Entre los fierros y las flores

Nadie podía vaticinar que aquel diputado "extraterrestre" que llegaba al Parlamento en moto, vestido de vaqueros, iba a lograr que el Movimiento de Participación Popular (MPP) pudiera llegar a tener, según las encuestas, más votos que el Partido Comunista o igualara la línea de Danilo Astori. Aquí el perfil de un “radical” sui géneris.

Mujica. Foto: Alejandro Arigón

José Mujica, el mis-mo que postuló a su perra Manuela a la Presidencia y subió a un ómnibus con carteles al estilo «sándwich» para defender un plebiscito, sobrevivió caricaturizaciones, estigmas, y creció de la mano de una imagen que, de acuerdo con los analistas, excede la del mero político. Sus metáforas camperas, antes desdeñadas o trivializadas por pintorescas, comenzaron a fascinar a propios y extraños.

«ES COMO EL PADRE CACHO.» El periodista Ángel María Luna dedicó recientemente a Mujica uno de sus programas de El Reloj. Un «mano a mano» que duró hasta la mediano-che, y que de acuerdo con el conductor «rompió todos los relojes» del rating. «La gente no pudo dejar de escucharlo desde que empezó hasta que terminó. Y es que es un fuera de serie», dice Luna a BRECHA.

Durante la entrevista, Luna no demoró en sucumbir ante el inusual estilo lingüístico del «Pepe», quien le regalaría unafrase como la siguiente: «la gente’ piensa que el campo es aburrido, pero el campo es un conventillo de señales». Comenta el animador de El Reloj: «no creo que nadie pueda describir el campo de ese modo, con esa densidad, pero además con la libertad que él siente para mezclar el idioma del mostrador con el académico».

Según dice, Mujica «configuró una personalidad tan atractiva» que logró que los canales de tevé, habitualmente poco propensos a otorgar espacio a algún dirigente de la «izquierda radical», a él sí se lo dieran. El periodista de Canal 10 hasta posee una teoría sobre el «fenómeno Mujica»: «los seres humanos tenemos genéticamente, estructuralmente, un activo virtuoso con el que ya venimos y que evoluciona en función del medio ambiente. Pero hay seres que llegan a situaciones extremas, y que por todo ese caudal que traen de antes da la sensación de que se purificaran». En el diputado del MPP existiría, según Luna, una especie de purificación de las miserias humanas. «Uno lo ve y piensa que debería ser un pastor en el sentido más amplio de la pastoralidad, un pastor que predica desde la vida, un individuo del tipo del padre Cacho, una de esas personas que vive con muy poco y es feliz, con un espíritu de abstinencia y sacrificio. No mató ni fue muerto de casualidad, pero tiene una sensibilidad como para cultivar rosas. Si uno quisiera crear a una persona así, no le saldría tan bien.»

A Luna lo atrae que el pasado guerrillero del actual diputado parezca haberse esfumado: «sabe hacer cosas tan sencillas como pedir perdón, como decir ‘nos equivocamos’ «. Y cree también que Mujica —»bicho raro en la política y en cuanto ciudadano»— ha sido un factor clave de equilibrio «entre el gobierno y la oposición». Luna dice tener «razones de peso» como para sostener lo que afirma: «él ha intervenido en negociaciones muy importantes, con personajes de primerísimo nivel de gobierno, con gente que le tiene con-fianza y lo considera coherente».

 «EL TRANSGRESOR ROMÁNTICO.» Para Juan Carlos Doyenart, director de la consultora Interconsult, el «fenómeno Mujica» «no se explica en el pasado guerrillero» del actual dirigente del MPP. «Su pasado antisistémico juega, pero no por cuestiones ideológicas, sino que está ahí más por lo emotivo, por esa aura de romanticismo de la experiencia guerrillera». La diferencia en Mujica, apunta el analista, reside en que no se asume como «un vocero de esa experiencia» y en que ha tenido «opiniones autocríticas de lo que fue la guerrilla». Doyenart es aun más categórico: Mujica, asevera, «es el único integrante autocrítico del MLN. Esa capacidad no se observa en Eleuterio Fernández Huidobro, que reafirma en su totalidad la experiencia tupamara. Mujica llegará al Senado siendo mucho menos antisistema que Helios Sarthou«, legislador electo por el MPP que hoy dirige, junto a Zabalza, el MPP Fundacional.

Doyenart no se ubica entre quienes opinan que en el poder de atracción de la figura de Mujica juega sólo el factor emotivo. «Tiene una innegable capacidad política”, sostiene. «Maneja una visión moderada de la realidad y ha sabido comprender las limitaciones del país en el aspecto internacional, las cosas que son posibles de hacer. A la vez, estas pro-puestas no le han generado rechazos en el electorado de izquierda.»

Al igual que Luna, resalta la capacidad negociadora de Mujica, su actitud de diálogo con blancos y colorados. Una señal clara de ese papel conciliador se advirtió, según el analista, en su influencia sobre la propuesta del Partido Nacional en la reciente crisis agropecuaria. «Si Mujica liderara una coalición de independientes esfuerza quizás llegara a ser la primera dentro del EP. Para él, el MLN es casi un lastre electoral».

 «SINCERO Y DESMEMORIADO.» Antes de abocarse a la biografía del exguerrillero, titulada simplemente Mujica y que va ya por su sexta edición, el escritor Miguel Ángel Campodónico conocía a su futuro personaje solamente a través de los medios de comunicación. Cuando le planteó la idea por primera vez obtuvo por respuesta un «no sabés en lo que te metés». La segunda ocasión, Mujica le dijo: «tengo que consultar a los viejos», aludiendo a los dirigentes históricos del MLN. Pasó un año y el escritor estuvo a punto de abandonar el proyecto. Tras la insistencia de su editor, Fin de Siglo, decidió intentar una última vez y fue cuando logró un imprevisto «empezamos».

Campodónico tiene la certeza de que la tarea no fue placentera para Mujica: «No tenía ninguna gana de hablar de sí mismo, ni de algunos hechos, tan minuciosamente». Y le llamó la atención «su falta de memoria para recordar gran-des acontecimientos que lo tuvieron como protagonista». Campodónico, que quería resaltar «gran-des hechos» de la vida de su personaje («el fenómeno inédito» del tupamaro parlamentario, el encargado de cortar las comunicaciones en la toma de Pando, el que se tiroteó con la Policía, el que escapó por las cloacas, el que recibió seis balazos en un bar, el que se fugó dos veces de un penal, el que soportó el encierro y la tortura), se vio en cierta medida frustrado. «No recordaba su primer operativo, quizás por un mecanismo psicológico de defensa», dice sorprendido el autor. Paradójicamente, Mujica narró con lujo de detalles la conformación del IVWN y reflexionó con gran profundidad sobre muchos hechos, pero nunca colocándose como protagonista.

La sinceridad, «su pensamiento arborescente» y la desmitificación que realizó del papel del guerrillero son otras de las cualidades de su entrevistado que señala Campodónico. «La soledad, las esperas interminables, el refugio en el amor y en su compañera, la duda y el temor, muestran al guerrillero humano, no robotizado», explica. También «la autocrítica y la sensación de que fue parte de un conflicto en el que los buenos y los malos estaban en los dos bandos». Mujica, confía Campodónico, «hace hincapié en la libertad absoluta. Que me perdone, pero para mí es mucho más anarquista que marxista». Finalmente, Campodónico cree que el «fenómeno Mujica» se demuestra en una última cosa: «escribí doce libros en mi vida, de ficción, de investigación y nunca me hicieron tantos reportajes. Lo que pasa con él no lo puedo explicar racionalmente»

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