El arte que el aula pronuncia – Brecha digital

El arte que el aula pronuncia

Centenas de estudiantes en la plaza de Santa Lucía inquietan mucho menos que docentes que, estén donde estén, desconfían de la expresión artística. El proyecto Proarte ya les probó a 200 de ellos que producirlo y disfrutarlo previene la anemia pedagógica. Victoria Espasandín explicó a Brecha de qué se trata.

Pintada de vereda en liceo de Cerro Colorado / Foto: Gentileza V Espinos

¿Cuándo comenzó este proyecto del Consejo Directivo Central de la Educación (Codicen), del cual sos coordinadora académica?

—En 2011, ideado por el profesor y ex presidente del Codicen José Seoane. Nos definimos como un proyecto transversal de innovación educativa que generaliza la experiencia artística y creativa en todos los subsistemas de la Administración Nacional de Educación Pública, o sea, Primaria, Secundaria, Educación Técnica y Formación Docente.

Campo inabarcable.

—Sí, la intención es fortalecer lo que ya vienen haciendo mediante talleres de producción artística y concurrencia a espectáculos, además de articulaciones con entidades y manifestaciones culturales externas a los centros educativos. No partimos de cero, los bachilleratos artísticos en Secundaria trabajan desde hace ocho o nueve años, y a nivel de inspección de ese y otros subsistemas existe un área artística consolidada.

¿Cómo financian su actividad?

—Con algunos recursos propios y mucha articulación, potenciada por la libertad con la que nos vinculamos con agentes externos al sistema. En Montevideo uno de nuestros socios principales es el programa Esquinas de la Cultura, de la Intendencia, y en Canelones la División Juventud de la Comuna Canaria; con ella organizamos, por ejemplo, un encuentro de bachilleratos artísticos que reunió a 400 participantes. Y varios estudiantes que presentan proyectos a Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura lo hacen con una carta de Proarte que avala el compromiso de que, si resultan seleccionados, volcarán parte de lo que plantean en su centro educativo. Este año coordinamos con docentes de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático la incorporación de talleres de arte escénico en encuentros de bachillerato artístico, y con la Escuela Nacional de Danza tenemos un acuerdo similar. Publicamos la guía para padres, educadores y niños El títere en el aula (Impresora Tradinco, 2014), realizada por Beatriz Pérez, Gustavo Martínez y Raquel Ditchekenian, que es un verdadero libro-objeto, a todo color, en papel satinado e ilustraciones estupendas (me obsequia uno y verifico que no miente).

Cuatro años de experiencia habrán afinado, entre otras cosas, la demanda.

—Bueno, los docentes demandaron con tanta vehemencia espacios de actualización en formación artística que revocamos la opción, mantenida durante dos años, de trabajar sólo con estudiantes.

¿Los estudiantes qué demandaron?

—Los estudiantes de ayer y hoy se prenden a cualquier estímulo que sientan genuino. Hace poco organizamos, con el Plan Ceibal, una videoconferencia con la actriz de la Comedia Nacional Florencia Zabaleta, que llegó a ocho escuelas de Canelones. En un momento preguntó quién había asistido alguna vez al teatro, y de un grupo de 30 escolares sólo uno levantó la mano; esto integra una de nuestras estrategias, consistente en acercar a artistas reconocidos a los centros educativos que los formaron, para que compartan su vida y su obra.

¿Cómo respondieron a la demanda docente?

—Este año realizamos la tercera jornada de pedagogía audiovisual, hubo dos de arte escénico y educación, y dos de educación musical. La charla sobre el archivo de imágenes que el fotógrafo Aurelio González escondió de la dictadura, coordinada con el Centro Municipal de Fotografía, estuvo repleta de docentes, y a otra de nuestras convocatorias concurrieron 200, de todo el país.

En tanto se definen como proyecto de innovación educativa, ¿dónde perciben que innovaron?

—Vencimos resistencias docentes.

¿Hay docentes capaces de oponerse al arte?

—Más de los que desearíamos. Por suerte también son susceptibles a los resultados, una vez que se permiten conocerlos. Nos pasó en una escuela técnica de Vista Linda, un barrio de Las Piedras, al que llegamos con el colectivo Pintando Veredas, que ha trabajado hasta con 300 gurises. El director del centro no quería que pintáramos dentro, pero tampoco la vereda de acceso al local. Terminamos abordando una vereda lateral, con 70 chiquilines que participaron en un clima de absoluta colaboración y compromiso. Esto aleccionó no sólo a ese director, sino que contribuye a desterrar el prejuicio, rastreable en algunos ámbitos educativos, de que el arte es refugio para quien no quiere estudiar.

Pero la educación artística es un vector programático, hace años, del Ministerio de Educación y Cultura.

—Claro, pero eso no asegura su apropiación urbi et orbi. El sistema educativo, y el social, son muy grandes.

1. Integrado, además de Espasandín, por la asistente académica en comunicación visual y plástica Alicia Musante y los asistentes académicos Adriana Santos (música), Fabián Severo (letras), Leticia Ehrlich (artes escénicas), y las gestoras territoriales Inés Lasida, Valeria Tarmesano y Mary Estévez (www.anep.edu.uy/proarte/).

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