Drogas duras

Se trata de un subgénero de juegos muy específico: el Rpg de mundo abierto. Allí el jugador es introducido a un universo en el que puede interactuar de maneras muy variadas, ya sea luchando, trabajando, o conversando con los miles de personajes que habitan ese mundo.

Quienes hayan incurrido en usar videojuegos de la compañía Bethesda Game Studios como los exitosos The Eldest Scrolls V: Skyrim o Fallout 4 pueden llegar a entender la magnitud del problema. Se trata de un subgénero de juegos muy específico: el Rpg de mundo abierto. Esto significa que el jugador es introducido a un universo en el que puede interactuar de maneras muy variadas, ya sea luchando, trabajando, o conversando con los miles de personajes que habitan ese mundo. Se podría decir que son varios juegos dentro de uno, ya que se asiste paralelamente a diversas instancias y modalidades: de a ratos son de exploración y descubrimiento, por otros de comercio y diplomacia, a veces pura acción, a veces toca entrar en una fiebre constructora. No son juegos lineales, una infinidad de misiones –Skyrim tiene concretamente 244, sumando las principales y las secundarias– se presenta, aunque la amplia mayoría de ellas no sean obligatorias (aunque nunca se señala cuáles lo son y cuáles no). Una partida en cualquiera de estos juegos puede insumir tranquilamente 80 horas, y hay quienes luego de dedicarles 400 aseguran que continúan descubriendo nuevos elementos en ellos.

Hace diez o quince años se pensaba que el tiempo que insumía un videojuego y su “adictividad” eran atributos favorables. Pero para mucha gente hoy parece ser una verdadera maldición, y tal es el caso de un ruso de 28 años, oriundo de la ciudad de Krasnoyarsk, en Siberia. Según informa Russia Today, luego de comprar el Fallout 4 y de descargarlo a su computadora se pasó jugándolo ininterrumpidamente durante tres semanas. Como resultado inmediato dejó de tener vida social, su novia lo abandonó, y por ausentarse reiteradas veces del trabajo terminó despedido. Además, según su testimonio, su salud comenzó a deteriorarse por la mala alimentación y el sueño salteado.

El damnificado interpuso una denuncia por daño moral contra Bethesda por haber diseñado un juego “demasiado adictivo”, en la cual exige a la compañía un pago de medio millón de rublos (6 mil euros) de compensación por no haber incluido una advertencia respecto del potencial adictivo del juego. Su idea en un principio había sido jugarlo un par de noches, pero ese lapso se extendió en demasía: “Si hubiese sabido que este juego podía volverse tan adictivo habría sido mucho más cauteloso, no lo habría comprado, o lo habría reservado para las vacaciones”.

Si bien en Rusia no existían precedentes para el caso y aún no se sabe qué podría decidir la justicia, este tipo de denuncias no son tan poco comunes, aunque generalmente suelen ser desestimadas. Una de las que más lejos llegó fue atendida en 2010 por un juez federal de Estados Unidos: el demandante esa vez fue un hawaiano, adicto al videojuego Lineage II. No hubo compensación económica, pero como resultado el juez ordenó a la compañía NCsoft de Corea del Sur que pagara los honorarios legales que el demandante había acumulado en los seis meses que había insumido el proceso.

Los que sí han resonado en los últimos años han sido los casos de muerte por excesos de este tipo. Sin ir más lejos, en marzo de este año un joven taiwanés de 24 años falleció en un cibercafé luego de haber jugado al World of Warcraft durante 19 horas seguidas.

Si bien es cierto que las advertencias difícilmente persuadan a los gamers de internarse en sus queridos juegos, también es cierto que ellas deberían de existir, visto y considerando que no necesariamente un videojuego puede ser menos dañino que una caja de cigarrillos. Y si terminar una partida puede insumir unas 100 horas de vida, bueno sería saberlo de antemano.

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