El túnel del tiempo

Transeúnte, de Begoña Benedetti. Ayuí, A/E 456 CD.

Recuerdo una vez, quién sabe cuándo, creo que en uno de aquellos festivales del Palacio Peñarol, pero perfectamente puede haber sido en otro lado: una tal Begoña Benedetti cantaba «Sueño de barrilete», de Eladia Blázquez, así, sin guitarra ni nada. No tengo idea de si ella era, en ese momento, parte de un grupo o si estaba actuando sola y cantó otras canciones interpretadas «normalmente», es decir, con una guitarra. No me acuerdo de nada, sólo de esa interpretación y de que, después, leí en algún lado que se llamaba Begoña, con eñe, y que tenía un apellido célebre que empezaba con la misma letra.

Ahora llega a mis manos este disco1 y el timbre de su voz parece ser exactamente el mismo de aquella vez. Cosa rara, ¿no pasó el tiempo? Yo era un jovenzuelo por entonces y mi voz sí que cambió. Transeúnte es un disco ochentoso: una voz femenina sobre una base pop (dicho genéricamente porque, en realidad, la banda se va adaptando sutilmente a los géneros que se recorren). Ella canta muy bien, sorprende realmente el dominio de su voz, a pesar de que su estilo es más bien tranquilo, poco tormentoso. Un repertorio de temas de Darnauchans, Galemire, Ulivi, Cabrera, Ingold y varios otros (salteo adrede a varios muy importantes; si quieren saber más, escuchen el disco, qué caramba) parece un homenaje a una época de nuestra música y a una faceta que podríamos llamar, un poco redundantemente, cantopopu pop, es decir, su vertiente más tuquera, aunque interpretada, tanto por Begoña como por los demás músicos, de una forma extremadamente sobria. Hasta en la forma de cantar aparecen inflexiones que recuerdan a cantores/as de aquella época. Es un fenómeno extraño, porque si no escuchaba este disco, tal vez no me hubiera dado cuenta de la existencia de dichas inflexiones. Algo parecido me pasó con ciertos piques melódicos. No creo estar exagerando si cuento que el disco me transportó a aquella época, en la que todo, hasta lo más descontracturado, tenía cierta tensión y sufrimiento implícitos y, a veces, descarados. Aunque debo aclarar que no todo el repertorio viene de aquellos tiempos.

Incluso el hecho de tener en la mano un CD con un estuche cuidado, diseño, ficha técnica, concepto artístico en general, todo eso ya parece ser parte del pasado en estos tiempos de músicas que chorrean de sitios web como de una canilla semiabierta y se escurren por el desagüe de la pileta de nuestro olvido. Creo que eso es destacable: Begoña quería hacer un disco con todas las de la ley y lo hizo.

Los músicos son Gonzalo Gravina (piano, teclados), Bernardo Aguerre (guitarra), Enzo Corte (bajo), Daniel Legazcue (percusión y batería), Mateo Bervejillo (batería), Daniel Magnone y Fernando Ulivi (coros). Ulivi, además, es el productor artístico. Abajo de la ficha técnica hay una frase que también me hizo retroceder décadas: «Los músicos desarrollaron sus partes del arreglo». El formato de mujer-que-canta-sin-tocar acompañada por músicos-que-tocan-sin-cantar era más común en aquellos tiempos: había mujeres compositoras e intérpretes, claro, pero eran menos frecuentes que hoy en día. No sé, tal vez insistí demasiado con la cuestión temporal, pero es lo que más me llamó la atención. Sin embargo, el disco salió ahora y, bueno, puede ser un ejercicio interesante buscar qué hay en él de más contemporáneo, qué cosas pueden escaparse de ese lazo con el pasado para llegar al momento actual. Dejo ese desafío como tarea y divertimento de los lectores y escuchas.

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