No es soplar y hacer botellas

Si bien la oferta educativa muchas veces sigue las necesidades del sector productivo, también las universidades piensan en crear nuevas formaciones que atiendan necesidades que emergen de la puesta en marcha de determinadas políticas públicas. Aquí una nota sobre las áreas estratégicas y nuevas carreras de la Universidad Tecnológica.

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Si bien la oferta educativa muchas veces sigue las necesidades del sector productivo, también es cierto que las universidades piensan en crear nuevas formaciones que atiendan necesidades que emergen de la puesta en marcha de determinadas políticas públicas. Tal es el caso del tecnólogo en energías renovables que inicia este año la nueva Universidad Tecnológica (Utec), o del diploma en política de drogas, control y regulación que ofrece la Universidad de la República. Además de informar sobre los planes en enseñanza e investigación que tiene la naciente Utec en el Interior, este informe especial incluye un balance realizado por las propias autoridades de la Udelar sobre lo hecho por esa institución fuera de Montevideo en los últimos siete años.

La nueva universidad –la Utec– prepara en estos momentos su presupuesto quinquenal. En él pedirá recursos para radicar en el Interior a grupos de investigación destinados a las tres áreas estratégicas en las que piensa destacarse: agroalimentaria, ingenierías y ambiente. “Sin grupos de investigación de alta dedicación no hay universidad”, aclaró a Brecha Pablo Chilibroste, integrante de la directiva provisoria de la institución.

Este año empieza la segunda generación de las licenciaturas en análisis alimentario y en leche y productos lácteos, arrancan tres tecnólogos (en manejo de sistemas de producción lechera, mecatrónica y energías renovables) y una tecnicatura en tecnologías de la información. Son seis carreras de perfil tecnológico bastante específico, y que atienden necesidades del sector productivo. ¿La idea es abrir los cursos todos los años o consideran la posibilidad de discontinuarlas?
—Seguramente las que tienen un perfil más técnico, como las licenciaturas en análisis alimentario o en lácteos, no tienen condiciones para ser abiertas todos los años. Tenemos que monitorear y abrirlas, por ejemplo, cada dos años. En el área de energías renovables, capaz que los primeros tres o cuatro años hay mucha demanda, tal como lo hemos hablado con la Dirección Nacional de Energía. Seguramente haya un flujo de 80 o 100 egresados. Pero hay que estar preparados para que luego la carrera se haga más discontinua.

Prevemos esta posibilidad en los contratos docentes, sabiendo que vamos a tener que hacer ajustes. Luego, el tecnólogo en mecatrónica lo abrimos este año en el Instituto Tecnológico Regional (Itr) de Fray Bentos, y seguramente en 2016 lo hagamos en el de Rivera. Asimismo las carreras vinculadas a la lechería, que hoy están en Colonia, puedan ofrecerse luego en Durazno. También pensamos en abrir cursos a distancia, porque la masa crítica de cada carrera va a estar en un lugar distinto.

Por otro lado, si bien apostamos a carreras cortas de dos o tres años, con un perfil técnico, también estamos proyectando esos cursos en el marco de una formación universitaria más amplia. Por ejemplo, tanto mecatrónica como energías renovables empiezan como tecnólogos este año, pero forman parte de la carrera universitaria de ingeniería. El plan de desarrollo de la Utec es empezar articulando con la educación técnica pero con proyección para continuar los estudios en una carrera de ingeniero, equivalente a lo que tiene hoy la Udelar pero con un componente mayor, más marcado, de diálogo entre teoría y práctica.

El tecnólogo funciona entonces como título intermedio, no como carrera terminal. Por esto ambas carreras van a incluir más ciencia básica de lo que tendría una carrera de tecnólogo. Igual el problema no es cuánta más ciencia básica le ponemos a estas carreras técnicas, lo importante es poner en funcionamiento un modelo de enseñanza-aprendizaje en torno a la resolución de problemas, con espacios de interacción, de cruces interdisciplinarios, y no con clases tradicionales, formalistas, expositivas, etcétera.

Entonces, la Utec va a tener carreras universitarias largas, articuladas con necesidades técnicas concretas, y luego carreras discontinuas, donde los ingresos dependen también de otros egresos, como cursos técnicos de Utu, por ejemplo. Y todo eso en el marco de tres áreas estratégicas que definimos y que son: el área de la ingeniería (donde entra mecatrónica, energías renovables, informática), el área agroalimentaria (tratando de contribuir a las cadenas de valor) y el área ambiental (que todavía estamos estudiando, pero sabemos va a estar muy vinculada a los procesos productivos y los llamados megaemprendimientos).

El énfasis tecnológico y agroalimentario va a estar presente en el Itr de Fray Bentos. La idea es que los grupos de investigación se radiquen en esa región. El Itr de Durazno lo vemos más vinculado a energías renovables, y quizás Rivera sea el lugar donde esté la oferta educativa y las capacidades de investigación vinculadas a temas de logística y transporte.

Luego identificamos demandas del área social, economía, contadores, pero no hemos decidido si meternos en eso. Queremos primero consolidar ciertas áreas tanto en enseñanza como en investigación.
El área artística también es una de las apuestas, que según nos explicaba el año pasado no atendía tanto a las demandas del sector productivo como a la idea institucional de la Utec, y que buscaban aprovechar algunas iniciativas locales, como el movimiento Jazz a la Calle, de Mercedes…
—Sí. No la mencioné porque no va a ser un área troncal. Las organizaciones vinculadas a Jazz a la Calle tienen una escuela de música y quieren avanzar en niveles superiores, y vamos a ayudarlos para llegar a nivel terciario. Lo estamos estudiando, tenemos una consultoría en marcha que involucra a académicos que hacen música en Argentina, y también estamos iniciando contacto con el Berklee College, de Estados Unidos, que tiene convenios con numerosas instituciones de todo el mundo. La idea es centrarnos en esta propuesta de formación en música. No expandirnos mucho más en esa área. La Utec no puede cometer el error de abarcar muchas cosas.
Hablaba de la masa crítica en torno a estas áreas. ¿Van a apostar a la radicación de grupos de investigación en todas estas temáticas?
—En el próximo quinquenio vamos a trabajar en las tres áreas troncales mencionadas, y eso implica que en este período vamos a tener que apostar fuerte a la investigación con grupos de alta dedicación. En algún momento se pensó que primero teníamos que lanzar las primeras carreras y luego ir construyendo capacidades en investigación, pero que teníamos que empezar con la enseñanza. Ahora creemos que para el modelo de universidad que decidimos impulsar, que es una formación universitaria que articula con la formación técnica, los recursos de alta dedicación y capacidad de investigación en las áreas en las que vamos a tener carreras tienen que estar desde el principio.

Obviamente no vamos a tener capacidades de investigación en todas las áreas en cada Itr. Los núcleos de investigación van a estar radicados en un lugar y desde ahí se dará soporte o apoyo a la enseñanza que se haga en los otros Itr. Por ejemplo, el primer Itr tendrá su sede en Fray Bentos (este mes seguramente podamos anunciar el inicio de las obras que esperamos tener prontas en diez meses). Ahora los núcleos de investigación en lechería estarán en Colonia, no en Fray Bentos. El área de Colonia Valdense, Colonia La Paz y Nueva Helvecia va a ir creciendo –hoy tenemos dos carreras allí–, va a tener más demanda estudiantil, docentes, y tenemos varias instituciones con infraestructura, con las que articular: está la escuela de lechería de Utu, el Inia La Estanzuela (que tiene radicado el programa nacional de lechería), la Udelar tiene el campo de Libertad de la Facultad de Veterinaria, también está en Colonia La Paz la Unidad de Innovación en Tecnología de Alimentos, que es un emprendimiento de la Agencia de Desarrollo de Colonia del Este, en el que está la Facultad de Química, el Latu, la Cámara de Industrias. A su vez en Valdense hay muchos actores del sistema privado, cooperativas… Entonces, está todo dado para que allí se concentren esfuerzos en esa área.
¿De cuántos investigadores estamos hablando?
—Todavía no lo tenemos definido. Tenemos claro que no puede haber Utec si no logramos radicar en el Interior a investigadores senior, con un sistema de alta dedicación o dedicación exclusiva. Tienen que ser capacidades propias. Esta es la primera prioridad de la solicitud presupuestal. En torno a eso luego puede circular mucha gente que haga docencia, pero tenemos que tener capacidades de investigación fuertes. Y para tener masa crítica en cualquier área necesitás siete u ocho docentes de alta dedicación. Si vamos a tener un grupo fuerte en mecatrónica, y queremos ser reconocidos por eso en el marco de una carrera de ingeniería con ese perfil, tenemos que tener al menos ese número de docentes de alta dedicación.

En total, considerando todas las áreas, serían al menos 60 o 70 docentes con esas características. Tenemos que lograr asentar grupos en todo lo que es ingeniería –incluyendo informática–, logística, en el área agroalimentaria, en ambiente. Para todo esto necesitamos grupos en ciencias básicas, en matemática. Aún no tenemos los números, pero quiero recalcar que este punto es innegociable. El modelo de universidad que tenemos es este: con investigación y grupos radicados. No se puede dar cursos universitarios si no tenés grupos de investigación en las áreas donde querés enseñar.

Lo otro es cómo vamos a hacer para tener esos investigadores senior de alta dedicación en el Interior. Y ahí hay distintos aspectos clave. Uno tiene que ver con lo económico, con lo salarial, y lo otro tiene que ver con que estos investigadores vean que se les dan todas las condiciones para que puedan desarrollar sus investigaciones en esos lugares. A un investigador senior le interesa el dinero, pero le interesa más poder trabajar. Para eso se necesitan capacidades en materia de laboratorios, equipamientos, asistentes, etcétera. En el núcleo básico de investigadores de alta dedicación esto es innegociable. Si no hay disposición para alcanzar esto, a mi juicio no hay disposición para crear la Utec. Yo no me comprometería con otro modelo de universidad.
¿Salarialmente es viable la propuesta para los investigadores?
—Con respecto a lo salarial tenemos avances. Claramente es imposible tener un desarrollo universitario nuevo, con todos los perfiles que le queremos poner, con perfiles de alta dedicación, con vínculos con el sector productivo, con radicación y dedicación exclusiva, y ofrecer bajos salarios. Hemos hecho un estudio tomando en cuenta la escala salarial de la Udelar, Utu, formación docente, secundaria, y el sector privado. Como no queremos ser distorsivos, lo que estamos promoviendo es una política salarial que en su base esté alineada con el promedio del sector público y luego una serie de mecanismos de compensación que permitan lograr buenos ingresos.

¿Cuáles son esos mecanismos?

—Primero pagar por dedicación exclusiva. En segundo lugar pensamos ayudar en el proceso de radicación. Esto incluye partidas especiales para todos los trámites, acceso a vivienda, traslado, mudanza, etcétera. Pero también una compensación por arraigarse en un lugar que no te ofrece las condiciones de Montevideo. También incluye una política activa para ayudar a la inserción del núcleo familiar. Estas partidas no serán permanentes, pero sí serán importantes al inicio.

En tercer lugar nos interesa que nuestros investigadores, incluso los de dedicación exclusiva, estén vinculados al sector productivo. Tanto por lo que puedan generar en términos de proyectos, como de posibilidades de trabajo para los egresados y vinculación en general.

Y luego un componente de incentivos por resultados, tanto en el área de investigación como de docencia. Los resultados tienen que ser un componente del sueldo. En los casos de dedicación exclusiva no son incentivos que se incorporan al salario, sino que se paga puntualmente por un buen desempeño, y al otro año hay que ganárselo de vuelta.

Eso creo que clarifica bastante el tema de los sueldos. Y lo hemos discutido con la Udelar. Además creemos que el tema de los incentivos para la radicación de docentes de alta dedicación tiene que ser parte de una política general, sean docentes de la Utec, de formación docente, de la Udelar o de la Utu.
¿Cómo medirán el rendimiento?
—Hay una gama de parámetros clásicos: publicaciones en revistas arbitradas, innovaciones tecnológicas, proyectos, patentes… El perfil dominante no va a ser evaluar por publicaciones, sino más bien por patentes o desarrollos tecnológicos. De todos modos no existe el investigador que no publica, así que eso también va a pesar. Para nosotros es importante que haga buena investigación con alto contenido tecnológico. No hay una contradicción entre lo científico y lo tecnológico. Luego, por docencia se evaluarán propuestas de cursos, número de estudiantes, trabajo de director de proyecto, entre otros.
¿A nivel presupuestal tienen pensado presentar programas conjuntos con la Udelar o la Utu?
—Compartir recursos de alta dedicación puede ser un aspecto a incluir. El sistema de dedicación exclusiva lo estamos pensando muy similar al de dedicación total (DT) de la Udelar. En las áreas ambiental y agroalimentaria es clave el desarrollo que tiene la Udelar, y allí seguramente busquemos articulaciones. En la licenciatura en leche ya lo estamos haciendo con gente que tiene la DT en la Udelar, que trabaja con nosotros, y le pagamos a la Udelar por esas horas.

La articulación es clave en infraestructura. Por ejemplo el Itr de Rivera se va a instalar donde están la Utu, la Udelar y formación docente, con la lógica de un campus educativo. En el análisis que hicimos de la situación de Rivera, previo a definir el tercer Itr allí, la existencia de este campus polifuncional fue un tema que pesó para que nos decidiéramos.

La infraestructura es un tema clave, porque requiere grandes sumas. Las obras en el primer Itr, en Fray Bentos, seguramente arranquen este mes, y esperamos verlo concluido en diez meses. Para los dos Itr pretendemos un nivel de base común: unos 2 mil metros cuadrados, con instalaciones administrativas, aulas, laboratorios.

Luego lo otro, y dependiendo de las articulaciones que logremos, invertir en los lugares que compartamos. Ya lo hemos hecho en locales de Utu en Nueva Helvecia y Paysandú y en el liceo de Colonia Valdense, donde la Utec dicta clases.

Lo otro es que pensamos no depender solamente de recursos presupuestales. Existe una modalidad a explorar, de cátedra financiada por el sector empresarial. En el mundo está la experiencia de las “cátedras Ibm”. Podríamos pensar en una “cátedra Ancap” o una “cátedra Conaprole”. La idea es que el privado financie la conformación de un grupo de investigación. A cambio se beneficiaría, por ejemplo, de los desarrollos tecnológicos que hagamos. Estos que puse son ejemplos teóricos. Aún no hemos tomado contacto con nadie. Lo que tenemos claro es que no podemos poner todas las fichas a competir por recursos públicos.

Acuerdo con UPM

Este martes la Utec firmó un acuerdo de cooperación con la fábrica de celulosa Upm a partir del cual la compañía hizo una contribución de 4 millones de dólares para la construcción del edificio del primer Instituto Tecnológico Regional (Itr) de esa universidad en Fray Bentos, localidad donde está instalada Upm. Chilibroste dijo a Brecha que el monto equivale “aproximadamente al 70 por ciento del costo total de la obra”. Si bien no hay contrapartidas directas, el convenio dice que la Utec se compromete a generar oferta educativa en el área de mecatrónica (lo que la nueva universidad ya tenía encaminado, de hecho esta semana comenzaron las preinscripciones para el tecnólogo en esa especialidad).

 

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