El otro, el mismo – Brecha digital

El otro, el mismo

Cuando se habla de Jorge Varlotta, las primeras (muchas) líneas se van en dilucidar si Varlotta es un seudónimo de Levrero, si es un heterónimo, o si más valdría dejarse de dar vueltas y llamar a las cosas por su nombre. Lo cual viene a ser un nuevo embrollo, ya que las historietas de Jorge Varlotta son y no son de Mario Levrero.

Historietas de Jorge Varlotta

Quiso la suerte que me tocara de primera mano asistir a la ansiedad de Jorge Mario Varlotta Levrero sobre las historietas de Jorge Varlotta. Era el año 2000 y yo era periodista de Insomnia, el suplemento cultural de la revista Posdata. Mario Levrero publicaba allí su columna “Irrupciones”. Pero un día se libró de la tiranía de los plazos de entrega semanales, ya que intentaba dedicarse por completo a escribir “algo que parecía estar queriendo manifestarse desde adentro”, y cuando volvió a publicar en la revista lo hizo en formato historieta. Que Levrero encarnara en otra forma no era para nosotros inusual: en las “Irrupciones” a veces –justamente– irrumpían los dibujos del Ratón Mouse, y con ellos también la ansiedad de Levrero sobre si debía o no publicar sus historietas. Previsiblemente, le preocupaban sus incursiones en el dibujo, no los guiones.

Ahora pienso que muchos libros de Levrero son, en realidad, esencialmente historietas. A fin de cuentas, escriba uno o dibuje –o incluso aunque no haga nada en absoluto–, el genio historietístico se revela en la forma de mirar al mundo. Y vaya si Levrero/Varlotta lo tenía.

La edición de Historietas reunidas de Jorge Varlotta representa la posibilidad, hasta ahora remota, de poder echar una mirada a esa faceta lateral de la obra de Levrero. Y es que, salvo que uno le hubiera echado mano a la edición de De la Flor de Santo varón, o la de Puntosur de Los profesionales, ambas con dibujos de Lizán, no había hasta ahora posibilidad de encontrarse con el Levrero historietista en formato libro.

No deja de ser curioso que la mayoría de los lectores de Levrero seguramente ignoren que lo primero que leyeron del autor fueron sus historietas: si consideramos las tiradas que llegaron a tener las revistas de humor rioplatense en las que publicaba, es muy probable que la mayoría de los lectores de sus libros hayan leído antes Santo varón en Humor o El Dedo que sus cuentos o novelas (y no sorprende advertir que dos de sus primeros tempranos La ciudad, de 1970, y Nick Carter, de 1974, tienen cubiertas de Mingo Ferreira y Andrés Cascioli, respectivamente).

Este libro recopilatorio –en gran formato, tapa dura, papel satinado– tiene la virtud no solamente de compilar las tiras más populares (las ya mencionadas en colaboración con Lizán) sino de recuperar las menos conocidas y las inéditas. Así, ahora puede leerse “De los elefantes y sus aconteceres”, que inspiró “El llanero solitario” (que hasta ahora sólo eran referencias en los libros de Jesús Montoya Suárez y Federico Reggiani),1 y ver otras “rarezas”, como “El infierno de la vista”.

Puede resultar llamativo, sin embargo, que un libro tan ambicioso en formato y contenido tenga dos defectos que disminuyen su valor. El primero es que Historietas reunidas… no sea exhaustivo en la recopilación de las historietas éditas –y cabe preguntarse si las limitantes para que lo fuera eran insalvables–. La segunda es la falta de una curaduría global del proyecto que no solamente intentara subsanar el primer punto sino que le diera un marco de referencias al producto. Es un pecado corriente por estos lares dejar guacho al material, confiando en que mágicamente el lector entenderá de qué se trata (sin estudios preliminares ni anotaciones). Esto es particularmente corriente en el caso de la ilustración y la historieta: se ha llegado a exponer y publicar caricatura política del siglo XIX sin señalar quiénes son los retratados ni a qué circunstancias históricas alude el dibujo (imaginen a los uruguayos dentro de 150 años en una eventual exposición dedicada a los “Hojo de Ombú” tratando de dilucidar por qué hay un esqueleto con anteojos oscuros con una vincha que dice “Vaimaca”, o identificando exitosamente a un Tabaré Vázquez embarazado).

En el caso de las historietas de Varlotta, si nos dieran a elegir, preferiríamos una edición menos lujosa y más valiosa. Pero eso, claro, son sólo nuestras preferencias: Historietas reunidas… sigue siendo la única y bienvenida puesta a disposición de un material, hasta ahora, inédito o disperso. Lo que no es poco.

  1. Mario Levrero para armar. Jorge Varlotta y el libertinaje imaginativo, de Jesús Montoya Juárez (Trilce, Montevideo, 2013), y “El sujeto inmóvil. Las historietas de Jorge (Mario) Varlotta (Levrero)”, incluido en Escribir Levrero. Intervenciones sobre Jorge Mario Varlotta Levrero y su literatura. Carolina Bertalini, editora (Eduntref, Buenos Aires, 2016).

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