El cyberbullying es negocio

La app Yik Yak se ha vuelto más popular entre los universitarios que Facebook y Twitter ya que ofrece anonimato y filtra los mensajes por cercanía, de manera que los alumnos pueden enterarse de todos los chusmeríos y noticias de su facultad.

La aplicación del búfalo

Durante un recreo en un curso de filosofía en la Universidad de Michigan, una asistente académica se acercó a la profesora y le pidió, con preocupación, que mirara su celular. Con el dedo empezó a descender por la pantalla y descubrió que mientras dictaba la clase unos 250 alumnos habían estado compartiendo en la web cientos de burlas e insultos contra ella, la mayoría sexualmente humillantes.

La profesora quiso iniciar una demanda legal pero no tuvo suerte porque todos los mensajes eran anónimos. Los alumnos habían usado Yik Yak, la red social de moda en los campus universitarios de Estados Unidos. La aplicación sirve para redactar y ver mensajes (denominados “yaks”, un animal similar al búfalo que habita en el Himalaya) sólo de personas que están en un radio de 16 quilómetros en torno al usuario. Yik Yak se ha vuelto más popular entre los universitarios que Facebook y Twitter ya que ofrece anonimato y filtra los mensajes por cercanía, de manera que los alumnos pueden enterarse de todos los chusmeríos y noticias de su facultad.
La contracara es que bajo la preservación de la identidad, Yik Yak facilita el cyberbullying, la discriminación, e incluso las amenazas de bombas en las universidades. Los casos se multiplicaron, lo que obligó a que sus creadores tomaran algunos recaudos. Por ejemplo, si alguien escribe “judío” o “bomba”, automáticamente se abre una ventana que advierte al usuario sobre las potenciales consecuencias legales que puede tener enviar una amenaza o un mensaje discriminatorio. Se trata solamente de un freno psicológico porque todo queda a criterio de la persona. La aplicación pregunta si el post es “sano” o no, y si el usuario pulsa “sí” puede continuar como si nada. En algunos casos la empresa colaboró para detectar de dónde partió una falsa alarma de bomba. De todas maneras, salvo que exista una amenaza de violencia terrorista, los desarrolladores de Yik Yak apuestan a una auto regulación de dudosa efectividad. Son los propios usuarios lo que votan si un post está “sano” o no. Y si un mensaje recibe demasiados puntos negativos, sale de la web.

Sin embargo, la flexibilidad para regular los contenidos no aplica para todo tipo de mensaje. El mes pasado se supo que la empresa aplicaba tolerancia cero con los posts que mencionaran a sus competidores. Así, si un usuario quería recomendar una aplicación similar a Yik Yak, la propia compañía se encargaba de sacarlo de circulación. A un año de su salida, la aplicación está valuada en 350 millones de dólares. Y como se sabe, con la plata no se juega.

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