«Estoy en el mundo porque estoy escribiendo» - Brecha digital
Con Agustín Lucas, poeta y gestor cultural

«Estoy en el mundo porque estoy escribiendo»

Agustín es un pibe de barrio, un uruguayo futbolero, tiene el pelo revuelto y a la entrevista llegó en bicicleta. Además de escribir, da talleres y se siente un promotor de la poesía, ese género tan «bastardeado», como lo llamó una vez.

Mauricio Zina

«Más acá de los mundos» es una frase tomada del poema «Vida» de Delmira Agustini, y un ciclo de poesía que se viene dando mensualmente desde febrero. Y será, además, a partir de mayo, el nombre de una escuela de poesía que abre sus puertas en el teatro Solís, en la que participarán como talleristas más de diez reconocidos poetas. Agustín Lucas es el coordinador de la escuela. Los talleres se brindarán cuatro veces por mes hasta noviembre, completando siete módulos. Las inscripciones están abiertas.

Según explica Agustín, la idea era establecer algo fijo y anual sobre poesía en el Solís. Las temáticas han ido variando, y la curaduría y la selección de quienes participan en los ciclos han sido su responsabilidad. El primero tuvo lugar en febrero, con entradas agotadas. Se llamó Versos de Verano, y participaron Vivianne, Pabloski, Juan Pablo di Lenarda y Richieri Solo. «La primera fue de apertura, y ahí siempre apelo a los amigos poetas que sé que siempre están», explicó Agustín. Y agregó: «Tienen trabajo de calidad y además se pueden bancar los problemas que puede haber en un arranque cualquiera».

La grilla de la segunda fecha, por ser en marzo, fue exclusiva de poetas mujeres. En Cuentas del Fuego se presentaron Leonor Courtoisie, Mariana Olivera, Regina Ramos y Gabriela Escobar, también con entradas agotadas. El tercer encuentro es el 17 de abril y se llama Fronteras. Estarán involucradas personas extranjeras que recitan en español o en su idioma original, mezclando ambas lenguas. «Vamos a explorar las distintas formas de decir la poesía», afirmó Agustín.

«La idea es desembarcar en el teatro Solís y no hace falta describir lo que eso significa para Uruguay, para Montevideo, para la cultura y para el arte, con un género que siempre está como en la oscuridad o en los márgenes», afirmó. Mencionó poetas uruguayos y francouruguayos, no tan presentes en lo cotidiano, como Isidore Lucien Ducasse –más conocido como conde de Lautréamont– y Jules Supervielle, que han sido de gran importancia para nuestra cultura literaria. En palabras de Agustín: «Son poetas que han marcado una línea de trabajo y que han dejado mojones, desde la existencia de Amarillo, un lugar donde existieron un montón de performances y eventos artísticos, hasta la existencia de la Ronda de Poetas y de Caramelos y Pimientos (ciclo de poesía y tertulias que se lleva adelante desde 1996 entre Buenos Aires y Montevideo), como focos que llaman la atención y que nos animan a seguir trabajando en la línea de la difusión y la performance».

Sobre la respuesta de la gente a los dos primeros encuentros de Más Acá de los Mundos y las expectativas del comienzo de los talleres en mayo, Agustín contó que, si bien concurre gente que es asidua a ver y escuchar poesía, también se hace presente otra gente que no. Existe cierta incertidumbre por esta nueva «pata de formación» que va a conllevar la escuela de poesía: «Hay que ver qué tipo de convocatoria se genera. De alguna manera es diferente al ciclo, pero son instancias que se retroalimentan, ya que van a estar ocurriendo en el mismo espacio físico».

Para Agustín, la poesía no es de las actividades que atraen o llaman más gente, pero sí «una manifestación artística que surge de los barrios, de los márgenes, de los dolores de los poetas que escriben y de sus alegrías», y es una manifestación que retrata y registra la cultura popular montevideana y uruguaya. La idea es que tanto el ciclo como la escuela de poesía se sucedan en paralelo y culminen con un espectáculo poético performático en la sala Zabala Muniz, con todas las personas que participaron. Además, se publicará un libro con el registro de las creaciones.

En una oportunidad hablamos de su vida, de lo que era trabajar como coordinador en el Club Villa Española, de su blog Tapones de Fierro, de sus crónicas deportivas en el suplemento deportivo Túnel y de los textos publicados en la página independiente Lástima a Nadie, Maestro, que hoy componen El bar de los pájaros, su último libro, publicado a comienzos de este año. Hace dos años, hablando de estos mismos textos, me dijo: «Es el vínculo más estrecho que he tenido con la literatura».

¿Cómo se conjugaron los libros, la poesía y el fútbol? No es el primer uruguayo que lo intenta: ahí están Eduardo Galeano y Mario Benedetti. Para Agustín, que estos grandes nombres se hayan ocupado del tema no es coincidencia, porque el hecho de haber nacido acá, en Uruguay, te marca de por vida: «Aunque estés en una negación total, aunque no te guste mirarlo, aunque nunca hayas jugado, de alguna manera el fútbol va a entrar en tu vida, en algún momento te vas a ver involucrado». Además de eso, cuenta que en su casa siempre hubo libros, al igual que en su vida siempre hubo fútbol. Su primer libro lo publicó en una editorial independiente cuando tenía 21 años. Luego estuvo vinculado al proyecto Nada Crece a la Sombra, que promovía el deporte en los centros penitenciarios para, entre otras cosas, reducir la violencia y promover la reducción de delitos. No sabe si es posible responder «cuándo empezó a escribir», pero sí reconoce que «si hay una herramienta real que sirva para escribir es leer, no hay otra».

En el vestuario del Club Villa Española, donde trabaja, tienen una biblioteca. De la relación entre las personas y los libros opina: «Hay un cierto permiso ya implícito: si no lo tenés arriba de la mesa, lo sentís como un mundo que no te pertenece. Pero si se vuelve algo más cotidiano, te genera otro tipo de intriga». Aunque Agustín ya no juega al fútbol, su mundo está ligado a este deporte de por vida. Y él espera que así sea.

«Y de repente lo que escribís es una mierda –afirmó con una sonrisa–, pero a veces a la gente le gusta esa mierda. Son cosas de uno, está todo el ego metido ahí. Cuando se escribe, se entra en un lugar que no tiene que ver con lo literario, ni con el periodismo, ni con la plenitud, ni con lo sideral o la inspiración. Cuando se escribe, es un momento en que se está en el mundo, estás en el pasado, el presente y el futuro, en ninguno o en todos mezclados. Pero estás ahí. Estoy en el mundo porque estoy escribiendo.»

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