Las nuevas acusaciones de estupro contra Evo Morales

El abuso

El gobierno de Jeanine Áñez acusó al expresidente boliviano Evo Morales de crímenes sexuales contra dos menores de edad. Las principales pruebas presentadas son una declaración y fotografías de una de las presuntas víctimas de Morales que, expuesta y desoída, afirma haber sido presionada y amenazada por la Policía de Áñez. Al exmandatario su pasado no le juega a favor.

Evo Morales durante una conferencia de prensa en Buenos Aires, el 24 de agosto. AFP, Ronaldo Schemidt

Según las autoridades bolivianas, N. M., de 19 años, fue detenida en un auto junto con su hermana Gladys y otro familiar el 12 de julio, en un operativo que tenía como fin capturar a Gladys por su presunto vínculo con la organización de bloqueos de carretera para protestar contra la postergación de las elecciones. La Policía requisó los celulares de ambas mujeres y en el de N. M. encontró, según afirma, fotos suyas con Evo Morales. Tras un interrogatorio, se confeccionó una declaración en la que la muchacha asegura que mantiene un noviazgo con el expresidente y que esa relación empezó cuando ella ya era mayor de edad, aunque también manifiesta haber sido su amiga desde 2015.

Gladys fue enviada a la cárcel y N. M. quedó bajo detención domiciliaria. Mientras tanto, desde el 9 de agosto un articulista del medio español OK Diario, vinculado a Vox, difunde en las redes la mencionada declaración, el nombre completo, selfies, chats y hasta documentos de identidad de N. M. y la llama «víctima pedófila de Evo Morales». Tras esa filtración, los datos personales de la muchacha comenzaron a circular ampliamente en Internet y en medios bolivianos.

El jueves 20, el Ministerio de Justicia boliviano presentó, como institución, una denuncia en tribunales contra Morales por estupro. Luego añadió a la demanda las figuras de abuso sexual y trata de personas. Este lunes el Ministerio de Transparencia presentó otra denuncia contra el exmandatario, en la que lo acusa de haber tenido una hija con otra menor de edad en 2016. El jueves, en una conferencia de prensa, la presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, llamó a Morales «abusivo depredador de niñas, de inocentes», y dijo que la gente de su partido es «una pandilla de encubridores» y que el exmandatario merece «una sanción inmediata».

EL MAS

Por su parte, la oficina de prensa de Morales en su exilio bonaerense manifestó al comienzo de esta semana que «el expresidente no opinará sobre la guerra sucia del gobierno de facto creada con fines electorales». El secretario de la Federación Sindical Única de Campesinos de Cochabamba, principal puntal del masismo en ese departamento, dijo a Brecha (véase en este número la nota de Fabián Kovacic) que, si bien su organización no cree en las acusaciones, es la Justicia la que debe determinar su verdad o su falsedad.

Este lunes, el Movimiento al Socialismo (MAS) ratificó a Morales como su jefe de campaña. Ese mismo día, su candidato a presidente, Luis Arce, exministro de Morales, dijo a la prensa: «[El asunto] no involucra al MAS ni a su binomio presidencial. Es un tema que corresponde al ámbito privado. Habrá un acusador que presente pruebas y un acusado que se defienda. Es un ámbito personal, individual». En el mismo sentido se pronunció frente a los medios su correligionaria Eva Copa, presidenta del Senado.

ELLA

N. M. se escapó de su detención domiciliaria a poco de comenzada la filtración de sus datos a los medios. Gracias a la ayuda de un militar cercano a Morales, dice el gobierno, se fue con sus padres a Buenos Aires. Desde allí envió, el viernes 21, una larga carta a la Defensoría del Pueblo de Bolivia, en la que pide ayuda por estar «en una situación muy delicada psicológica y emocionalmente». Afirma que, al contrario de lo declarado por las autoridades, fue detenida en su casa, el 6 de julio, en un operativo de 15 policías de las fuerzas especiales: «Me acusaron de ser cómplice de sedición y terrorismo bajo órdenes de Evo Morales. Señora defensora, he sido víctima de acoso policial. Eran varios policías que en todo momento me tildaban de mentirosa, me insultaban, me decían malas palabras, se reían de mí, me decían que diga que “eres su chica de Evo”, que “viajaste a México y Argentina”. Me dijeron que si no decía todo lo que ellos me imponían, me iban a procesar por sedición y terrorismo. Me obligaron a declarar bajo presión, sin abogado, sólo los agentes y la Policía. En ese momento me sentí mal, amenazada y acosada. Lloré mucho de impotencia».

En un centro de detención en Cochabamba, asegura, otros siete policías le tomaron fotos y le volvieron a requisar el celular: «Nos revisaron ahí, nos revisaron todo el cuerpo. Me sentí humillada y maltratada. Después llegó el teniente Alarcón, me sacó a mí sola de las oficinas y me dijo: “Mentirosa, te van a enviar a la cárcel, donde está tu hermana”. Por la noche nos trasladaron a la Fiscalía de Sacaba, donde nos acusaron por delitos de funcionarios públicos, siendo que mi hermana y yo nunca hemos sido funcionarias públicas y no entendíamos lo que pasaba». Más adelante agrega: «Un periodista de acento extranjero amenaza con publicar un material que le dio la Policía, fotografías y conversaciones que supuestamente habrían encontrado en mi celular, pero mi celular lo tiene la Policía. La Policía y el Ministerio de Gobierno han difundido información, tergiversándola, mintiendo y manipulando mi información privada para montar audios y fotografías». «Con un ataque contra mi vida, han expuesto mi privacidad y mi dignidad como mujer. Temo mucho por mi seguridad y la de mi familia. Acudo a usted por temor por mi propia vida y también la vida de mi familia, quienes también son víctimas de este acoso diario, institucional y mediático que empezó con una detención ilegal», añade.

BOTÍN DE GUERRA E IMPUNIDAD

«La situación se ha convertido en un botín electoral. Estamos viendo el proceso de destrucción de la vida de una joven por el simple hecho de que sirve para destruir a Evo Morales», dijo la referente feminista boliviana María Galindo a El País de Madrid este martes, 25 de agosto. Señaló que la acusación actual es una construcción del Ministerio de Gobierno boliviano: «Eso no quiere decir que este delito no existe, sino que la filtración llega directamente desde el ministerio. Y eso es un delito, porque esos expedientes, en España como en Bolivia, deben cuidarse para proteger la identidad de la víctima».

Galindo también recuerda que existen «filmaciones de discursos de Morales en los que afirma su gusto por las menores, en contextos como los cabildos populares, en los que siempre actuó con total impunidad y cinismo». La más recordada es su declaración de 2011, cuando le preguntaron si pensaba seguir en el poder mucho tiempo más: «Yo dije alguna vez que acabo mis años de gestión con mi cato [plantación] de coca, mi quinceañera y mi charango». Pero las «bromas» misóginas y homofóbicas del exmandatario alcanzan para antologías, como apunta la revista feminista boliviana Muy Waso.

El periodista boliviano Fernando Molina recordó en El País que Morales ya se vio envuelto en varios escándalos por su vida personal, entre ellos, su reticencia a reconocer a sus dos hijos nacidos en los noventa y el caso de Gabriela Zapata, una mujer que a los 19 años también fue novia del expresidente, según confesó el propio Morales. Zapata fue condenada en 2016 por enriquecimiento ilícito a través de contratos con el gobierno. En aquel momento, la oposición también acusó a Morales de haber cometido estupro al comienzo de la relación cuando ella era menor de edad, extremo que nunca pudo ser probado en tribunales mientras Morales dirigió Bolivia.

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