La edición número 50 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se realizará entre el 23 de abril y el 11 de mayo, con Perú como país invitado, un desfile de escritores nacionales e internacionales (como cada año, una delegación uruguaya cruzará el charco) y con Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero como oradoras invitadas, entre otras novedades fácilmente rastreables, caso de la participación de dos nobeles de literatura: el escritor chino Mo Yan –que visita por primera vez la feria– y del sudafricano John Maxwell Coetzee. También se harán varios homenajes a Jorge Luis Borges y la clásica maratón de lectura estará dedicada a textos censurados por la dictadura militar.
En el enorme batiburrillo de dos semanas y media de esta fiesta del libro, en el que conviven eventos y presentaciones para todos los gustos, las multinacionales del sector regurgitan y sobreexhiben las novedades de la temporada (muchas de ellas saldadas al mes siguiente), y los volúmenes son vendidos al público al mismo precio que se consiguen en librerías, entre el viernes 24 y el domingo 26 de abril tendrá lugar el Festival Internacional de Poesía.1
SUMA DE NOMBRES
Este año, y como es una constante desde anteriores ediciones, el festival presentará una suma de nombres más que atendible. Desde Escocia llegará W. N. Herbert, mientras desde Irlanda hará lo propio Lorna Shaughnessy; también participarán el ecuatoriano Edwin Madrid, el dominicano Frank Báez, la brasileña Adriana Calcanhotto (que, además de leer, cerrará el festival haciendo algunas canciones en vivo), la francesa Anne Gauthey, los mexicanos Pedro Serrano y Carlos López Beltrán, la suiza Cléa Chopard, los peruanos María Belén Milla y José Carlos Yrigoyen, y los argentinos Jorge Brega, Miguel Gaya, Sergio Bizzio, Liliana Ponce, Vanesa Álvarez, Lucía Dorín, Eleonora González Capria, Ana Wajszczuk, Sandro Barella, Fernando Molle, Mariano Blatt, Rafael Felipe Oteriño, Gerardo Lewin y Eduardo Mileo. La poeta uruguaya invitada esta vez será Silvia Guerra. Este año, el festival estará dedicado a Jorge Aulicino y Daniel Samoilovich (fallecidos ambos en 2025) y, por tercer año consecutivo, la coordinación se encuentra a cargo del poeta, ensayista y traductor Jorge Fondebrider.
Congregar durante tres días a una veintena de poetas en Buenos Aires no se presenta como un asunto sencillo. Sobre la cocina del festival cuenta Fondebrider: «Empiezo a trabajar en agosto porque la feria no financia los pasajes (apenas tres noches de hotel y traslados), de modo que, en el caso de los extranjeros, hay que conseguir que instituciones de sus países se ocupen de pagarles el viaje. En el hemisferio norte todo se prevé con mucha anticipación, por lo tanto, son meses de cartas e informes que, a veces, no conducen a ningún lado. Luego, definidos
los invitados internacionales, corresponde ocuparse de los argentinos. Ahí busco invitar a poetas de gran calidad que no necesariamente hayan sido visibles para otros coordinadores. Mi idea es, a priori, no repetir nombres y darle una oportunidad de participación a todo el mundo. Trato de ser justo y no dejar que mi gusto prime por sobre la representatividad que les asigno a los poetas. A veces me sale».
Consultado el organizador sobre el hecho de que este año el festival esté dedicado a Aulicino y Samoilovich responde: «Fueron dos excelentes poetas argentinos, de gran prédica entre los jóvenes. Ambos, además, fueron destacados traductores. Jorge fue uno de mis mejores amigos. Con Daniel trabajamos juntos en Diario de Poesía. Durante los primeros seis años, fui su secretario de redacción y pasamos muchas horas juntos imaginando la revista y llevándola a cabo. La pérdida que significa su ausencia me parece escandalosa. Reivindicar sus nombres dedicándoles el festival es una manera de imaginarlos con nosotros. Jorge leyó el primer año en que me tocó la coordinación, en una mesa con el peruano Mario Montalbetti y el chileno Pedro Vicuña, dos grandes poetas. A Daniel quería invitarlo este año, pero en eso estaba cuando me llegó la noticia de su muerte en México».
NO UN GRUPO DE CHICOS DÍSCOLOS
Visto en el contexto de la Feria Internacional del Libro, el festival aparece como una suerte de espacio de resistencia, pues la lógica de la difusión editorial de la poesía va siempre a contramano (o en otra senda) de las dinámicas de las multinacionales del libro y de la masividad de fenómenos incrustados en el espacio. Para Fondebrider, esto no constituye necesariamente una desventaja: «Creo que, en la consideración general, la poesía está fuera de lo que normalmente se llama literatura. En principio no fue por propia voluntad, sino por el desconocimiento y la ignorancia de quienes tienen la responsabilidad de decidir dónde va cada cosa. En los festivales literarios suele haber una mesita de poetas, como si se tratara de chicos díscolos incapaces de hablar de la escritura en los términos en que lo hacen los narradores. Así, de todos los géneros, la poesía, como la literatura dramática, es la primera en haber perdido sus vínculos con el mercado. Eso, en cierta forma, es una ventaja, porque no tenés compromisos con nadie ni tenés que adaptarte a lo que se usa esta temporada. Los que se tienen que enterar del festival se enteran y los que no, van a los estands de Planeta y Penguin Random House o se comen un pancho con Coca-Cola en los pasillos. Supongo que el festival sobrevive porque, por un lado, ofrece algo distinto de lo esperado y, por otro, a la feria le significa un gasto muy pequeño en comparación con lo que implica la venida de otros escritores».
Al preguntársele a Fondebrider, poeta él mismo, acerca de la sobrevivencia de la poesía en un mundo tan caótico y cambiante, que satura con lo efímero y que apunta, de innúmeras maneras, hacia la deshumanización, dice: «Si te fijás, no hay menos poetas que antes. El número no ha variado tanto. Luego, las redes sociales permiten una circulación mayor que en otras épocas. Cuando yo era adolescente, para saber lo que escribía un par tuyo en México o Colombia, había que conseguir libros de muy difícil acceso. Hoy en día, internet mediante, cualquier poeta joven conoce lo que escriben sus contemporáneos con mucha más facilidad. El número de editoriales de poesía tampoco ha decrecido. De hecho, muchas han democratizado tanto su producción que hoy en día publicar es más fácil que antes. Por último, a diferencia de los narradores, los poetas se reúnen a leer juntos en público y el intercambio es fluido. Mi única observación, que también vale para la prosa, es que falta un poco de jerarquía. La tendencia es a igualar lo alto y lo bajo. Y digamos que no es lo mismo leer a Seamus Heaney que a Jorge Arbeleche, ¿no?».
- Tanto la programación de la feria como del festival se encuentra en feriadellibro.ar. ↩︎


