El fútbol, la crisis de la utopía y lo transitorio - Semanario Brecha

El fútbol, la crisis de la utopía y lo transitorio

“La política en ninguna medida ha sido agente directo ni indirecto en toda esta cuestión”, aclara el presidente de la República a la hora de hablar sobre la campaña de los futbolistas celestes en Sudáfrica.

El rol del fútbol en un mundo en el que la utopía y el boliche se han vuelto anacrónicos, la dificultad de la izquierda rioplatense para comprender algunos fenómenos populares de masas, y la importancia del “sacudón” que generaron los dirigidos por Tabárez, estuvieron presentes en este diálogo sobre deporte y sociedad.

¿Le parece que ahora podemos dejar atrás Maracaná?

—Difícil. No sé. Somos gardelianos. Maracaná va a quedar en el terreno de las cosas intocables. Pero esto tiene otra vigencia porque, entre otras cosas, lo está viviendo gente joven que no había vivido nunca una cosa de este tipo. El momento es distinto también, muy distinto, y tiene otro tipo de repercusiones, porque los medios de comunicación audiovisuales, que tanto complican, también amplifican enormemente y mucha gente recibe un conjunto de sensaciones que antes no se percibían.

Lo que contribuye al clima que se ha generado alrededor de esta campaña de la selección.

—Es indudable que ha sido un sacudón para la sociedad uruguaya. La selección de fútbol se ha convertido en un elemento de identificación mucho mayor que todos los discursos de la campaña electoral. El país se sintió unido. Es notorio que no hay ninguna otra cosa que nos identifique así.

No estaríamos hablando de esto si en el último partido del repechaje Costa Rica hacía un gol más, como estuvo a punto de hacerlo.

—Es que todo es así. Como si aquél (Luis Suárez) no la saca con la mano con espléndidos reflejos, la quedábamos. Yo creo que no le podemos pedir a esto la solución de la cultura uruguaya pero es indudable que implicó una fuerte autoidentificación con nosotros mismos. Eso sin ninguna duda. La bandera nacional apareció como nunca. Después implicó una nombradía en el mundo. No existimos, somos algo exótico. Acá en el barrio cuando andan de buen talante se acuerdan de que estamos, pero no mucho más, y fuera del barrio somos unos extraños.

Y al menos por unos días eso cambió.

—Claro. Y los empresarios exportadores creen que eso los favorece porque al país se lo conoce más, aunque parezca mentira. Esto es una apreciación fresquita de esta mañana, cuando estuve en un laboratorio que le vende a Irán y a Europa, y me dijeron que recibieron cartas y mensajes de sus clientes sobre la selección. Abre ventanas, porque el mundo está intercomunicado y al instante de pasar un hecho de éstos se está difundiendo por todos lados.

 

MENOS INTERFERENCIAS

Últimamente parece que ha habido menos interferencia de lo político en la Asociación Uruguaya de Fútbol.

—La política de ninguna manera ha sido agente directo ni indirecto en toda esta cuestión. Para mí lo que más influyó, no sé si es madurez de los propios jugadores de fútbol, es que a un equipo de gente se lo dejó trabajar tranquilo. Porque estábamos acostumbrados a que cada vez que jugaba la selección era poco menos que un escándalo, un strip tease, un desguace de la personalidad y un “vedettismo”… que fulano dijo esto, mengano dijo lo otro… y ahora no vivimos nada de eso. No tengo una explicación clara de por qué. Se dice que influían los intereses económicos. No sé, porque ahora los jugadores valen más que antes. Pero hubo una conducta mucho más madura. Nos empezamos a parecer un poquito a lo que han hecho siempre los alemanes u otras selecciones, que tienen un cuerpo técnico y lo dejan trabajar. Eso en Uruguay es exótico.

Esta selección tiene cambios notorios en ese sentido. No sólo con el vedettismo sino con otros fenómenos que se filtraban a la prensa en otros momentos, sobre jugadores que los ponía tal o cual contratista. ¿Cuánto de esto tiene que ver con el repliegue del grupo Casal?

—Puede ser que algo tenga que ver. Pero es notorio que hay otros grupos que están operando y que hay más contratistas que antes. De repente está más diversificada la cosa. Este es un juego tremendamente profesional y lo va a seguir siendo, en el que si todo anda bien los contratistas también se benefician porque aumenta el valor de los jugadores. Lo que no es profesional es el calor de la gente. Y al jugador cuando entra en la cancha y calentó los botines se le fue el profesionalismo… le sale el indio, pone el alma. Bueno fuera que no fueran profesionales, tienen diez o doce años de vida deportiva y si no juntan un mango en esa… chau.

Hablando de esa madurez de los jugadores de esta selección, Ricardo Piñeyrúa decía en una de sus crónicas para Brecha que Tabárez había apostado a un “tipo” de jugador de selección que tuviera una serie de virtudes más integrales, que fueran más allá de sus condiciones técnicas.

—Yo no tengo un grado de intimidad muy grande con él, pero tengo la sensación de que Tabárez es un buen conversador en una rueda de gente joven, un tipo amigable, persuasivo. Sentí a uno en una radio que lo menospreciaba por ser maestro de escuela… pero mirá que si un maestro es bueno mete y mete. Tabárez tiene valores un poco a la antigua. Me enteré además que es probable que lo elijan el mejor director técnico del Mundial.

Por lo menos ya es el peor pago.

—Y lógico. Tiene que ser el peor pago. Si somos tres millones de habitantes.

 

EL ENVIÓN

¿Cómo canalizar este envión anímico?

—Esa es la cuestión. El deporte tiene que ver con algo muy profundo de la condición humana, porque si los griegos eran capaces de parar la guerra para hacer los Juegos Olímpicos, es porque el deporte tiene algo. En una época tan complicada en varios aspectos. En una época en la que está en crisis la utopía, o más que la utopía la necesidad de la utopía, porque es el reino del mercado, el ápice de la sociedad de consumo, el deporte puede cumplir un papel en la sociedad en términos relativos, no absolutos, pero un papel en el que ayude a mucha gente a recorrer una etapa de maduración menos penosa. En alguna medida puede dar un contenido, un por qué, una causa, aunque sea transitoria, pero en una etapa de la vida importante. Si podremos estimularlo o ayudarlo no sé. El problema es que enseguida se nos cae encima la sociedad de consumo y ahí nos paraliza de nuevo.

¿En qué sentido?

—En el sentido de que no estamos en la época de la pelota de trapo cuando jugábamos en la esquina. Estamos en la época en la que todo te lo hacen complicado y difícil. A pesar de eso, que todo es en repecho, yo pienso darle un poco de manija. ¿Por qué no puede haber campeonatos interescuelas o de los liceos? Que sean bien populares ¿Por qué no puede haberlos? Después se pueden ir mejorando, como todo, pero hay que irle buscando la vuelta, no por el deporte en sí mismo sino por darle un contenido a esa etapa de la vida en la que en otro tiempo nos dedicábamos a cambiar el mundo, o hacíamos filosofía en los boliches. Ahora ni a los boliches vamos. Nos prendemos con el televisor y estamos ahí, solos. No hacemos filosofía… El tango “Cafetín de Buenos Aires” es un anacronismo. La ñata contra el vidrio… no existe más eso. Ojo, que esto no es un reproche a los jóvenes, si no van es porque la cosa no prende por ese lado. Lo que me preocupa es la gente sin motivos.

Según usted, entonces, ahí puede entrar el deporte.

—Sobre todo el deporte por su carácter social. La oportunidad que da para juntarse, su carácter colectivo. Esta selección uruguaya ha dado muestras de ser bastante colectiva, con todo el equipo rompiéndose el alma.

En uno de los artículos de esta cobertura el sociólogo Gustavo Leal plantea que esta buena actuación de la selección de fútbol podría ser una suerte de catalizador para una serie de datos firmes que muestran cierto optimismo de las generaciones más jóvenes.

—Es posible. Lo que pasa es que yo tengo antenas de viejo. Si fuera así sería el regalo más grande que nos puede hacer esta selección. Pensemos por ejemplo en el rol que tuvo la cuestión del deporte en el caso de los sudafricanos. Fue un aporte brutal para superar las divisiones y lograr esa cohesión que lograron, en el caso de ellos a través del rugby.

Que era un deporte que estaba asociado con la minoría blanca.

—Pero Mandela apostó y jugó fortísimo. Le empezó a pedir a la población negra que apoyara al equipo de rugby en el mundial que organizaron en 1995 y le fue bárbaro.

¿Por qué decidió que no iba a ir a la final?

—¿Para qué iba a ir? ¿Por qué razón tienen que estar los jefes de Estado, si no juegan? Además si iba y perdíamos iban a decir que rompíamos la cábala.

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Intelectuales, fútbol y peronismo

 

En una entrevista que le acabamos de hacer a Hugo Achugar planteaba que algo había cambiado en el rol del intelectual con respecto a los mitos nacionales. Que para la generación del 45 la función era derribarlos y ahora se trataba en realidad de diferenciar entre mitos positivos y mitos negativos.

 

—Todas las generaciones de intelectuales tienen su nivel de aporte y su choricez. Los intelectuales pertenecen al mundo normal de la gente también y a veces se les escapan los fenómenos que más rompen los ojos. Es lo que pasó con el peronismo en Argentina. Vieron todos los defectos, toda la demagogia, todo el populismo y toda la joda que tenía el peronismo. Ahora, la base de justicia que tenía no la vieron. El otro día leía una página de (Ernesto) Sábato describiendo la noche del año 55 cuando se dio el golpe de Estado contra (Juan Domingo) Perón. Él estaba en una festichola en la que había hacendados, industriales, todos dandys, y estaban todos contentos… ahora, cuando fue a la cocina vio un par de indiecitas que eran del personal de servicio que estaban llorando. Esta fue la contradicción dramática de la izquierda argentina.

 

La izquierda rioplatense en general no supo que hacer con ese fenómeno.

 

—¡Claro! Y quedó aislada de ese bruto torrente popular.

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Tabla de salvación

 

Alguna gente ha hablado de una conjunción de cosas que van desde la victoria del Frente Amplio en las elecciones hasta la actuación de la selección.

 

—¡Ah, sí! Porque los astros se alinearon (se ríe). Es que sin ser una cosa tan espectacular, nos llevó quince años renovar la Corte Electoral. Es un hecho para tirar cuetes también. Aunque sea una cañita voladora. Creo que cuando se entran a interpretar estas cosas con mucha buena fe cada cual pone arriba de la mesa sus frustraciones, sus dolores. Entonces esto sirve como tabla de salvación para todo.

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Baile

 

Hay que ver lo que fue el paseo que le dio España a Alemania en la semifinal … andan mareados todavía los alemanes.

—Pero ese baile a Uruguay no se lo daba.

No, no se lo daba.

—Tampoco se lo dieron a Paraguay.

Tampoco. Igual este mundial no podía tener una final Uruguay-Paraguay.

—Lo tenían que jugar de nuevo.

¡Lo tenían que jugar de nuevo! ¡Claro!

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