El asedio recrudece - Brecha digital

El asedio recrudece

“Omar”, el personaje que da nombre a esta película palestina, planea junto a sus amigos un atentado: para algunos un repudiable acto terrorista y para otros un heroico acto de resistencia.

Omar. Palestina, 2013.

Omar es un joven palestino que vive una cotidianidad por todos conocida. Para él ya se ha vuelto asunto de rutina saltar un muro de ocho metros construido por los israelíes hace una década, esquivar balas y ser hostigado por las tropas de ocupación y sus abusos continuos. Pero este aspecto no se encuentra especialmente enfatizado sino que se muestra de soslayo, precisamente como un aspecto más de su devenir diario. Sin mediar explicación, Omar, junto a dos amigos más, deciden hacerse de un arma y perpetrar un atentado, asesinando a un soldado israelí. La película1 no plantea un discurso ni toma una posición al respecto, simplemente se expone el hecho, por lo que cada espectador decidirá verlo a su manera: quizá como una acción de inconciencia extrema, o como la reacción lógica a una situación desesperada, tal vez como un repudiable atentado terrorista o, por el contrario, como un heroico acto de resistencia. De cualquier manera, el hecho desencadenará una situación nefasta para los tres muchachos y sus allegados.

La película instala una creciente atmósfera de paranoia, un ambiente de cautela total; una vez presentado el cuadro, casi todos los personajes comienzan a sospechar hasta de sus amigos más cercanos. Este clima lo vivió el director en carne propia varias veces en Palestina, y según cuenta, se trata de un sentimiento generalizado y prácticamente arraigado en la sociedad. Las fuerzas del Mosad obligan bajo amenazas a muchos jóvenes palestinos a servirles como informantes y a “infiltrarse” entre los suyos para espiarlos, inoculando de esta manera en la población el germen de la desconfianza y el miedo al prójimo. Pero quizá el mayor acierto del director neerlandés de origen palestino Hany Abu-Assad (La boda de Rana, El paraíso ahora) haya sido vincular en el libreto este sentimiento de paranoia, propio de una situación de asedio, con la paranoia de una relación amorosa incipiente. Así, un sentir universal se vincula hábilmente con otro similar, específico del contexto. En una notable entrevista realizada por el sitio web Cuadernos de Oriente Medio explicó: “Te enamoras porque estás inseguro. Crees que el otro es tan bueno…, es mejor que tú, quieres ascender. Por esto es por lo que te enamoras, pero es lo que te hace caer en la paranoia, porque te pones a ti mismo en una posición más baja. Nadie se enamorará de alguien que piense que está en una posición más baja como persona, créeme, una de las condiciones del amor es que te pones por debajo del otro. Al principio del amor tienes esta tensión y cada movimiento del otro te provocará paranoia. Cada Sms que te llegue, cada cara que te haga pensar que no está enamorado o enamorada de ti, que quizás tenga a otro o a otra… Esta paranoia es muy familiar y es un fenómeno universal en nuestros días”.

Abu-Assad afirma haberse nutrido e inspirado en tres tradiciones de thrillers: la estadounidense (Sidney Pollack, por ejemplo), la francesa (principalmente Jean-Pierre Melville) y la egipcia, muy poco conocida en Occidente. Así, reconoce un humanismo muy particular en esta última, destacando películas como Al-Karnak (Ali Badrakhan, 1975) y A man in Our House (Henry Barakat, 1961). Bebiendo de estas influencias, se despliega una imponente obra de cine social y político, pero también una historia de amor y un drama, dotado a cada minuto de la tensión incómoda propia de esta triple tradición de thrillers.
Omar es una película financiada en un 95 por ciento por capitales palestinos, rodada principalmente en Cisjordania por un equipo mayoritariamente palestino, y se ha llevado un buen puñado de premios en festivales (Cannes, Dubai y otros), además de haber sido nominada a mejor película extranjera para los Oscar de este año. Llegando a un gran público, Abu-Assad ha logrado echar luz hábilmente sobre una situación insalubre, acuciante como pocas. Y con el pulso propio de las mejores películas de género.

1. Omar. Palestina, 2013.

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