El laberinto

Certamen Miss Universo 2019 / Foto: Afp, Valerie Macon

El 2 de mayo de 2019, la modelo uruguaya Fatimih Dávila Sosa, de 31 años, apareció sin vida en un barrio de clase media alta de la Ciudad de México. La Procuraduría General de Justicia comunicó que su muerte se produjo por “asfixia por ahorcamiento” en el baño de una “casa de citas” para “very important people”. A más de un año de los hechos, no se conocen avances en la investigación, pero sí resuena el silencio furibundo sobre el constante aumento de los femicidios y otros crímenes contra las mujeres. La de Dávila no es la única muerte sin clasificar en categorías penales, otras modelos argentinas, colombianas y venezolanas fueron encontradas sin vida en hoteles, mansiones y otras lujosas arquitecturas de México que, en general, las pensamos disociadas de crímenes horrendos como la explotación sexual y el tráfico de mujeres. No sólo eso, profesiones honorables, clases sociales pudientes y ciudades paradisíacas también se nos aparecen desligadas de los más viles crímenes.           

Dávila nació y vivió en Punta del Este. En la Montecarlo de Uruguay, como le decía Alain Labrousse,1 comenzó una carrera vertiginosa en el mercado de la belleza. En 2006, con 18 años, ganó Miss Universo Uruguay, el certamen de beldad estereotipada más importante del país. Luego de preparar su reinado en Colombia, concursó en el Grand Slam de Miss Universo 2008. Allí fue fotografiada junto al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien tuvo los derechos del certamen internacional entre 1996 y 2015, no sin escándalos y denuncias de abuso.2

De acuerdo a los estándares del mercado de la belleza, la carrera de Dávila despegó intensamente después de Miss Universo Uruguay: participó en otros concursos internacionales de modelaje, fue “chica Conrad” (Conrad angels) y tuvo papeles secundarios en novelas mexicanas de Televisa. Sin embargo, tras bambalinas, la biografía de Dávila es la historia de jóvenes absorbidas por un laberinto estructural donde confluyen desigualdades de género, el mercado de la belleza, el poder empresarial y organizaciones criminales con estructuras emotivas y culturales de género extremadamente difíciles de quebrantar. Veamos.

En 2005, el colombiano Antonio Vergara Olmos adquirió la franquicia uruguaya de Miss Universo. Su llegada causó grandes expectativas en el mercado de la belleza nacional. Sus antecedentes como director de Miss Maja Colombia lo respaldaban. En 2006, el año que Dávila ganó la versión local de Miss Universo, un informe del Movimiento de Víctimas del Estado afirmaba que en la finca El Palmar de San Onofre se sepultaron víctimas del paramilitarismo colombiano, se planificaron negocios relacionados con el tráfico de drogas y se organizaron los reinados de belleza Miss Maja Internacional y Miss Tanga, que Vergara dirigía. En febrero de 2011, en el proceso colombiano de justicia y paz, Ángel Miguel Berrocal Doria, conocido como el Gocha, confesó que el bloque paramilitar Héroes de los Montes de María financió el reinado Maja Colombia a cambio de un desfile en el corregimiento Rincón del Palmar, al mando de Rodrigo Antonio Mercado Pelufo. En ese año, Mercado Pelufo, más conocido como Cadena, fue condenado a 40 años de prisión por el homicidio agravado y el secuestro simple del alcalde de El Roble, Eudaldo Díaz Salgado.3

En los años 2008, 2009 y 2013, durante la gestión de Vergara, varias reinas y virreinas de Miss Universo Uruguay renunciaron a sus premios tras denunciar engaños y acoso sexual de parte de Vergara y los capitalistas que financiaban el certamen. En todos los casos, se presentaba el mismo mecanismo de coacción: una narrativa seductora, convincente, que asegura la concreción de la estructura emocional (aspiraciones, deseos, logros, metas…) en un mercado de la belleza configurado por desigualdades de género, económicas y generacionales. En todos los casos, se halla un mecanismo de coacción por parte de varones adultos, con posiciones de poder en la estructura del mercado productivo, hacia mujeres jóvenes que, como cualquiera de su edad, están lidiando con las complejas idas y vueltas del desarrollo cognitivo y emocional, delimitando su identidad, expectativas y propósitos, así como buscando salidas materiales en una estrecha y desigual estructura de oportunidades. De ahí que la explotación sexual, el tráfico de mujeres y de niñas, niños y adolescentes, y otros crímenes y delitos con dinámicas semejantes sean fenómenos laberínticos que se incrustan en nuestras propias relaciones culturales y económicas.

En diciembre de 2010, dos años después de que Dávila concursara en Miss Universo Internacional, Interpol Uruguay comenzó a investigar una organización criminal dedicada al comercio sexual que operaba en Punta del Este, Montevideo y Buenos Aires. La operación, conocida como Blanca, duró casi dos años y logró liberar de la explotación sexual a cerca de sesenta mujeres uruguayas, cuarenta en Montevideo y veinte en Punta del Este. Entre las rescatadas estaba Dávila. En el centro de la organización criminal figuraba Leandro Santos, exstripper, propietario de una reconocida agencia de modelos argentina. Santos tenía contactos en el show business,trabajaba con Marcelo Tinelli, la productora argentina Ideas del Sur y Daniel Comba, representante de jugadores de fútbol y productor de teatro. Con la colaboración de otros varones “reclutadores”, Santos hacía valer sus influencias de modo de hacer factible la promesa de éxito en el showbiz argentino. A cambio, algunas de sus modelos tenían que participar en fiestas y tener relaciones sexuales con y sin retribución económica. En este último caso, operaba un circuito en el que el sexo con productores y empresarios del showbiz –y también con algunos anunciantes de peso– era la condición para obtener éxito en el mercado de la belleza y el entretenimiento.

La investigación judicial de la Operación Blanca indagó a una veintena de personas. Entre ellos estuvo Pablo Bentancur, empresario de fútbol, quien declaró que uno de los “reclutadores” de la organización le presentaba modelos para tener relaciones sexuales retribuidas y no retribuidas. Una de esas modelos fue Dávila. Testimonios de las víctimas recogidos en la investigación judicial muestran que Bentancur ponía en acción el mecanismo de coacción señalado, ya que se jactaba de que “tenía muchos contactos en el mundo del espectáculo… y que había enviado modelos a Chile y a Italia”.4 Los vínculos entre la explotación sexual, el mercado de la belleza y el fútbol, Uruguay e Italia, se rastrean entre 1980 e inicios de 1990.5

En fin, Dávila es el ejemplo paradigmático del laberinto multifactorial y multinivel donde se encuentran las estructuras de género y generacionales, así como las relaciones sociales capitalistas, que configuran la explotación sexual. Este es el mismo laberinto que hoy volvemos a encontrar en la Operación Océano, con más de una veintena de formalizados por delitos de contribución a la explotación sexual de personas menores de edad o incapaces, delitos de proxenetismo, delitos de retribución o promesa de retribución a personas menores de edad o incapaces para que ejecuten actos sexuales o eróticos, delitos contra la integridad sexual y delitos de suministro de estupefacientes. Hoy, como ayer, la Operación Océano muestra las invariantes que ya conocíamos: varones adultos heterosexuales, con “profesiones de bien” (maestros, profesores, abogados y un largo etcétera) falazmente disociadas del delito, con posiciones de poder en la política y en la economía, que contratan abogados de reputación y hasta (algunos) servicios de comunicación para proteger su imagen.

Todavía queda mucho por saber, decir y gritar. Empecemos por visibilizar y romper los pactos de lucro de aquella masculinidad que encubre múltiples formas de dominación y abuso.6  

      (Los contenidos de este artículo forman parte de una investigación todavía inédita.)


1.   Sociólogo francés especializado en políticas de drogas.

2.   Ana Mellado, “Donald Trump, el hombre que amaba a las mujeres más bellas del planeta”, 25 de setiembre de 2017. En www.abc.es.

3.   “Detalles inéditos y escabrosos del escándalo de Miss Uruguay”, 24 de octubre de 2013. En www.elespectador.com.

4.   Javier Benech, Sueños rotos. La trama oculta del modelaje, el fútbol y la televisión. Fin de siglo, Montevideo, 2012, pág 60.

5.   El 13 de marzo de 1992, María Urruzola publicó en Brecha la primera nota de lo que luego dio lugar a la publicación de El huevo de la serpiente. Tráfico de mujeres.

6.   Rita Segato, La guerra contra las mujeres. Traficantes de sueños, Madrid, 2016.

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