El cuento del almacenero - Semanario Brecha
Libros. Edición crítica de Los Adioses

El cuento del almacenero

Los adioses, de Juan Carlos Onetti. Edición de Pablo Rocca. Cátedra, Madrid, 2025. 176 págs.

El basquetbolista más famoso de toda la literatura uruguaya no tiene nombre, padece de tuberculosis, vive una farragosa relación con dos mujeres y ha quedado para siempre fijado en las pocas páginas –73 en la cuidada edición de Cátedra que acá se comenta– de la nouvelle Los adioses, ese libro que arranca con una vaga expresión de deseo del narrador también innominado («Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actualidad desinteresada.») y que fuera originalmente publicado por la editorial Sur, de Buenos Aires, en un delgado volumen en octavo, con tapas amarillas de cartulina rústica, terminado de imprimir por la imprenta López el 11 de junio de 1954.

Cuatro años antes de la aparición de Los adioses, Juan Carlos Onetti había hecho surgir a pleno la ciudad de Santa María en las páginas de La vida breve, espacio al que volvería nueve años más tarde para narrar las particularidades de un entierro, entre otros asuntos, en Para una tumba sin nombre. Debido al momento de su aparición, Los adioses no deja de ocupar un espacio atípico en el corpus onettiano, pues, como señala Pablo Rocca en el profuso comentario introductorio a esta edición, significó «un desvío que confundió y confunde a quienes creen en los rigores de las cronologías o los que piensan que para un autor existen los planes rígidos, sin transiciones creativas». El único plan que importa, desde luego, no es otro que el del genio creador.

Aunque nunca es mencionada de forma directa, la acción de Los adioses transcurre en la provincia argentina de Córdoba, entre cuyas sierras se encuentra el hospital para tuberculosos al que llega el basquetbolista sin nombre y cerca de donde tiene su almacén con despacho múltiple el narrador de la historia. La precisión geográfica, que Rocca fija al inicio del cuerpo de notas al pie, tiene su importancia no solo para determinar el marco espacial de los hechos, sino debido a ciertas particularidades del lenguaje oral de los personajes. Pero más importante que eso es la densidad que adquiere la voz narradora, que arma una historia con retazos, atando cabos y alambicando suposiciones a partir de lo visto con sus propios ojos y a través de la mirada de otros pocos personajes. Así, párrafo a párrafo, página tras página, se desarrolla una trama surcada de elipsis y de pasos en falso sobre el terreno de los hechos, de conjeturas a partir de episodios mínimos y de conclusiones definidas al calor de conversaciones, en un discurso en el que el narrador, una lograda decantación de muchos narradores faulknerianos, relata, recrea y también fabula, llegando a afirmar en un momento que «es cierto que yo estuve buscando modificaciones, fisuras y agregados, y es cierto que llegué a inventarlos».

Esta edición crítica de Los adioses constituye una más que bienvenida actualización de un libro sobre el que mucho se ha escrito. En la introducción (que sumada a las notas al pie ocupan casi dos terceras partes del volumen), Pablo Rocca traza una trayectoria biográfica del autor (pródiga en detalles vitales y editoriales), aborda el contexto de aparición del libro (la vinculación de Onetti con Victoria Ocampo y el ecosistema de Sur) y establece los criterios de esta edición, incorporando correcciones que el propio novelista fijara en un ejemplar que le remitiera a Idea Vilariño, a quien está dedicada la nouvelle. Finalmente, bajo el título «Media vuelta de tuerca», el libro suma a modo de apéndice un breve texto de Onetti, surgido a partir de ciertas consideraciones hechas en su momento por el crítico alemán Wolfgang Luchting (en discrepancia con una afirmación de Emir Rodríguez Monegal sobre la obra, aparecida en Literatura uruguaya del medio siglo, en 1966), que arroja una nueva y perturbadora luz sobre el final de Los adioses. Corresponde al lector curioso averiguarlo.

Artículos relacionados