Es el misterio de cómo un artista tan refractario a las lógicas del mercado y desconfiado de las instituciones logró convertirse en referencia emocional para sectores sociales que, en apariencia, no tienen nada en común. En el amor por su poesía conviven obreros y profesionales, marginales y empresarios, presos y vecinos en alerta, estudiantes y jubilados, habitantes de los márgenes urbanos y de los barrios acomodados. Pocos fenómenos culturales (¿cuál?) han conseguido reunir bajo una misma liturgia a públicos tan diversos sin hacer ningún esfuerzo por borrar las diferencias. Así, mientras la Argentina de los noventa se fragmentaba y tribalizaba, el universo ricotero se consolidaba como un territorio extraño en el que las fronteras parecían suspenderse. ¿Cómo lograron que millones de perso...
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