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Esta semana se cumplieron 27 años del golpe de Estado que el actual presidente de Burkina Faso, Blaisé Compaoré, dio contra quien fuera durante mucho tiempo su mejor amigo, Thomas Sankara.

Thomas Sankara

Compaoré y Sankara se conocieron en 1978, en la Escuela de Instructores Paracaidistas de Rabat. Ambos militares de carrera, entrenados en su tierra, Alto Volta, y en Francia. Se hicieron amigos, hermanos, teniendo mucho por compartir.
Ambos lideraron la revolución de 1983, Sankara fue detenido y una multitud salió a las calles a exigir su liberación. El 4 agosto las tropas lideradas por su compañero Compaoré irrumpieron en Ouagadougou; Sankara fue liberado e investido presidente por el mismo Compaoré. Un año después, Sankara cambió el nombre de Alto Volta por el de Burkina Faso, que quiere decir “tierra de los hombres íntegros”. También compuso el himno, que tiene como título “Une seule nuit”, en relación con la noche del 4 de agosto, que unió a Burkina Faso con el resto del mundo libre. Una frase de su primera estrofa menciona a “la maldad cínica metamorfoseada en el neocolonialismo y sus pequeños sirvientes locales”. Sankara era marxista, católico, militar, una mezcla heterodoxa para un hombre con voluntad férrea y sensibilidad de poeta.

En un discurso pronunciado en la Asamblea General de la Onu, el 4 de octubre de 1984, reflejó en parte su profundo humanismo: “Hablo en nombre de los millones de seres humanos que viven en guetos porque tienen la piel de color negro o porque provienen de distintas culturas, y gozan de un estatuto apenas mejor que el de un animal. Sufro por los indios que fueron masacrados, atropellados, aplastados, humillados y confinados desde hace siglos en reservas, con el fin de que no aspiren a ningún derecho y de que su cultura no pueda enriquecerse con otras, incluida la del invasor. Lloro por aquellos que fueron echados del trabajo por un sistema estructuralmente injusto y periódicamente delirante. (…) Hablo por las mujeres del mundo entero que sufren por un sistema de explotación machista”.

En sus cuatro años de gobierno, Sankara empezó a cambiar el país profundamente. Los ministros dejaron de cobrar fortunas, la corrupción de la burocracia disminuyó, dos millones y medio de niños fueron vacunados, se prohibió la importación de ciertos productos como forma de promover la industria local, entre muchísimas otras cosas. Proclamaba la igualdad de la mujer, y no comprendía el triunfo de la revolución sin ella. Probablemente la mayor herencia de su gobierno haya sido que la escolaridad aumentó del 10 al 25 por ciento. Sankara jamás usó el aire acondicionado que había en su residencia, alegaba que tamaño lujo no era accesible para ningún burkinabé y por ende tampoco para él (y esto en un verano de 40 grados).

Sankara y Compaoré comenzaron a tener profundas discrepancias con respecto al futuro de Burkina Faso. Compaoré no estaba de acuerdo con los cambios que Sankara estaba haciendo; y eran los años ochenta, por lo que no sorprenden las afirmaciones de que la Cia tuvo algo que ver en esa traición. Mariam Sankara y sus hijos denunciaron su asesinato ante el Comité de Derechos Humanos de la Onu, pero el caso se cerró en abril de 2008 sin haberse realizado investigaciones concluyentes.

Blaisé Compaoré sigue siendo presidente de la tierra de los hombres incorruptibles. Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia, capitán Thomas Sankara.

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