El 1 de enero, a las 8.51, Adriana Díaz recibió un mensaje de su madre: «Otra ves mi amor te deseo feliz año que la vida nos permita el reencuentro» [sic]. Adriana reaccionó con un corazón y añadió: «Mamalinda con el favor de dios amen» [sic]. Adriana no ve a su madre desde que una madrugada de octubre de 2019 decidió abandonar su natal Maturín, Venezuela, en dirección a Colombia. Sin pasaporte, con el dinero justo para llegar a San Cristóbal, la ciudad fronteriza, y dos mochilas, una con ropa y otra con comida, agarró la mano de Jefferson, su hijo de 5 años, y se arrojó, como una gota de agua que se desprende de una nube, a la incertidumbre del vacío. Seis días después estaba en las calles de Cúcuta. Adriana dice que conoce más Colombia que Venezuela. Los dedos de las manos no le alcanzan...
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