Explosión, familia, velocidad – Brecha digital

Explosión, familia, velocidad

“Rápidos y furiosos 7” busca legitimar su condición de clásico. Es que para una generación de espectadores la franquicia que tuvo su primera entrega en 2001, lo es. c

Rápidos y furiosos 7

Viernes santo, media tarde. La boletería se mueve a buen ritmo pero nadie pecha a nadie. Mientras me pregunta qué asiento prefiero, le hago rápido algunas preguntas al empleado. Parece que las funciones de los dos primeros días estuvieron repletas. Que a las proyecciones de la película doblada al español va el doble de gente que a la única copia que ese complejo exhibe en idioma original y subtitulada. Mientras termino el trámite miro el poster replicado en una pantalla. Está en un color tan tenue que a golpe de vista luce en blanco y negro. La imagen tiene a Vin Diesel cabizbajo, abatido, enfrentado a un Paul Walker que tiene la mirada perdida. No sólo hace explícita la despedida a Walker, fallecido a fines de 2013 en un accidente de tránsito (un dato que sugiere más una simetría que una paradoja), sino que busca legitimar su condición de clásico. Es que para una generación de espectadores la franquicia que tuvo su primera entrega en 2001, lo es. Y eso que no está inspirada en un bestseller adolescente ni fue en principio anunciada como “trilogía”. Los seguidores más ávidos de acción motorizada, los que respondieron a la chance de la preventa de entradas (un fenómeno extendido al resto del continente) no van disfrazados de Toretto (Diesel) o Brian O’Connor (Walker) ni se juntan en un club de fans de Rápido y furioso filial Uruguay. Una búsqueda rápida en Google arroja que en Facebook hay alguna comunidad virtual que busca congregar a los fanáticos de la serie: ninguna llega a 200 likes. La adhesión, concluyo, es más a fuerza de genuina empatía que de marketing.

Camino a una de las salas que no proyectan en 3-D preguntándome por qué debí aclararlo en boletería, y por qué el empleado dio por sentado que querría ponerme los incomodísimos lentes, pero ya sé la respuesta. Busco la fila de asientos mirando al resto de la concurrencia. Mucho gurí chico acompañado de padres o hermanos mayores aunque la calificación indica que la película es apta para mayores de 12 años. En el trailer de un próximo estreno Liam Neeson (que en el imaginario cinéfilo tiene más prestigio que Vin Diesel) hace por enésima vez de matón y se carga a unos veintitrés en 2 minutos y fracción.

Comienza la película. Está en español. No me metí en la sala equivocada: nunca aclaré que quería verla en idioma original porque para mí esa es la opción lógica. Me cambio de sala, rápido y furioso. Vi aparecer al villano Jason Statham en español –en un prólogo veloz que ubica rápido las fichas en el tablero– y ahora lo veo detonar una bomba en inglés. Deckard Shaw (Statham) se metió con los Toretto, con la famiglia, como había prometido en su breve aparición de Rápidos y furiosos 6. Porque no hay velocidad o explosiones que valgan, ésta es una película (otra) sobre lo sagrado del núcleo que el macho alfa (sin ironía, así lo nombran en una escena), Toretto, considera los suyos. Y ese núcleo hoy tiene un integrante menos.

PAUL IS DEAD. Walker, que interpretó al ex detective Brian O’Connor a lo largo de la franquicia, murió a mitad de rodaje de Rápidos y furiosos 7. Vale reconocer la pericia del director James Wan, del guionista estable Chris Morgan (lo ha sido de la tercera entrega en adelante) y del resto del elenco para que esto no afecte la narración y hacer que actor y personaje tengan una digna –y emotiva– despedida. Para reforzar el sustento familiar del asunto, dos hermanos Walker se prestaron para doblar algunas escenas previstas para el personaje. El resto se logró con un hábil montaje que incluyó escenas descartadas de películas anteriores y los trucos a fuerza de Cgi. A esta altura cabe preguntarse si el universo alrededor de este producto es más atractivo que su propia trama, pero ocurre que en este caso resultan indivisibles. Comienza la acción. Al mencionado regreso del letal Shaw buscando vengar a su hermano hay que sumarle al carismático Kurt Russell como un agente del que sabremos poco y nada salvo que responde a un poder mayor y que introduce el tercer elemento de conflicto: una hacker que creó un aparato de rastreo global de lo más perverso que se transforma en un medio noble si está en las manos correctas, sean las del gobierno estadounidense o las de Toretto. Pero está en las manos equivocadas, que tienen forma de una organización terrorista de la que tampoco sabremos mucho porque son los malos y porque tampoco importa tanto. Los cazadores van siendo cazados y luego se invierten los papeles. Todo es una gran excusa para ir cambiando de escenario y desplegando algunas secuencias de acción y persecuciones espectaculares. Que cinco autos se precipiten al vacío con paracaídas desde un avión en pleno vuelo sobre los montes de Azerbaiyán es tan disfrutable que hace celebrar el arte de lo inverosímil que puede ser el cine de entretenimiento. El guión, en tanto, se ocupa de recordarnos que será la última misión de Paul Walker/Brian y de que lo importante sigue siendo la familia.

SE VIENE LA 8. Vin Diesel –en calidad de estrella y productor asociado– ha dicho que esta película debería ganar el Oscar a mejor película para volver realmente relevantes a los alicaídos premios de la Academia de artes y ciencias. Lo desafiante de la sentencia suena a otra línea de un guión lleno de ellas. Abundan los “no fallaré”, los “sabes qué hacer” y el delicioso recurso simétrico de reutilizar frases dichas en equis situación al comienzo de la película para su remate una hora después. Rápidos y furiosos 7 tiene una clara intención de ganar por cansancio, por acumulación de recursos. El asunto pierde tensión real en tanto se vuelve un tenedor libre de recursos explotados al máximo y en paralelo. La climática batalla final se da por aire, tierra y en las redes. Eso sí: como Toretto es un hombre de tradiciones saca del garage su Dodge Charger (auto icónico de las series y películas de carretera) acondicionado para darse de bomba contra vehículos blindados con armamento militar. Encarnando los códigos de un hombre de bien, le plantea a Statham tener una pelea callejera mientras en las avenidas de Los Angeles un helicóptero dispara misiles a coches que realizan destrezas para esquivarlos. La resolución de esta historia se verá en la octava entrega (ya anunciada) aunque este round lo ganen los buenos. No es más divertida que las dos anteriores (y de existir un Oscar específico al noble cine de acción difícil lo gane en un 2015 que prevée el regreso de Misión imposible y del Agente 007) pero se esfuerza por lograrlo. Los últimos minutos son para que Diesel/Toretto y el equipo se despidan de su amigo en un logrado clip final que arranca el espontáneo aplauso –y lágrimas, por qué no– en la platea: misión cumplida.

Salgo del cine, ya anochecía. La fila de la boletería ocupa todo el hall.

Artículos relacionados