El jefe - Brecha digital
LAS COMUNICACIONES DE ASTESIANO DAN CUENTA DE SU JERARQUÍA EN LA SEGURIDAD PRESIDENCIAL

El jefe

A pesar de que el oficialismo quiso reducir las funciones de Astesiano a la de una simple «custodia física», en sus chats queda claro que tenía atribuciones mucho más amplias. Por ejemplo, disponía altas y bajas de personal en el Servicio de Seguridad Presidencial. Incluso el comisario mayor Ricardo Martínez (señalado como jefe de ese servicio por Rodrigo Ferrés) luce subordinado a él. Este oficial volvió al primer plano luego de ser sumariado por el gobierno anterior y es otro caso que parece inscribirse en el retorno de la «vieja Policía». Mientras tanto, en la esfera privada, el Fibra cobraba por servicios de seguridad, a pesar de que en Sixteenth Security Group, al que se lo vincula, figura como titular un exfuncionario de inteligencia policial.

Saludo del presidente Luis Lacalle Pou a las autoridades policiales, 2 de marzo de 2020 PRESIDENCIA

Ya no caben dudas de que la operativa de Alejandro Astesiano durante 2022 (año al que se limitan las conversaciones de Whatsapp a las que accedieron varios medios, entre ellos Brecha) excedía largamente los asuntos relacionados con la seguridad del presidente Luis Lacalle Pou, que lo designó en funciones a principios de 2020. Solamente las maniobras vinculadas a los pasaportes irregulares para extranjeros le merecieron la formalización penal por varios delitos, y de uno de sus celulares surgen pistas que podrían conducir a otro cúmulo de ilegalidades. En el plano de su actividad delictiva, el gobierno admite el vínculo de Astesiano con el grupo que falsificaba documentación para obtener pasaportes, mientras procura contener lo que surge de los chats, descartándolo como «charlatanería» del propio Astesiano o como «humo» y «manija» de la prensa y de la oposición. A su vez, en el plano legal y formal, la estrategia oficialista ha sido intentar reducir las atribuciones que efectivamente le correspondían al Fibra por el cargo que se le confió.

En el llamado a sala de octubre ante la Cámara de Senadores por este caso, a los legisladores oficialistas les tocó bajar a tierra la defensa del Ejecutivo. La senadora Carmen Asiaín le atribuyó a Astesiano «una función física: poner el cuerpo para defender el cuerpo, la persona y la integridad física del señor presidente de la república y de su familia», de acuerdo a la versión taquigráfica. Antes de su intervención, el prosecretario de presidencia, Rodrigo Ferrés (de quien dependía funcionalmente Astesiano), se encargó de los argumentos administrativos. «Era el encargado de la seguridad personal del presidente de la república, pero no era el jefe del Servicio de Seguridad Presidencial [SSP]», dijo entonces el prosecretario. La respuesta del miembro interpelante por el Frente Amplio, Alejandro Sánchez, fue decirle que acababa de «mentir», mostrando como evidencia una resolución de una visita oficial, proveniente de la propia Prosecretaría de Presidencia, en la que Astesiano era referido como jefe del SSP. También se dio a conocer la notificación de una suspensión a un integrante de ese servicio en la que Astesiano firmaba como jefe. «Seguramente fue un error administrativo de dicha resolución», retrucó Ferrés, y sostuvo que «lo que importa en el cargo es la designación».

Aunque la aludida designación no fue publicada en la web de Presidencia, Brecha accedió a ella mediante un pedido de acceso a la información pública. Allí consta que Astesiano ingresó al gobierno el 12 de marzo como adscripto al secretario de Presidencia, Álvaro Delgado. Pero, si el plano formal deja algún resquicio contradictorio respecto a su rol, sus comunicaciones vienen a despejarlo.

SELECCIÓN DE PERSONAL

«Yo lo saqué de Suárez», le dijo Astesiano a una funcionaria policial el 25 de abril de 2022. Se refería a un policía que prestaba funciones en el SSP y sobre el que pesaban al menos dos denuncias por violencia de género. La funcionaria mantenía al corriente a Astesiano, en forma directa, sobre la evolución de esas denuncias. Por ejemplo, le comunicó las medidas cautelares dispuestas por la jueza, que incluían la prohibición de la tenencia de armas. «Yo ya firmé que a partir del 23 de mayo no pertenece más a la seguridad presidencial. Ya está firmado por mí desde el jueves pasado», le aseguró Astesiano el 3 de mayo.

Otro pasaje de esa conversación es sintomático de un conflicto que hoy signa la interna policial cada vez con más fuerza. La funcionaria reprocha actitudes de uno de los más altos jerarcas de la Policía, al que «todo el mundo le tiene miedo» porque «toma muchas represalias». «Yo diría que sus métodos no son los adecuados. Cero liderazgo, todo a base de miedo», agrega luego. La charla se da en un contexto de tensión entre los subalternos y los mandos policiales designados por el extinto ministro Jorge Larrañaga y mantenidos por Luis Alberto Heber, muchos de los cuales estaban retirados antes de esta administración y son considerados como integrantes de la cuestionada «vieja guardia» policial (véase «El hombre de al lado», Brecha, 13-IX-20). El caso Astesiano ha repercutido intensamente en esa interna, de acuerdo a una nota del suplemento Qué pasa de El País (11-XII-22). A raíz de los vínculos con el excustodio presidencial, ya renunció el subdirector de la Policía, Héctor Ferreira. Este oficial, así como el subdirector ejecutivo de la Policía, Jorge Berriel, el director de inteligencia policial, Claudio Correa, el director del Sistema de Gestión de Seguridad Pública, Fabricio Fagúndez, y el de la división de fiscalización de empresas de seguridad, Henry De León, estarían en la indagatoria de la fiscal Gabriela Fossati.

Astesiano demostraba en esa misma conversación con la funcionaria citada que no solo podía dar bajas del SSP, sino también altas. «¿No querés venir a Presidencia?», ofreció el 15 de setiembre. La Policía respondió favorablemente y el 24 de setiembre pactaron una reunión para la semana siguiente en la Torre Ejecutiva. Pero no pudo ser, pues Astesiano fue detenido un día más tarde.

Volviendo a la intervención de Ferrés ante la Cámara de Senadores, el prosecretario había argumentado que Astesiano no era el jefe del SSP porque, de acuerdo al decreto 106/006, «a un civil no se lo puede nombrar» en ese cargo, que debe ser ejercido por un oficial jefe o superior del escalafón ejecutivo de la Policía. «Nosotros designamos al comisario mayor Ricardo Martínez como jefe del SSP», sentenció. Sin embargo, el cargo en el que se debe nombrar a un oficial de ese rango, de acuerdo al decreto, es el correspondiente al área «Comando». El decreto no le asigna a esa área ninguna jefatura. Incluso, ni siquiera le asigna funciones específicas. Distinto es lo que sucede con el Área de Coordinación. Esa área es encabezada por el jefe del SSP, al que se le asignan 12 funciones específicas en el artículo 20 del decreto. Entre sus cometidos están «proponer al Área de Coordinación los ceses de comisión y la rescisión de los contratos del personal» del SSP «y proponer los correspondientes reemplazos».

Evidentemente, esa función le correspondía a Astesiano, y hay más casos que lo demuestran. Un funcionario policial que estaba por ser trasladado al SSP le reenvió al Fibra el siguiente mensaje: «De mandato verbal del Señor Jefe de Policía, en cumplimiento a lo dispuesto por el Sr. Sub Director Ejecutivo de la Policía Nacional, se reenvía el presente, a efectos de que se notifique» al funcionario en cuestión, «quien deberá presentarse […] en Torre Ejecutiva, para entrevista con el Jefe de Servicio de Seguridad Presidencial Sr. Alejandro Artesiano [sic]. […] Saluda Atentamente. El Jefe de Policía de Montevideo Crio. Gral. (R) Lic. RR. II. Mario D’Elía Billares».

Las competencias de Astesiano también quedan claras en su conversación de Whatsapp con el propio Martínez, a quien Ferrés había ubicado como jefe del SSP. «Mi decisión es sacarlo», le dijo Astesiano a Martínez el 23 de abril. Aunque no dice a quién se refiere, la proximidad de las fechas hace suponer que hablaban del integrante del SSP denunciado por violencia de género, sobre el que Astesiano recibía información de primera mano. «¿Qué pensás?», le pregunta luego. Los intercambios posteriores son por audio y no están disponibles en el material consultado. A su vez, distintos pasajes de la conversación indican que Martínez estaba subordinado a Astesiano, que es el que usa imperativos varias veces: desde «Manden bomberos» a «Me llegó esto. Pasalo a situaciones especiales. Ya me habló el ministerio. Este estaba pegado a Tabaré» (no explicita a quién ni a qué se refiere). Por su parte, Martínez, además de informar sobre cada marcha o concentración que saliera desde o llegara hasta la Torre Ejecutiva, parece reportarle a Astesiano sus actuaciones en varias oportunidades: «Hola. Sí. Ya le pasé a Cabral. Anoche me pasaron el informe». Incluso pide instrucciones del tipo «Avisame a dónde voy», respondidas por Astesiano. Entre ambos parece haber una confianza que deja diálogos con bastante pimienta.

En la madrugada del 8 de agosto, a la 1 de la mañana y luego de varios audios, Astesiano dice: «Miralo». Martínez responde que Charles Carrera es «un autoritario» y se descarga contra Stella González, exdirectora de Asuntos Internos del Ministerio del Interior (MI): «Me trancó la carrera y me mandó cinco años de sumario que es irregular» (véase recuadro). El diálogo se daba pocas horas después de que Santo y seña emitiera un programa centrado en la actuación de Carrera y otros integrantes del MI en 2013, luego de que un ciudadano recibiera un balazo presuntamente proveniente de la casa del subcomisario de La Paloma (véase «El buen ataque», Brecha, 19-VIII-22).

El encono de Martínez contra las autoridades de la época no parece haber cejado con el tiempo. «Estoy mensajeando con el presi», confiaba Astesiano aquella madrugada de agosto. «Si querés información, pedile a Berriel que hable con las personas que trabajaron con él. Autoritario mal», recomienda Martínez respecto a Carrera. Tras varios intercambios de audios, Astesiano concluye: «Dale, estaría bueno». La comisión investigadora parlamentaria sobre el caso del balazo en La Paloma empezó a sesionar esta semana.

DOBLE AGENTE

La vinculación de Astesiano con diversos mandos de la Policía Nacional y el entramado de toma y daca quedaron asentados en varios chats, tal como han venido publicando diversos medios en los últimos días. Pero otro tanto ocurre con los servicios de seguridad privada que prestaba, aceitados con su red de contactos y con el poder dado por su cercanía al presidente.

A principios de este año, al menos dos empresarios de la noche montevideana se contactaron con él para solicitarle servicios de seguridad privada. Uno de los primeros en contactarse inició el diálogo en la primera semana de marzo para pedirle una mano con la habilitación de Bomberos, de la Intendencia de Montevideo y de la Policía. Astesiano respondió a los pedidos de su amigo de forma diligente, como un verdadero solucionador de problemas. Tras esa etapa plagada de pedidos para que el jefe de custodios moviera sus contactos, principalmente en el MI, con el objetivo de que el local obtuviera la habilitación para funcionar, comenzó la gestión para contratar la seguridad que proveía Astesiano.

Otro empresario de la noche también entró en contacto con el jefe de la seguridad presidencial. Antes de concretar la venta del servicio –lo que parece haberse definido por mensajes de audio–, Astesiano envió un documento que, por su titulación, contenía información sobre la habilitación de la empresa de seguridad por parte de la Dirección General de Fiscalización de Empresas del MI, oficina que dirige De León, indagado en la causa de Fosatti, según diversos medios.

Algunos temas los trataban personalmente, sin mediación en sistemas de mensajería instantánea. En estos casos la sede de los encuentros era la Torre Ejecutiva. «Estoy abajo, ¿me anuncio?», inquirió ese empresario el 26 de abril, y recibió un «Sí» como respuesta. Un mensaje posterior al encuentro confirma la locación de la reunión: «Perdoná si entendiste mal Ale pero en Presidencia te comenté que para este finde nos iban a habilitar recién sábado y de la próxima semana viernes y sábado [sic]». Los negocios de seguridad privada parecían tramitarse así en el mismo lugar que los pasaportes apócrifos.

En el caso del primero de los empresarios, a pesar de la mano de Astesiano, el boliche no repuntaba. En modo baile o pub, los números no cerraban. Tras algunas idas y vueltas, y malentendidos por los pagos con el socio del propietario del local, el vínculo comercial se cerró de forma abrupta antes de terminar marzo. Un mensaje del custodio del presidente informó que a partir de la semana siguiente retiraría el servicio de seguridad. Había dado la orden porque él no trabajaba de esa manera. El intercambio en el chat al que accedió Brecha da cuenta del rol decisor de Astesiano en el servicio de seguridad, tanto a la hora de tomar clientes como de descartarlos.

SIGA EL BAILE

Con el otro empresario, en cambio, el vínculo era idílico. P. agradeció todas las gestiones y se deshizo en halagos para los subordinados. «Unos crack, laburan notable», dice luego de una noche en la que esperaban 500 personas y llegaron unas 800 al boliche de Ciudad Vieja. Pero el trabajo nocturno tiene complicaciones que exceden a los guardias de seguridad y en un momento sería necesario que entraran en acción las fuerzas del orden. Una madrugada de abril, el empresario –disculpándose por la hora– se contacta con Astesiano para pedir que un patrullero pase por la puerta del boliche. «Está imposible de pastosos», argumenta en su solicitud. El mensaje no tuvo respuesta, pero, por los intercambios que se dieron un mes después, queda claro que la Policía fue requerida para asistir a ese boliche en más de una oportunidad y que en esa visita medió Astesiano o personal que trabajaba con él. Ante algún disturbio en la entrada al boliche, Astesiano aseguraba haber «apretado» todo lo que pudo a los patrulleros, pero que no podía «putearlos». La orden que dio a Aldo, su tentáculo para la seguridad nocturna, fue estar ahí en el baile y que, si se repetía lo sucedido, lo llamara. Al finalizar mayo, el jefe de la seguridad pasaría los costos de uno de los servicios, al tiempo que el empresario advertía que Aldo no se había presentado al boliche en las últimas dos noches. La relación se deterioró rápidamente y el vínculo finalizó en menos de dos meses. «Horrible gestión», fue la última evaluación que hizo P. sobre el desempeño de los servicios de seguridad.

EL INTERÉS PÚBLICO Y EL PRIVADO

En función de estos antecedentes, una de las ramificaciones de la actual investigación judicial habría derivado en la empresa Sixteenth Security Group. Astesiano manejaba tarjetas empresariales que lo presentaban como director de esa organización, informó en octubre el programa Así nos va de radio Carve (25-X-22). Sin embargo, en la web de Sixteenth su nombre no aparece en ninguna parte. La única persona identificada como director de seguridad de la empresa es Darwin Javier Lorenzo, con quien Brecha intentó comunicarse sin éxito.

Lorenzo se presenta como un analista en información que trabajó en la Dirección General de Información e Inteligencia (DGII) y se desempeñó como funcionario para las embajadas de Israel y Estados Unidos en Uruguay, mediante pases en comisión. Se retiró de la fuerza policial en 2014 y se incorporó como jefe de seguridad de la nunca concretada planta regasificadora de Sayago. Su perfil en Linkedin da cuenta de su formación en protección de mandatarios y diplomáticos, planificación de protocolos de defensa, tareas de contrainteligencia y prevención de atentados terroristas, entre otras cualidades. En tanto, en la web de Sixteenth se destaca la autoría del Manual de protección diplomática y protección a testigos, publicado por el Departamento de Operaciones Especiales de la Policía.

El vínculo entre Astesiano y Lorenzo se expresa en conversaciones registradas en los chats del exjefe de seguridad. El contacto estaba agendado como Javier Lorenzo y el número de teléfono registrado coincide con el que el director de Sixteenth publicó en su currículum de Linkedin. En los intercambios por mensajería instantánea, siempre es Lorenzo el que inicia la comunicación con Astesiano, y se puede decir que obtiene un éxito relativo. En una de las conversaciones, el exfuncionario de la DGII le advierte a su colega que tienen un problema con los guardias de su empresa que custodian un supermercado. El propietario del comercio estaba disconforme con el personal encargado de la seguridad, por lo que hubo que retirar a algunos empleados para conformar al cliente. En el intercambio, Lorenzo plantea a Astesiano que dos de los guardias cuestionados «son de tu época… ¿y resulta que ahora no sirven?». Pero los problemas continuarían: resulta que el Fibra había recomendado a un guardia con porte de arma, pero que estaba bastante entrado en años: tenía 60. «Cuando Carlos se entere nos va a mandar a cagar», dispara, solemne, el director de la empresa de seguridad.

No obstante, las conversaciones entre ambos no se limitaban a cuestiones laborales. Durante meses, Lorenzo insistió a Astesiano para saber su situación en un llamado del MI para el que había 180 vacantes. «¿Qué novedades tenés de lo mío?», consultaba asiduamente desde febrero de este año. La respuesta de Astesiano se hacía esperar, pero llegaba. Según su relato, no sabía si Lorenzo estaba entre los 180 que ingresarían a las vacantes, pero eso no importaría demasiado, porque era «prioridad nuestra». De esa forma –dijo– se lo transmitió a Berriel y a «Hebert». «Lo que importa es que vos vengas», remató. Un poco escéptico, el interlocutor mostraba cautela ante la avasallante postura de Astesiano: «No te olvides de que la única puerta de ingreso son esas vacantes», le advertía.

Conforme avanzaron los días, la preocupación de Lorenzo fue en aumento. A dos viejos conocidos, excompañeros en el Departamento de Operaciones Especiales, los habían citado para hacerse los exámenes médicos de rutina en el Hospital Policial. La lista se movía y él aún no tenía ninguna novedad de su ingreso. «¿Cómo te fue en la reunión?», consultaba. «¿Me contratan o no?», insistía. Esta vez no obtuvo respuesta. Tras dos días de reiterados mensajes, Astesiano le confirmó que aún no estaba cerrado el asunto. Ese día iba a visitar el ministerio y tendría una respuesta. Pero el ingreso de Lorenzo se postergó y a mediados de marzo sus dos excompañeros ya habían reingresado al servicio, mientras él esperaba aún una milagrosa gestión. Astesiano prometió volver a hablar con «Hebert» por tercera vez y le aseguró a su colega que el tema lo había pasado directamente la secretaria del presidente de la república, en una muestra de la importancia que tenía el asunto. Sin embargo, esta vez el escepticismo había tomado totalmente a Lorenzo: «No te molestes más con el tema», remató. Se había enterado de que todas las vacantes estaban provistas.

EL REGRESO DEL COMISARIO RICARDO MARTÍNEZ

Revival

El comisario mayor Ricardo Martínez –a quien el gobierno reconoce como el responsable formal del Servicio de Seguridad Presidencial (SSP)– fue destituido de la jefatura de la Seccional 14 en 2013. Luego de un sumario, se comprobó que estuvo en posesión de uno de los dos vehículos disponibles en la seccional (había otros tres que estaban rotos), que mantuvo estacionado toda una noche a 11 cuadras de esa unidad. Ante una denuncia de robo por parte de una vecina y sus posteriores reclamos por falta de respuesta, los policías presentes en la seccional le habían dicho que la demora en concurrir no era por falta de voluntad, sino de recursos: «Si nos vienen a buscar, vamos», habría dicho uno de los uniformados, de acuerdo a la denunciante. La vecina hizo el camino de ida y vuelta a la comisaría y trasladó a los policías en su auto para que tomaran la denuncia en el lugar del hurto. El episodio, de gran trascendencia mediática en aquel entonces, desembocó en el desplazamiento de la cúpula de esa seccional (con Martínez a la cabeza) y en una denuncia penal del Ministerio del Interior contra los funcionarios que revestían allí (véase El Observador, 26-IV-13, y Subrayado, 27-IV-13). Martínez fue designado en el área Comando del SSP durante la actual administración.

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