El perro portugués - Semanario Brecha
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Carlos Quintana (1964-2026)

El perro portugués

El lunes 16 de marzo, a los 61 años, se fue el músico Carlos Quintana, compositor, docente y referente de toda una generación. Se trata de uno de los guitarristas uruguayos más talentosos desde fines de los ochenta hasta el presente.

Cuenta Inés Dabarca, flautista y su compañera de vida, que Quintana estaba trabajando canciones para grabar un nuevo disco. «Acústico, bien “folcoroso”, en formato trío, junto con Martín Ibarburu y Andrés Pigatto. El proyecto se llamaba Pasto verde». Gracias al apoyo de Fonam (Fondo Nacional de Música), tenía una nueva guitarra de concierto, fabricada por un luthier argentino. En el disco a grabar, Inés iba a tocar, al igual que Leo Maslíah, quien además había musicalizado una chacarera escrita por Carlos. Otra canción a incluir era «La presentida», bellísima milonga, con música de Hugo Fattoruso y letra de Quintana. El año pasado, Hugo y Fernando Cabrera grabaron un disco en vivo en el Teatro Solís. Una de las canciones que lo integran es «La presentida».

Pasto verde quedó inconcluso, las grabaciones no pasaron de un estado casero, pero tal vez, cuando las energías quieran, se podrá hacer algo para que ese pasto crezca. No era lo único que estaba haciendo Quintana mientras atravesaba su enfermedad. También estaba dando clases, por más que la licencia médica le implicaba frenar el ejercicio.

Este año, la Escuela de Música para las Infancias del Taller Uruguayo de Música Popular (TUMP) cumple una década. A dos años de su inicio, Raúl González dejó la escuela y recomendó a Quintana para ocupar su lugar. Carlos había trabajado en la institución en los años noventa como profesor de guitarra. Pocos imaginaban que pudiese darles clases a niños: «Yo no sé cómo hacer esto, robo piques y aprendo de ustedes», decía con sinceridad. Para sorpresa de muchos, se fue transformando en un referente, primero para los más chicos y después para los adolescentes. Uno de los músicos y docentes que trabajó muchos años con Carlos es el percusionista Diego Palmerola, quien recuerda un clásico del taller: «Al llegar al TUMP, los gurises subían una escalera, directo al salón más grande, donde los esperaba Carlitos sentado en un banco, al que bautizaron “el trono de Quintana”. Carlos los recibía cantando: “¿Quién es?, ¿quién es?, ¿quién es? El perro portugués. ¿Quién es?, ¿quién es?”. Por ejemplo, “Diego es”. ¿Quién es?, ¿quién es?…». Cada uno decía su nombre. Así comenzaban todas las clases».

Carlos Quintana empezó a tocar la guitarra de «grande», cerca de los 18 años. Nació en 1964. Un día, cuando era adolescente y un curioso oyente de música, se despertó de una pesadilla en la que una voz le mandataba «tenés que tocar, tenés que tocar», según contó en varias ocasiones. Hasta ahí, apenas rasgaba una guitarra que estaba en su casa, por impulso de su padre, pero él poco quería saber del instrumento y mucho de la calle en que jugaba al fútbol. Ese sueño le cambió el rumbo y empezó a obsesionarse con la guitarra. Con el ojo puesto en el rocanrol, fue a clases con Richard Pity Varela y José Pedro Beledo, entre otros. En 1985, junto con Héctor Fernández y Marcelo Núñez, formó Salario Mínimo, con el jazz rock instrumental como impronta. Tres años después, el trío mutó, se sumaron César Martínez y Nicolás Arnicho, y se formó Delanuka.

En 1990, nacen Los Pusilánimes: Hugo Fattoruso, Popo Romano, Gustavo Etchenique, Walter Haedo, Diego Ebbeler y Quintana. Grabaron Qué suerte! y formaron la banda estable de Jaime Roos por esos años, en los que se destacó la inmensa gira A las 10. Como guitarrista de Jaime, Quintana participó en los discos La Margarita y El puente, además de cantar, ya que para entonces integraba el coro de los Curtidores de Hongos. En la banda de Roos, Carlos conoció a Pablo Pinocho Routin, con quien rápidamente creó un lazo fuerte, que tendría su consecuencia más honda en 1998 con Peligro de murga, disco de Routin con producción, arreglos y varias composiciones de Quintana. «Estuve yendo un año y pico a su casa de Mateo Vidal. El disco fue el resultado de un cruce de dos universos, la batería de murga en su estado puro, el coro de murga y la instrumentación más cercana al rock y al jazz rock, con músicos que también pertenecían a ese otro universo. Fue un disco difícil de hacer, porque todo lo que sonaba para mí era nuevo, ya desde las armonías, y me impulsaron a cantar de una forma nueva, que luego no profundicé, fue un desafío enorme y allí Carlos fue sumamente generoso»,recuerda Pinocho. Poco difundido, Peligro de murga es tal vez el disco más contundente del subgénero murga rock.

Carlos Quintana editó cuatro discos solistas: Ignominia (1993), Canciones transparentes (2009), Neuroexplosiones (2014) y Multiverso (2019). A lo dicho, se suma su presencia en las bandas de Ruben Rada, El Sabalero, Mariana Ingold y Jorge Galemire, entre otros.

Compuso para teatro y fue docente en la escuela Jazz a la Calle. Cuando empezó a trabajar con niños en el TUMP, transitaba sus primeros años como padre, algo que motivó un efecto de retroalimentación inmediato. Los gurises se copaban con él y él con los gurises. Inés nos dice: «Carlos fue una rareza. Además de ser un gran músico y compositor, fue un gran docente». Una ecuación que no se da siempre.

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