El espectáculo más triste: el incendio más grande - Brecha digital

El espectáculo más triste: el incendio más grande

El brasileño Mauro Ventura se decidió a investigar sobre el incendio del circo en Niteroi donde murieron cerca de 500 personas y todo acabó en un libro, “O espetáculo mais triste da Terra: o incêndio do Gran Circo Norte-Americano”.

O espetáculo mais triste da Terra

“Como todo en Brasil, no había registro”, dice Mauro Ventura. Mauro no era nacido en 1961, cuando tuvo lugar el incendio del circo en Niteroi donde murieron cerca de 500 personas, en su mayoría niños, pero creció escuchando versiones de esa tragedia. Hace un par de años se decidió a investigar y todo acabó en un libro, O espetáculo mais triste da Terra: o incêndio do Gran Circo Norte-Americano. Debía ser en Brasil, más grande en todo, pero la historia llama también a la metáfora tal vez porque en cualquier circo existe una tristeza escondida.

El 17 de diciembre de 1961, cuando faltaban sólo veinte minutos para finalizar el espectáculo, una trapecista vio el fuego y dio la alarma. En instantes el circo ardía, la lona del techo se desplomó sobre la pista y las gradas, ocupadas por 3 mil espectadores. No había extintores y la única salida estaba obstruida por unas bancas. Era una trampa perfecta. Un pedazo de plástico ardiendo cayó sobre el lomo del elefante, que enloquecido disparó y en su camino aplastó a varias personas, pero abrió también un agujero en la lona por donde muchos pudieron escapar y salvarse. Al otro día todo estaba destruido, y a partir de entonces las bajas entre los quemados siguieron aumentando el número de muertos.
“La noticia conmovió al mundo –dice Ventura– y produjo una reacción globalizada antes de la globalización.” El papa Juan XXIII dio una misa por los muertos y envió un cheque para ayudar a las víctimas; la actriz Gina Lolobrigida donó sangre. El caso más notorio fue el del cirujano plástico Ivo Pitanguy, que se dedicó a curar a las víctimas. Su protagonismo creció con el hecho hasta convertirlo en una celebridad, pero también creció la cirugía plástica en Brasil. “Él mismo decía que la tragedia fue un parteaguas en la ciencia plástica en el país”, opina Mauro.

El periodista entrevistó a 140 sobrevivientes, muchos de los cuales perdieron a sus hijos o a su familia entera ese día. “Hubo suicidios y muchos se volcaron a alguna forma de espiritualidad”, dice. El más notorio fue un personaje carioca, José Datrino, más conocido como “Profeta Gentileza”, una especie de santón que recorrió Brasil durante el resto de su vida predicando contra los males del capitalismo. Decía que había perdido a su familia en el gran incendio del circo y que entonces abandonó su fortuna y se dedicó a predicar. “Lo primero resultó no ser cierto –dice Ventura–, lo segundo sí. El hombre era un empresario y de un día para otro dejó todo. Unos dicen que tuvo una revelación, otros lo explican psicológicamente.”

La otra controversia fue también moral: quién era el culpable de tanto dolor. La historia oficial sindicaba a un joven trabajador que había sido contratado para levantar la carpa y casi inmediatamente despedido. Tenía antecedentes de hurto y una afección mental. Había estado rondando el circo en esos días, había intentado entrar a la función sin éxito y había gritado que se vengaría. Todo propiciaba a convertirlo en un chivo expiatorio de la gran tragedia. Acabó preso, acusado de iniciar el incendio junto a dos cómplices. Mauro Ventura dice que al principio creyó que era inocente porque el hombre escapó de la cárcel pero fue muerto por la policía, acribillado de 13 balazos. “¿Por qué tanta saña, no bastaba con una, dos, tres balas? Eso me hizo pensar en un silenciamiento efectivo” Sin embargo, al final de su investigación quedó pensando que sí debió ser él. “Una investigadora que me ayudó con el libro cree que fue un cortocircuito, porque las instalaciones del circo eran extremadamente precarias; yo creo, en cambio que fue intencional. Así que, aún hoy, quienes compartimos la investigación discrepamos en eso. De cualquier modo en el libro dejamos el final abierto, ya que no hay pruebas suficientes para decidir sin dudas.” Diríase que la historia tiene todos los ingredientes para una novela: el dolor, la ambición, la injusticia, el saber, la sed de trascendencia, la fama, a la que toda ficción aspira; pero en realidad esa es otra metáfora para decir o entender la vida, que es a su vez la aspiración final de la ficción y del arte en general.

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