Él, los otros

“Non Solum”, el catalán Sergi López y una pieza que se centra en el actor y sus posibilidades expresivas corporales llevadas al extremo.

Non Solum

El teatro Solís presentó el 3, 4 y 5 de febrero, como extensión de la temporada alta de Timbre 4 (Argentina), al actor catalán Sergi López, interpretando este monólogo escrito por el propio López en conjunto con Jorge Picó. Ambos artistas buscaron trasladar las enseñanzas aprendidas en la escuela de su principal maestro, el prestigioso actor y mimo francés Jacques Lecoq. Y si Lecoq viviera, vería todas sus enseñanzas llevadas adelante a la perfección en una pieza que se centra en el actor y sus posibilidades expresivas corporales llevadas al extremo.

Sergi López, descubierto por el director francés Manuel Poirier en Western (1997), tiene una nutrida trayectoria en el cine europeo. Ha actuado en un sinnúmero de películas con directores como Dominik Moll (Harry un amigo que os quiere bien), François Ozon (Ricky), Guillermo del Toro (El laberinto del fauno), Marcelo Piñeyro (Ismael), Isabel Coixet (Mapa de los sonidos de Tokio), entre otros. Vuelve en este monólogo a la raíz de la actuación teatral –al igual que otros muchos actores que se desempeñan en el cine, Sergi López reconoce que el teatro es el verdadero terreno para su profesión–, con el desafío de interpretar a varios personajes simultáneos que pueblan un escenario presentado casi como un espacio vacío.

Despojado de despliegues escenográficos, Sergi López interactúa con una pequeña caja de madera (que por momentos puede ser tablado, ataúd, puerta, etcétera), con un saco y un par de lentes. Demostrando un gran manejo de la técnica gestual aprendida en la escuela francesa, desarrolla un desopilante diálogo consigo mismo, desdoblándose en varios personajes que comparten el mismo tiempo y espacio, siendo él mismo y siendo otros a la vez. Así desarrolla una suerte de comedia existencial, con reflexiones sobre el ser y el estar, el uno y el otro, el hombre solo y la masa, el actor y su público.
El gran teatro del mundo shakespeareano se refleja en la performance física del actor que despierta en su narrar la imaginación del espectador, paseándolo como testigo de una gran asamblea de personajes iguales y a la vez distintos: el plomero desnudo, el empleado del catastro, el otro. Un ejercicio exquisito de reflexión sobre el propio teatro, la representación y la máscara. Y aquí la máscara no depende de grandes travestismos ni de un detallado maquillaje: a rostro descubierto las sutiles transformaciones parten de la materialidad del gesto y de la voz del actor. Una exigencia física e interpretativa que Sergi López maneja con total soltura.

Un clown moderno que rompe en un último acto la cuarta pared para descubrir finalmente que no está solo, que es y existe gracias a su público, con quien comparte ese mismo tiempo y espacio por el que transitan sus personajes. Sin duda, lo atrapante de su interpretación es su virtuosismo en el manejo de la técnica gestual, la pantomima, la improvisación y su capacidad para plantear las situaciones de humor que abundan en su monólogo. Su presentación marca un gran inicio de temporada para los espectáculos extranjeros que en este 2015 prometen y mucho

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