dicho que la elección de Abdulrazak Gurnah como premio nobel es un reconocimiento al mundo literario que no escribe en inglés. La Academia Sueca, creada en el siglo XVIII por el rey Gustavo III de Suecia, es la que otorga este premio, el más prestigioso del mundo. Estos últimos años fue sacudida por una serie de escándalos que pusieron de manifiesto la cultura sexista y conservadora que la regía. Es que una academia casi enteramente compuesta por hombres, de la que tradicionalmente las mujeres fueron excluidas, ha creado una cultura que no es transparente y que mantiene en secreto sus decisiones y discusiones.

Sara Danius, secretaria de la academia, escritora y doctora en Filosofía y Literatura por las universidades de Duke y Uppsala, fallecida recientemente a causa de un cáncer, peleó una batalla para reformar la academia que no dio muchos frutos. Pero, como la Fundación Nobel puso condiciones y exigió reformas, para poder seguir otorgando el premio Nobel la academia se vio obligada a hacer algunos cambios. De todos modos, la elección, hace dos años, del escritor austríaco Peter Handke, que fue acusado de negar la masacre de Srebrenica y expresó públicamente su admiración por el criminal de guerra Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, mostró que la academia ha aplicado la máxima de El gatopardo, de Giuseppe Lampedusa: «Cambiar todo para que todo siga igual».

Durante varios años se ha nominado a escritores africanos, árabes y asiáticos, y las agencias de apuestas inglesas han apostado grandes sumas a su elección. El árabe Adonis, el coreano Ko Un, el hindú Salman Rushdie, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, el somalí Nurudin Farah y el keniano Ngugi wa Thiong’o han estado en las listas, y se creía que sería alguno de ellos a quienes les iba a tocar recibir el premio. Finalmente fue Gurnah, y su elección parece sugerir que la academia quiere cambiar su hoja de ruta y ayudar a descubrir escritores nacidos en la periferia del mundo occidental.

Gurnah escribe en inglés, pero sus obras pueden ser clasificadas como parte de la literatura poscolonial. Ese tipo de escritura identifica también a otros premios nobel, como Derek Walcott y V. S. Naipaul. Es una literatura de la periferia, escrita desde abajo. Son los colonizados descubriendo su propia voz y su propia lengua, a pesar de que usan, para su narrativa, la lengua del imperio. Lo más importante de Gurnah es que su compromiso con los más humildes, con quienes, como él, llegaron como refugiados, no implica un abandono estético de las formas literarias. Su narrativa no hace concesiones, nunca es panfletaria ni sencilla: está llena de matices, empatía y calor.

Paradise, Desertion, Afterlives y Admiring silence son libros de Gurnah que han sido elogiados por los críticos, pero no lo han vuelto un autor popular. En Tanzania muy pocos lo conocen, y algunos periodistas que intentaron entrevistar a vecinos y parientes no tuvieron mucho éxito. Es un escritor de la diáspora africana, del mundo de quienes huyen de la guerra y la miseria, de quienes se escapan de un continente condenado a las hambrunas, los genocidios y la explotación; una voz africana que escribe en inglés, pero describe las condiciones de vida de un continente que todavía se debate en las sombras del colonialismo.

Gurnah se niega a dejarse clasificar y no quiere que se hable de él como un escritor poscolonial, pero la academia le reconoció esa cualidad en el discurso del secretario que lo anunció. Un premio Nobel para un mundo que vuelve a descubrir la diferencia, la polifonía de la que hablaba Mijaíl Bajtín. Un premio Nobel para las voces secretas y olvidadas de quienes están siempre afuera de los salones.

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