PARA SALIR DE LA CRISIS, ESTADOS UNIDOS AUMENTA LOS IMPUESTOS A LOS RICOS

Retorno progresista

Con más gravámenes a millonarios y grandes empresas, el gobierno de Joe Biden aprovecha la leve mayoría demócrata en el Congreso para financiar parte de un inédito incremento del gasto público.

El presidente de EEUU, Joe Biden, el 6 de agosto en la Casa Blanca, Washington Afp, Saul Loeb

El martes, con el apoyo de 19 republicanos, el Senado de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley de infraestructura que asigna alrededor de 1,2 billones de dólares para la construcción y la reparación de puentes, puertos, aeropuertos, redes de electricidad, energía alternativa y cientos de otros programas. El miércoles de madrugada, sin un solo voto republicano, la Cámara Alta aprobó iniciar el debate sobre un presupuesto de 3,5 billones de dólares que, en una expansión tremenda del papel del gobierno federal, asigna fondos a jardines de infantes para todas las familias, permite la gratuidad de dos años de estudios universitarios, contempla incentivos impositivos para fuentes de energía alternativas, amplía el programa Medicare y otorga muchos otros beneficios sociales.

Todo ello permanece dentro de la puja legislativa en un mes en el que los legisladores suelen irse de vacaciones. La Cámara de Representantes debe tomar ahora el proyecto de ley de infraestructura, pero el segmento izquierdista del Partido Demócrata condiciona su apoyo a la inclusión de más dinero para más programas, incluida la legalización de 11 millones de inmigrantes indocumentados. Los republicanos, por supuesto, se oponen al presupuesto y el jefe de la minoría en el Senado, Mitch McConnell, de Kentucky, alertó: «Los demócratas quieren dar otro paso jugando a la ruleta rusa con nuestro país. Lo que nuestros colegas proponen y planifican es absolutamente espantoso. Esta locura de impuestos y gastos es algo nunca visto». Por su parte, el jefe de la mayoría demócrata en la Cámara Alta, Chuck Schumer, de Nueva York, afirmó: «Los demócratas han dado un gran paso hacia el restablecimiento de la clase media en el siglo XXI. Lo que estamos haciendo aquí no es fácil. Los demócratas han bregado por meses para llegar a este punto. Pero puedo decir con absoluta certidumbre que valdrá la pena completarlo».

IMPUESTOS Y MÁS IMPUESTOS

Sea cual sea el resultado de este proceso legislativo, lo notable es el retorno de Estados Unidos a la noción de un sistema impositivo «progresista». La denominación emergió a principios del siglo XX, cuando el entonces presidente (republicano), Theodore Roosevelt, se trenzó en una pulseada con los monopolios y buscó atenuar la brecha creciente entre ricos y pobres. Parte de su solución fue establecer un sistema de impuestos que incrementaba los tributos a la par que las fortunas. También fue «progresista» la política conocida como New Deal, con la cual el sobrino de Roosevelt, el presidente demócrata Franklin D. Roosevelt, encaró la Gran Depresión, sembrando el país de programas de empleo, infraestructura, subsidios a las artes y movilización nacional. En ambos casos, los sectores conservadores y de derecha calificaron esas políticas como autoritarias, socialistas, comunistas. Y las quejas suenan parecidas hoy.

Los principales cambios del esquema impositivo en el presupuesto para el año fiscal 2022, que comienza el 1 de octubre (en menos de 50 días), incluyen un aumento de la tasa impositiva federal para las grandes corporaciones del 21 al 28 por ciento. Asimismo, las grandes corporaciones verán un incremento del 10,5 al 21 por ciento –calculado sobre la base de país por país– del impuesto llamado renta intangible global con bajos impuestos. Además, el nuevo presupuesto elimina la exención del primer 10 por ciento de ganancia sobre la inversión exterior calificada en activos de negocios.

Otra propuesta elimina la deducción por ingresos intangibles derivados de ventas en el exterior de productos relacionados con la propiedad intelectual. Esta deducción actualmente se aplica cuando una compañía estadounidense que tiene derechos de patentes o marcas registradas en Estados Unidos hace ventas a clientes en el exterior sustentadas en esos derechos de propiedad intelectual, en cuyo caso las ventas están sujetas a una tasa impositiva más baja.

El plan estipula un impuesto mínimo del 15 por ciento sobre el ingreso contable mundial, previo a los impuestos, para empresas con ingresos netos de más de 2.000 millones de dólares. El ingreso contable es el ingreso del que las empresas dan cuenta públicamente en sus informes a los accionistas. Esta es una medida útil para evaluar la condición financiera de una compañía, pero a menudo no refleja la realidad económica y puede resultar en que una empresa aparezca como lucrativa al tiempo que paga poco o nada de impuestos sobre sus ingresos.

Eso no es todo. El plan aumenta los impuestos sobre los ingresos en el exterior vinculados a los combustibles fósiles, restringe las deducciones por pagos domésticos de interés y da prioridad a las «energías limpias», cancelando las preferencias impositivas para los combustibles fósiles. Además, la propuesta sube del 37 al 39,6 por ciento el impuesto sobre los ingresos de individuos que ganan más de 452.700 dólares al año y las parejas que ganan más de 509.300 dólares anuales. Se aplica el impuesto a las ganancias por inversiones de largo plazo como si fuesen ingreso común para los contribuyentes con ingresos de más de 1 millón de dólares anuales, lo cual resulta en una tasa impositiva del 43,4 por ciento para estos afortunados.

REDISTRIBUCIÓN Y CAPITALISMO

En el área de repartos, la propuesta de Joe Biden extiende hasta 2025 el llamado crédito impositivo infantil, algo parecido a la asignación familiar, que provee una deducción de los impuestos de 3.600 dólares por cada niño menor de 6 años y de 3 mil dólares para los menores de hasta 17 años de edad. También rebaja de forma gradual hasta un 5 por ciento la tasa imponible para jefes de hogar que ganan menos de 112.500 dólares o parejas que ganan menos de 150 mil dólares al año. En un país donde decenas de millones de personas obtienen su seguro médico por medio del empleador, la propuesta de Biden incrementa la deducción empresarial en sus impuestos.

Otras estipulaciones del plan tributario atienden a la realidad del mercado laboral, que en décadas recientes ha eliminado millones de empleos que contaban con un sueldo fijo y normas laborales reguladas por ley. Esa eliminación de empleos ha empujado a decenas de millones de personas a la economía de la changa, los subcontratos, el trabajo independiente, el llamado emprendimiento. Estos hombres y mujeres no cuentan con beneficios tales como la licencia por enfermedad o maternidad, las vacaciones pagas y la compensación por horas extra. Pero bajo las normas impositivas actuales han de pagar impuestos tanto por ser trabajadores como por ser empresarios.

El golpe de timón en la política económica de Estados Unidos, después de décadas de «libremercadismo» y antiestatismo, es el resultado de los vapuleos que en años recientes ha tenido la reputación del capitalismo. Una encuesta de 2019 del Centro Pew mostró que el 43 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión negativa del capitalismo y que el 42 por ciento tiene ahora una versión más favorable del socialismo. Los millennials y la llamada generación Z, en particular, simpatizan con las políticas socialistas y no están contagiados por su asociación negativa al comunismo, aversión muy notable en las generaciones anteriores.

Roger Martin es un profesor emérito en la Escuela de Administración de Empresas en la Universidad de Toronto y un asesor muy apreciado de ejecutivos de compañías como Procter & Gamble, Lego y Ford. En una entrevista reciente para Chief Executive Group, una publicación destinada a CEO y ejecutivos senior, dijo que el capitalismo «tiene un problema real». «Históricamente, Estados Unidos prosperó porque durante 200 años, en la gran mayoría de esos años, la familia promedio prosperó. Cuando esto ocurría, la democracia y el capitalismo eran gemelos bonitos, ¿verdad? Porque la parte capitalista de esa dupla producía una situación que se ganaba el apoyo de la mayoría. Perpetuó y creció, y puede argumentarse que nos convertimos en el país más exitoso en el planeta», añadió. «Desde entonces, ese proceso se ha frenado de manera tan significativa que la familia promedio en Estados Unidos no cree que el capitalismo la beneficie. Y, en cierta medida, está en lo correcto. Mientras que el ingreso familiar promedio antes se duplicaba en el período de una generación, al ritmo actual se precisa un siglo para que se duplique», continuó.

En la frase común en Estados Unidos, se trata ahora de salvar al capitalismo de sí mismo. O, con más precisión, de su versión según la cual la acumulación de riqueza en manos de los más ricos traerá prosperidad para todos y todo lo que se necesita es que los menos afortunados trabajen más.

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