El hombre es un muñeco de sueños, nada más - Semanario Brecha
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En el centenario del maestro Rubén Lena (1925-1995)

El hombre es un muñeco de sueños, nada más

Desde un cuadro de lagunas pensativas, de yerbales y arrayanes que cubren de sombra los silencios, entre cerros ariscos y mudos tallados por el viento, con gente común y corriente, rural y de los pagos chicos, Rubén Lena le tomó el pulso a una forma de identidad nacional –la cultural– y se puso a hacer canciones. Bien acompañado y con un rumbo claro, se transformó en uno de «los traductores del paisaje, del hombre y su tiempo», como dijo alguna vez Atahualpa Yupanqui. Con talento y sensibilidad, en una época muy fermental de nuestra historia reciente, sembró algunas semillas que germinaron en el humus de un incipiente cancionero nacional. Mañana, 5 de abril, se cumplen 100 años de su nacimiento, buen motivo para recordar al autor de varios himnos del canto popular.

En Villa Argentina, en casa de su amigo Edgardo Bisogno, 1984 RESTAURACIÓN DE IMÁGENES: HÉCTOR PIASTRI. Archivo Familiar

Rubén Lena nació el 5 de abril de 1925 en el barrio España, en Treinta y Tres. Su padre era sastre y vivían «como podían» en un hogar sencillo. Rubio o Rubito, antes y después de ser un indiscutido compositor de canciones populares, fue docente. Su carrera comenzó en 1949 como auxiliar del maestro José Gallego Lucas en la escuela de Sierras del Yerbal, próxima a la Quebrada de los Cuervos. Era una zona alejada y pobre, sin buenos caminos de acceso, donde reinaba la soledad.
En ese tiempo rural sin radio, para saber del mundo más allá de las sierras,1 una vez cada tanto, a caballo o a pie hasta la carretera, sorteando el barro y las distancias, iban al pueblo a ponerse al día. La actualización no era solo informativa, también incluía visitar el bajo –«que para cura no había nacido»– y los b...

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