“Es una banda maldita” - Brecha digital

“Es una banda maldita”

Acaba de editar “Sangre”, su quinto disco. Ocho canciones en las que confluyen las influencias que Hablan por la Espalda fue incorporando y asimilando en veinte años de carrera.

Hablan por la Espalda / Foto: Sebastián Baison

En Sangre, que se presenta hoy en Bluzz Live, están el espíritu hardcore de los comienzos, guitarras que cabalgan como sementales en estampida, rock, punk, post punk y psicodelia. Hay incluso guiños al heavy metal y hasta una balada que se acopla a las otras canciones sin sonar desencajada. Y está el candombe con el que sorprendieron a propios y extraños en Macumba, pero llevado un paso adelante hacia un sonido que cada vez más es identificable como propio de Hablan por la Espalda.

Sobre el disco y su presentación de esta noche, Brecha conversó con Fermín Solana, vocalista de la banda.

¿Por qué pasaron seis años entre Macumba y Sangre?

—El impacto de Macumba fue más grande que el de los discos anteriores. Nos llevó a otros ámbitos, nos posicionó en otro lugar. Eso hizo que el proceso se dilatara más de lo habitual. Llevó un tiempo, no fue una explosión de un día para el otro. La gente lo fue incorporando. En el medio estuvo Celebración, que nunca fue un disco que tocáramos mucho en vivo, pero ayudó a dilatar Macumba. Fue como un estiramiento. Todo eso hizo que la banda tocara mucho en vivo, y repercutió en que el proceso de componer fuera más largo. Los temas de Sangre tienen tres, cuatro años. Además, en lo personal tuve un período en el que me costó mucho componer, un bloqueo. La banda me esperó, y eso costó.

Lo otro fueron las condiciones en las que queríamos grabar este disco; más afinados, con todo mucho más procesado, y eso hizo que se requiriera mucho más ensayo, más edición. Hasta Macumba la banda se focalizaba más en el goce de tocar, cada uno gozarse con cada parte. Eso está todavía, pero más administrado. Ahora entendemos ese trance de otra manera. Capaz no hace falta que el tema tenga una colgadera de cinco minutos, sino que va en cómo lo toques, en cómo aproveches cada distancia del tema, para potenciarla. Sangre es más corto pero más rico.

Se preocuparon más por la canción…

—Sí. Logramos entender más la esencia de cada canción. En Macumba no había filtro. Un ejemplo son las percusiones. Eran como una metralleta, estaban todo el tiempo y a toda intensidad, y ahora es algo mucho más sutil, que aparece y desa-
parece. Eso pasa con todos los instrumentos. También con la voz. Sangre es un disco centrado en la voz, y en ese sentido es algo muy de canción. El resto, los arreglos, pasa por adornar cómo va la melodía, cómo va la voz.

¿Había una idea previa sobre cómo iba a ser Sangre?

—No, pero en un momento tomó forma, y estas ocho canciones decían lo que queríamos expresar. Todavía el disco no se llamaba Sangre, pero sí estaba clarísimo el concepto; ese camino a la redención del que habla “El himno del incendio”, todo ese viaje que hace parecer que el disco es como un solo tema largo, que una vez que entrás en “El himno…” te vas metiendo por recovecos hasta llegar a “La carga”. Cuando captamos que los ocho temas eran esos, quedó definido para dónde iba.

El nombre salió después, a raíz de discusiones y debates sobre qué es lo que más hay en el disco; cantando en los ensayos me di cuenta que la palabra que más aparece en las letras es “sangre”. Y si bien no fue una cosa de “busquemos un concepto, que tenga sentido”, fue natural. ¿Qué hay en este disco? Sangre. Es un disco de hermandad, de familia, un disco de sangre en el sentido de huevos, de garra, de lo que corre por las venas, del calor, de toda esa manifestación corporal de la música, y eso es un poco Hablan por la Espalda y su historia.

Queríamos hacer un disco que fuera un poco nuestro recorrido en estos veinte años, porque nos parecía que todos los caminos por los que pasamos, los estilos musicales, todo estaba bastante representado en estas canciones. Hay Hablan por la Espalda de todas las épocas y eso creo que es lo mejor del disco.

¿Para ustedes es el mejor disco de Hablan?

—La banda siempre se mantuvo fiel a lo mismo. Por eso es el mejor disco de Hablan por la Espalda. No es una banda que por el camino encontró una cosa nueva distinta a la anterior. Ni siquiera con Macumba y el candombe cambiamos tanto. Fue el curso natural. Toda la vida escuchamos Fela Kuti, por ejemplo, desde mucho antes del candombe. Lo del candombe entonces es natural en el sentido de que toda la vida escuchaste Black Sabbath y descubriste a Días de Blues, y encontraste un representante cercano con el cual te asociabas porque es montevideano, compartís una ciudad y te entendés al toque. Con el candombe fue lo mismo: después de toda la experimentación del afro-beat, de escuchar un montón de bandas y músicos que usaban las percusiones, en un momento capaz entendiste que el sonido de esos tambores en la esquina de tu casa es muy parecido a lo que estabas escuchando en vinilo un rato antes. Me parece que eso sí es como una madurez. La madurez no me interesa en el sentido de estar tocando más prolijo, sino aceptar, entender la cercanía, entender que alrededor tuyo y en donde vos vivís hay manifestaciones musicales muy similares, en el espíritu y todo, a aquellas que siempre idealizaste porque venían de África o de Estados Unidos o de Inglaterra. Acá siempre se hizo mucha música, hay mucha tradición y mucha cultura musical. La madurez nuestra fue entender eso, y liberar el contenido de nuestra música para que pudieran entrar esas influencias.

Dijiste en una entrevista que no hay lugar para diferenciar qué es Hablan por la Espalda y qué no, en la vida de ustedes.

—Es que la banda está tan metida en nuestra vida y en la vida de nuestras personas más cercanas que ya no es ni un laburo ni un hobby, ni siquiera es tomado como una actividad para expresarse, como quien va a un taller de literatura. Hablan por la Espalda es todos los días; es un porcentaje gigante de la vida nuestra. Y eso también se fue dando solo; no hubo momentos donde pensáramos dejar la banda. Está toda la vida y además está Hablan por la Espalda, que sigue, que ensaya, que te da disgustos, te da alegrías, que te genera amigos, viajes, amor. Capaz que los momentos más emocionantes de nuestras vidas están acá. Hablan por la Espalda alberga ilusiones. Tiene eso de que no sabés qué puede pasar con tu vida porque estás en Hablan por la Espalda. Le da como el toque de incertidumbre a la vida. Es una banda que te come, que está dentro tuyo, que es intensa, que es jodida. Si tengo que pensar de qué lado está Hablan por la Espalda, yo creo que estamos más cerca de ser una banda maldita que una banda bendita. Al ser una banda maldita hemos visto cosas jodidas; hemos perdido integrantes en el camino.

¿Qué tendría que esperar de un show de Hablan por la Espalda alguien que nunca los vio en vivo?

—Sobre todo una banda y un grupo de personas muy consustanciados, que se toma muy a pecho lo que está diciendo, lo que está manifestando. Lo que va a ver será una descarga bastante brutal, en el sentido de que Hablan por la Espalda es como un vómito. Es frontal, y es como la catarsis que hacemos en el escenario. No hay medias tintas. Eso está desde que empezamos. La banda en vivo es como el ritual, es lo que estamos esperando. Y busca compartir eso tirándoselo en la cara a todos, que es nuestra manera de compartir. Buscamos que la gente entre en una comunión con nosotros, que entre en el mismo viaje que nosotros. Sin eso no es Hablan por la Espalda. Si vas a un toque nuestro por primera vez, ojalá que se te vuele la mente en tres mil pedazos y al otro día no te acuerdes de nada, que es lo que nos pasa a nosotros sobre el escenario. Eso es la droga de Hablan por la Espalda, que nos mantiene tocando todo este tiempo. Es adictivo lo que te provoca estar arriba del escenario con estos seis muchachos y la gente. Eso es lo que se va a encontrar.

1. Sangre puede descargarse en (www.hablanporlaespalda.bandcamp.com). Disponible también en CD y próximamente en LP.

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Sangre, fútbol y barras

—Yo me tomo en serio, como una expresión musical, las canciones de las barras. Además de escuchar música, escucho a diario canciones de barras. Me parece una manifestación increíble, popular; sobre todo lo que hacen los argentinos, porque hay que ser justos: ellos son los creadores del lenguaje barrabrava en español. Soy socio de Nacional desde chico y voy a la cancha desde que tengo noción, y siempre me pareció una expresión gloriosa del vandalismo y de la marginalidad. Es increíble que en un lugar público haya 300 o 500 tipos o más, cantando que quieren matar a un policía o a uno de otro equipo. Me gusta eso. Vos estás cantando las canciones de tu equipo, pero además estás cantando y estás escuchando coros y gente desaforada, realmente dando todo de sí, de unas canciones que son de amor pero también de odio. Y a mí el lugar del odio en la música siempre me cautivó. Me gusta el lado oscuro, ilegal, tránsfuga. Y las barras tienen eso, que es como contra todo: contra el rival, contra la policía, contra el periodismo, contra los dirigentes. Me parece como punk rock. Canto mucho eso todo el día y alguna vez iba a caer en la música que hago. Tenía que pasar.

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